"Ser progresista nunca se acaba, es agotador"
La gráfica descripción de Marc Giró sobre lo "agotador" que es ser de izquierdas: "Ya estáis los mariquitas, las bolleras, ahora, lo colonial..."
"Ser progresista nunca se acaba, es agotador. Tengo misericordia y entiendo la gente que se hace facha o de derechas porque es comodísimo", comenta entre risas Marc Giró en Lo de Évole. Y es que lo de tener la certeza de que las manzanas son manzanas y las peras, peras "relaja muchísimo".

"Esto de ser progresista o de izquierdas, nunca se acaba, es agotador. Es agotador", recalca Marc Giró. El cómico, recién incorporado a laSexta, donde próximamente estrenará Cara al Show, es el protagonista de la entrega de hoy de Lo de Évole.
Durante la entrevista, se abre como pocas veces para hablar de su infancia, su ideología política y su salida de TVE. Tras reflexionar sobre el género -y reconocer que ni la feminidad ni la masculinidad terminan de encajarle-, introduce también la mirada de sus "compañeras travestis de América del Sur", que critican que aquí son todas "unas europeas blanquitas, rubitas y unas 'queer', gilipollas". Y Giró, con honestidad, admite que cree que tienen razón.
Desde esa posición, y definiéndose como alguien con "misericordia", asegura que entiende "a la gente que se hace facha o se hace de ultraderecha, porque es comodísimo". "Porque, chica, las manzanas son manzanas, las peras son peras, las uvas son uvas, de aquí para aquí es lo tuyo, de aquí para aquí lo mío, tanto tienes, tanto vales... Mierdas de estas, está clarísimo. Entonces eso relaja muchísimo", explica, fiel a su forma de abordar asuntos complejos con ironía y agudeza.
"Resulta que las cosas no funcionan así"
"Tú eres un señorcito, te comportas así y ya verás qué bien. Y ahora te voy a poner a ti un lazo rosa y tira, que te vas. Claro, yo lo entiendo", insiste. Sin embargo, matiza inmediatamente: "Resulta que las cosas no funcionan así".
Y es que, en su opinión, el espacio público progresista está en constante expansión. Siempre hay nuevas realidades que incorporar: "Ah, bueno, mira, qué bien. Ya las mujeres pueden votar, más o menos está todo ya organizadito, el feminismo ya está", pero ese supuesto punto de llegada no es más que el comienzo.
"Luego llegan las mariconas. Hay que mover la silla, porque ahora llegan las mariquitas, que también resulta que tienen sus cositas. Hostia, las bolleras. No contábamos con esto. Venga, vamos apartando las cosas para que entren las bolleras también. Venga, ya está. Cada vez se ensancha, el espacio", relata con una imagen muy gráfica. "Esto es agotador", reconoce.
A esa lista se suman después "las veganas" y más tarde "las bisexuales". "Que además, bisexual es tu padre, que te lo dijo el día de Navidad", bromea. "Lo de la izquierda es un curro que te cagas", concluye, subrayando el esfuerzo constante que, a su juicio, implica.
Pero el proceso no se detiene ahí: "¡Las negras!". "¿Cómo? Pero si nosotras ya estamos aquí con unas mariquitas, unas bolleras, a esta señora la hemos dejado votar, las mujeres pueden salir a la calle sin permiso de su marido, los hombres. Ya mi marido ha cambiado un pañal. ¿Ahora las negras también? 'Sí, sí, es que son ustedes antirracistas'. Bueno, venga, antirracistas. Y entonces otra vez. La negra, la otra, la otra, la otra, lo colonial", desarrolla. "Lo colonial. Que ese es el tema que tenemos ahora entre manos, porque nosotros somos unas pedazo de racistas", remata.
En ese contexto, apunta que la "buena noticia" es que todo está conectado. "Gracias al primer feminismo, nosotros, nosotras, nosotres, nosotris, to, te, ti, tú, sabemos que puedes en el espacio público decir: 'Oiga, es que me está usted chafando. Me está usted chafando, quite la bota de mi cara'", concluye, escenificando incluso el gesto.
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