El club de lectura terapéutico
Marc Giró está haciéndose "rica a base de traumas": "Los tengo desde la infancia a porrillos y ahora es la época de rentabilizarlos"
Jordi Évole da la bienvenida a laSexta a Marc Giró y lo hace con una entrevista personal e íntima en la que el presentador de Cara al Show habla de su propia experiencia vital como nunca antes.

El nuevo doble programa de Lo de Évole arranca con una escena poco habitual en televisión: Marc Giró llega antes que nadie a su club de lectura y se pone a colocar sillas mientras suena música clásica. "Fíjate, una estrella de la televisión colocando las sillas. No te puedes relajar", comenta entre risas, en una apertura que ya marca el tono cercano y 'autoirónico' del espacio.
Poco a poco, sus compañeras -y algún compañero- van entrando. "¡Cariñas! ¡Hola! Pasad", saluda Giró, que ha preparado cuidadosamente el encuentro. El libro elegido es Místicas, de Begoña Méndez, y el debate arranca con una pregunta: si la mística "nace o se hace". A partir de ahí, la conversación fluye entre reflexiones sobre espiritualidad, identidad y feminidad, con referencias que van desde Fiódor Dostoyevski hasta Santa Teresa de Jesús, cuyo éxtasis es descrito con humor como "un orgasmo de toda la vida".
"Las mujeres son las que van a salvar al mundo"
El encuentro se ve interrumpido por la llegada tardía de Jordi Évole, que entra disculpándose: no solo llega con retraso, sino que tampoco ha tenido tiempo de leer el libro. Una situación que el propio Giró normaliza: "Eso pasa mucho en los clubes de lectura". La conversación deriva entonces hacia el fichaje del presentador por laSexta, que llegará muy pronto a esta cadena de Atresmedia con su Cara al Show.
La dinámica del club, según Giró, tiene un componente casi terapéutico: "Haces una cosa socrática, que es escuchar al otro". Una idea que conecta con su propia experiencia personal, ya que lleva dos años participando regularmente en estos encuentros. Sin embargo, lanza una crítica clara: la escasa presencia masculina. "¿Dónde estáis los hombres?", se pregunta. "Las mujeres son las que van a salvar al mundo", sentencia.
Más allá del tono distendido, el programa deja momentos de confesión personal. Giró habla de su relación con la lectura en clave familiar, marcada por la figura de su padre y su insistencia con un escritor en concreto. "Mi padre estuvo sin hablarme muchísimos años. Lo único que me decía era si me había leído a Josep Pla", recuerda. No fue hasta los 26 años cuando pudo responder afirmativamente: "Ahí empecé a hablar con mi padre, a los 26". La anécdota culmina con humor: "Yo leo para que me quieran mis papás".
Ese mismo tono atraviesa otra de sus confesiones más comentadas: su relación con la terapia. "He dejado de ir al psicólogo y al psiquiatra porque no me quiero curar, esto lo voy a monetizar", afirma, en lo que define como una forma de rentabilizar sus traumas. "Me estoy haciendo rica a base de traumas", añade, subiéndose al carro de esta época: el de sacar provecho económico de las malas experiencias del pasado.
El test de los conejos y el niño lelo
Uno de los momentos más cómicos -y reveladores- de este inicio de programa llega cuando Marc Giró profundiza en el llamado "test de los conejos", una prueba psicológica muy habitual en los años 80 que, según cuenta, marcó su infancia.
A sus 52 años, Marc explica que, de niño, pasó por numerosos psicólogos, algo que en aquella época solía implicar enfrentarse a tests estandarizados con ejercicios repetitivos y preguntas aparentemente inocentes. Entre ellos, menciona ese cuestionario concreto: "Dos conejos van a no sé qué..." El problema -o la trampa- es que, tras repetirlo tantas veces, dejó de ser una herramienta de evaluación para convertirse en un ejercicio de memoria.
"Yo ese test lo hice tanto [...] que ya, al psicólogo número 15, me lo sabía de memoria", relata. El resultado: puntuaciones que indicaban que era superdotado.
Sin embargo, su madre no se dejó convencer por el diagnóstico. Frente a la conclusión de la psicóloga, respondió con contundencia: "No, no. ¿Le ha hecho el test de los conejos? Es que ese test se lo sabe el chaval perfectamente". Y remató con una frase que Giró recuerda como una de las más definitorias de su infancia: "Le digo yo que el niño es lelo".
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