Anatomía de...
Anatomía de los Goya del 'No a la guerra' y el 'gol' de los actores al Gobierno de Aznar: "Fue encender la mecha de una traca"
El contextoAlberto San Juan -quien fuera presentador de la gala- junto a Juan Diego Botto, María Barranco, Joaquim Oristrell y otras personalidades relevantes del mundo del cine relatan cómo se gestó la protesta del 'no a la guerra' de los Goya de 2003, los más reivindicativos de la historia.

La noche del 1 de febrero de 2003, los Premios Goya dejaron de ser únicamente una celebración del cine español para convertirse en uno de los episodios políticos y culturales más recordados de la democracia. Hoy, 23 años más tarde, Anatomía de... viaja en el tiempo hasta aquella gala del 'No a la guerra', el reflejo de una indignación social que llevaba meses creciendo contra el apoyo del Gobierno de José María Aznar a la invasión de Irak y que hizo historia en España.
Al frente de aquella ceremonia estaban Alberto San Juan y Guillermo Toledo. Su elección no fue casual. Ambos atravesaban un momento de enorme popularidad gracias al éxito de 'El otro lado de la cama' y formaban parte de 'Animalario', una compañía teatral irreverente que ya había demostrado su capacidad para mezclar humor, sátira y crítica social.
Según recuerda Joaquim Oristrell, vicepresidente de la Academia de Cine entre 2000 y 2003, el encargo llegó a los actores después de que Ernesto Alterio se descolgara de la presentación. "Tardaron mucho en contestar. Eran cabezas locas, jóvenes". Alberto San Juan lo resume con una sonrisa: "Decíamos que sí a todo, yo creo".
Por ello, San Juan rechaza la imagen de militantes políticos que años después se proyectó sobre ellos: "No éramos activistas políticos, sino dos comicuchos".
El contexto social entonces era explosivo. La fotografía de Aznar junto a George W. Bush y Tony Blair simbolizaba un posicionamiento que chocaba frontalmente con la opinión pública. Juan Diego Botto rememora aquellos meses como un momento de movilización excepcional.
"Era una guerra injusta, ilegal, innecesaria, inútil que no cumplía más objetivos que los imperialistas de EEUU en la época". Muchos actores se implicaron personalmente para intentar frenarla. "Creímos que era evitable, que si nos esforzábamos, podríamos pararla", recuerda Botto. María Barranco comparte aquella sensación de ingenuidad colectiva: "Éramos unos ilusos, creíamos que la guerra de Irak se podía parar".
El SMS que lo cambió todo
Semanas antes de la gala comenzó a gestarse un movimiento coordinado. Juan Diego Botto recuerda haber recibido un mensaje que resumía el sentimiento general: "Algo tenemos que hacer". Alberto San Juan cuenta que varios intérpretes veteranos convocaron a él y a Willy Toledo a una reunión. El mensaje era claro: "Hay que aprovechar la gala para multiplicar las protestas contra la guerra".

La cita decisiva tuvo lugar el 27 de enero de 2003, apenas cuatro días antes de los Goya. El mundo del cine se reunió en una multitudinaria asamblea en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Allí aparecieron figuras históricas como Pilar Bardem, Paco Rabal o Lola Herrera. "Gente que había luchado por tener libertades", recuerda María Barranco. "La historia de nuestro país estaba ahí".
Muchos habían participado en la histórica huelga de actores de 1975, todavía con Franco vivo.
El papel decisivo de Marisa Paredes
La presidenta de la Academia era Marisa Paredes. Nacida en 1946 en la plaza de Santa Ana y marcada por una historia familiar vinculada a las víctimas del franquismo, siempre había defendido públicamente sus convicciones. Juan Diego Botto resume su papel con una frase contundente: "Tenía muy claro que cuando se está en un puesto de responsabilidad todo lo que puedas hacer debes hacerlo, y ella lo hizo".
Y desde la propia Academia se enviaba un mensaje inequívoco. Como recuerda Botto, llamar a 'Animalario' para presentar la gala significaba dar cobertura institucional a todas las manifestaciones que acabarían produciéndose aquella noche.
El guion que intentó contener la protesta
Sin embargo, la gala no podía convertirse oficialmente en un acto político. 'Animalario' escribió el guion que quería hacer, incluyendo referencias políticas. Pero Oristrell les pidió moderación y que el foco siguiera siendo el cine.
El vicepresidente admite hoy que intentó "cortar las alas". Las tensiones llegaron incluso al interior de 'Animalario'. "La sociedad está en la calle, ¿nosotros aquí no vamos a hacer nada?", plantearon San Juan y Toledo.
"Dijeron que quien quisiera hablar, que hablara. Pero nosotros éramos solo los anfitriones", recuerda hoy Alberto. El propio Oristrell envió el guion completo a TVE para tranquilizar a la cadena: "Lo que no sabíamos que iba a ocurrir es lo que ocurrió".
La era Urdaci
La relación con TVE estaba marcada por la desconfianza. Alfredo Urdaci dirigía entonces los informativos de la cadena pública, una etapa que destaca por las denuncias de manipulación. "Eran muy descaradamente tendenciosos a favor del Gobierno y del PP", sostiene Alberto San Juan.
La periodista Georgina Cisquella recuerda cómo los profesionales considerados conflictivos fueron apartados de determinadas áreas informativas. "A todos los críticos se nos relegó a áreas que no eran conflictivas, como la de cultura". Habla de control de titulares y de criterios marcados desde el Gobierno.
La polémica venía de lejos: la huelga general, el desastre del Prestige o el conflicto de Sintel habían alimentado las acusaciones de manipulación. "No había directos de las manifestaciones de Nunca Mais", recuerda Cisquella. En Galicia, explica, algunos periodistas llegaron a retirar los logotipos de TVE de sus micrófonos para evitar el rechazo ciudadano.
Los rumores y el realizador que no vio nada
A medida que se acercaba la gala, el rumor de que algo iba a ocurrir comenzó a extenderse. TVE pidió al realizador Luis Campoy que estuviera especialmente atento durante los ensayos. "¿Has visto algo raro?", le preguntaban. Pero "ni en el guion ni en ninguna parte aparecía nada que tuviera que ver con el 'No a la guerra'".
Oristrell, mientras tanto, seguía confiando en 'Animalario': "No eran peligrosos, como mucho, podían gamberrear". Eso sí, reconoce que sí ejerció censura en alguna ocasión. Por ejemplo, cuando se planteó que Javier Bardem apareciera con un mono cubierto de chapapote en referencia al Prestige.
Las chapas entran en escena
En las horas previas a la gala, Alberto San Juan tenía claro cuál era el peor escenario posible: "que no pasara nada". Pero empezó a pasar. Las míticas chapas del 'no a la guerra' comenzaron a colarse en el auditorio.

La llamada "vieja guardia", muchos de cuyos integrantes ni siquiera estaban invitados, se apostó en la entrada para repartirlas. Marisa Paredes acabaría reconociendo después que ella misma introdujo algunas "en una caja de zapatos". Al principio parecía una decisión individual. Unos asistentes las llevaban y otros no. Nadie podía demostrar que existiera una estrategia organizada.
El discurso que abrió la puerta
La primera gran señal llegó con Marisa Paredes. Su discurso inaugural fue, en palabras de muchos de los presentes, una advertencia elegante. Defendió el humor, la sátira, el arte, la cultura y la libertad de expresión. Y sugirió que el verdadero miedo debía reservarse para la guerra.
El texto había sido cuidadosamente elaborado junto a Oristrell. Para Botto fue "un golazo": "Una victoria. Me pareció muy valiente y muy bien tirado".
TVE había dado instrucciones al realizador: "Si pasa cualquier cosa, no saques a la ministra". Campoy cumplió.
El momento en que estalló todo
Durante la primera hora las referencias fueron escasas. San Juan y Toledo seguían el guion al pie de la letra. Amagaban, pero no remataban. Hasta que apareció Daniel Guzmán. A los 63 minutos de emisión señaló su chapa y rompió el dique. A partir de ahí comenzaron a sucederse las intervenciones.
Mientras tanto, en el control de realización comprendieron que aquello era exactamente lo que temían. "Había tomate", recuerda Campoy. La dirección de TVE empezó a inquietarse. Algunos responsables llegaron a sugerir después que podrían haberse evitado ciertos planos o haber ocultado las chapas. "¿Qué es esto?", preguntó la ministra de Cultura a Marisa Paredes, que estaba sentada a su lado. "La democracia, señora ministra", respondió la directora de la Academia de Cine.
Uno de los momentos más celebrados fue el discurso de Javier Bardem. Pero para muchos el instante más emocionante llegó con Rosa María Sardá, que consiguió que toda la sala coreara el "No a la guerra". También Manuel Alexandre, que recibía el Goya de Honor, aportó una dimensión especial. Había vivido una guerra y ahora intentaba impedir otra.
La sorpresa final de 'Animalario'
Aunque habían aceptado las limitaciones del guion, San Juan y Toledo guardaban un último as bajo la manga. Ni siquiera apareció en los ensayos. Al final de la gala mostraron dos camisetas con una sola consigna repartida entre ambos cuerpos: "Guerra" y "No".
Fue el cierre perfecto para una ceremonia que ya se había transformado en otra cosa. Oristrell recuerda cómo los productores acudieron hacia él "en masa". Su defensa fue siempre la misma: aquello no había sido una operación organizada desde el escenario, sino una reacción colectiva y espontánea.
La resaca política
Los titulares del día siguiente fueron unánimes. La gala se había convertido en un clamor antibélico. "El 'Nunca Mais' a la guerra". Alberto San Juan sigue sintiéndose orgulloso de aquella noche. Y Juan Diego Botto cree que marcó un antes y un después: "A partir de esa gala se prendió la mecha de todas las movilizaciones que vinieron después".María Barranco coincide: "Era tan injusto que la gente no podía estar callada". San Juan rechaza la idea de que engañaran a TVE: "Fuimos dóciles y sumisos y nos tragamos nuestro punto de vista para hacer una gala que no fuera política". Por eso considera que lo más valioso fue precisamente su carácter espontáneo.
El pacto de silencio y las consecuencias
Tras la ceremonia, la Academia acordó guardar silencio durante 48 horas. "Que digan lo que quieran, pero durante 48 horas, silencio", recuerda Oristrell. El primero en romper el pacto fue Willy Toledo, que se enfrentó públicamente a Pilar del Castillo en La Ventana de la Cadena SER. Para Oristrell, la polémica nunca tuvo demasiado sentido: "No a la guerra es sí a la paz. No veo qué problema hay".
Botto cree que después se intentó instalar la idea de que el cine había manipulado a la sociedad española. Y las consecuencias personales no fueron iguales para todos. Según Javier Zurro, Willy Toledo acabó entrando en listas negras. "Willy es el único caso dentro del cine que conozco claramente vetado", asegura Alberto San Juan.
La chispa de algo mucho más grande
La movilización no terminó aquella noche. Días después, actores y directores acudieron al Congreso con camisetas del "No a la guerra". María Barranco recuerda entre risas que ella y Ana Belén se tomaron un Orfidal antes de entrar. Cuando llegó el momento de levantarse en señal de protesta, apenas podían moverse. Acabaron expulsadas.
Las manifestaciones se multiplicaron por toda España. Millones de personas salieron a la calle para intentar impedir la invasión de Irak. No lo consiguieron.

Años después, los protagonistas siguen viendo aquella gala como el comienzo de algo más grande que ellos mismos. "Los premios Goya fueron la chispa de un movimiento que estaba en el latir de la inmensa mayoría de la ciudadanía española", resume Juan Diego Botto. María Barranco utiliza otra imagen: "Fue encender la mecha de una traca". Y Botto conserva una reflexión que resume el espíritu de aquellos días: "Hubo un punto en el que muchos de nosotros, ingenuos, pensamos que podríamos parar algo".
Marisa Paredes y Joaquín Oristrell continuaron al frente de la Academia durante ocho meses más. En 2005, Alberto San Juan y Willy Toledo volvieron a coincidir en 'Los dos lados de la cama'. Años después, con el regreso del PP al Gobierno en 2011, el sector cinematográfico viviría una nueva etapa de confrontación marcada por la subida del IVA cultural del 8 al 21 % y por importantes recortes presupuestarios.
Pero la imagen que permanece es otra: la de una gala que dejó de hablar únicamente de cine para convertirse en el espejo de un país entero que gritaba contra la guerra.
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