Sus memorias

Urdangarin, la cara y la cruz del exyerno real que se dejó llevar por la ambición : "Me contagié de deseos que nunca había tenido"

Al detalle El ex de Cristina de Borbón rompe su silencio en Lo de Évole y revisa su descenso a los infiernos desde el cuento de hadas a la prisión. "Me sentí muy mal de abandonar a mis hijos y de estar 1.000 días sin ellos", dice sobre su paso por la cárcel.

Urdangarin, la cara y la cruz del exyerno del rey emérito: "Yo no creo que la Justicia sea igual para todos"
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Iñaki Urdangarin vuelve a la palestra. El hombre que un día (co)protagonizó una boda vista por diez millones de españoles, dirigida por Pilar Miró y vivida como un acontecimiento de Estado, reaparece ahora en Lo de Évole con 58 años recién cumplidos, celebrados junto a Ainhoa Armentia -su nueva pareja tras el divorcio de la infanta Cristina-, y tras haber pasado por la cárcel condenado por el caso Nóos.

El exduque de Palma, antiguo deportista de élite y símbolo del cuento de hadas moderno de la Casa Real, mira atrás en el inicio de esta entrevista en la que revisita a menudo su pasado: "Tengo la sensación de que hay mucho tiempo que se me ha escapado, ahora estoy degustando más cada minuto de mi vida, necesito aprovecharlo al máximo".

Jordi Évole le pregunta si imagina "destronar al rey emérito" del número uno de ventas en libros con la publicación de sus memorias. Urdangarin sonríe ante la idea y concede que "tendría su gracia". Évole, que ha leído el libro, avisa al posible lector: "Si alguien espera un ajuste de cuentas, en este libro no está". También le da un consejo a su entrevistado de hoy: "Venderías más si dijeras: 'Bah, nenu, vaya rajada', pero en el libro se percibe dolor y decepción". Él asiente: "Dolor, mucho". No sabe si decepción es la palabra exacta, pero sí reconoce que esperaba que "las cosas fueran de otra manera".

La entrevista que no fue -y que estaba prevista- en 2018 sirve como punto de comparación. Entonces, Urdangarin aún "sacaba la espada", convencido de que no entraría en prisión. Hoy habla desde otro lugar. "Entonces todavía estaba luchando por convencer a la Justicia y a la sociedad de mis argumentos", explica. Su historia, dice Évole, "empieza como un cuento de hadas". Urdangarin admite que no fue consciente de lo bien que le iba la vida hasta que "esa moneda" dio "la vuelta" y todo se complicó: "Ahí es cuando dices, '¡caray, qué cosas sucedían en aquella cara de la moneda que ahora no!'".

Su noviazgo y su matrimonio

Recuerda los primeros tiempos con la infanta Cristina, cuando eran "los modernos de la Familia Real", los "guays", según Évole. "No era una pose", insiste. "Así afrontábamos la vida en Barcelona". La boda, retransmitida en directo y vivida como una película, fue "un momento espectacular". "Sentimos mucho el cariño", afirma. Pilar Miró ensayó cada plano, cada gesto. Todo era cinematográfico.

Antes, hubo clandestinidad. Ocho meses de malabarismos, furgonetas, esperas "a que la calle estuviera 'limpia'" para entrar en su apartamento. No hubo fotos hasta después de la boda. En el vestuario del F.C. Barcelona de balonmano, al que él pertenecía, hubo muchas bromas: "Ahora tiene que llamarle de usted". Un amigo llegó a enfadarse porque siempre le daba largas y no le desvelaba su secreto: "Sospechaba que había salido del armario. Nos reímos mucho después".

Cuando todo salió a la luz, su padre fue el primero en advertirle: "Donde te estás metiendo es muy complicado". Nunca olvidó aquella conversación. Con el tiempo, llega a alegrarse, en una ínfima parte, de que su padre, por culpa de su enfermedad degenerativa, no haya podido ver y entender lo que después pasó.

La entrada en la Familia Real tuvo también un reverso menos luminoso. "Nunca fue fácil formar parte de esta familia. Se defendían los intereses institucionales antes que los vínculos afectivos", escribe en sus memorias. Comidas "prácticas, casi políticas", enconamientos, funciones muy marcadas.

La retirada del balonmano fue una decisión propia, pensando en los hijos y en una transición vital. "Lo dejo aquí arriba", recuerda que pensó. Ese año, lo habían ganado todo. Más tarde, admite que quizá no analizó bien aquel paso.

La ambición, reconoce, llegó después, cuando entró en el mundo de los negocios: "Me contagié de deseos y necesidades que nunca había tenido". "Perdí humildad, sencillez, no me vino bien", admite.

Pedralbes y el instituto Nóos

El palacete de Pedralbes marcó el inicio de la caída. "¿Qué necesidad tenía de comprarme la casa de Barcelona? Ninguna". Defiende, sin embargo, su labor en el Instituto Nóos "con orgullo", pese a que se convirtiera en su tumba judicial. "Trabajábamos en un proyecto con un propósito de impacto social muy alto". En el libro relata cómo las administraciones públicas llegaron tras un favor sugerido por el rey Juan Carlos. "Si no nos hubiésemos acercado a las administraciones públicas no hubiera habido caso Nóos". Pero nunca, insiste, hubo "voluntad de delinquir".

Las reuniones con políticos, los consejos de administración y el uso -consciente o no- del apellido real atraviesan el relato. "Yo no sé si estaban viéndome con el sombrero de 'yerno del rey emérito'".

Urdangarin desvela que el príncipe Felipe le pidió que se divorciara de la infanta Cristina cuando estalló el caso Nóos: "Era todo inhumano"
Urdangarin desvela que el príncipe Felipe le pidió que se divorciara de la infanta Cristina cuando estalló el caso Nóos: "Era todo inhumano"

La presión para que se divorciara de la infanta Cristina llegó desde el corazón de la Casa Real y de la forma más descarnada. Urdangarin relata cómo un emisario del rey emérito viajó a Estados Unidos para exigir la ruptura: "Iñaki, creemos que es mejor que te divorcies de doña Cristina". La reacción de ella fue inmediata y frontal: "Venís a pedir la cabeza de mi marido".

Más tarde, asegura, el entonces príncipe Felipe también le pidió que se separara, en un contexto que define como "inhumano". "Todo lo contrario al concepto de familia que yo tenía", añade.

Fue apartado de Nóos por la Casa Real cuando empezó "el ruido". Después llegaron los consejos en empresas de alcohol, tabaco y armas. "No entiendo mucho qué hago aquí, aporto poco", confesaba a Cristina. "Tener mi nombre en un consejo era interesante para estas empresas". Nada que ver, admite, con la implicación emocional que tuvo con Nóos. Washington fue, durante un tiempo, un "cordón sanitario de 10.000 kilómetros".

El 7 de noviembre de 2011, todo saltó por los aires. Un asesor de Obama le avisó: "Van a por ti. Va a haber una campaña de acoso a tu imagen". Al día siguiente, portada. "Ahí es cuando giras la moneda y empieza la otra cara". Pasó de ser el "yerno de España" a ser "el chorizo de España". "Soy el eslabón más débil. Atacarme a mí era mucho más fácil que atacar a otro lado".

Sobre el discurso del rey

Durante la conversación, el periodista rescata de la hemeroteca un fragmento del discurso que el rey Juan Carlos pronunció en la Nochebuena de 2011, poco después de que estallara el caso Nóos. "Cuando se producen conductas irregulares que no se ajustan a la legalidad o a la ética, es natural que la sociedad reaccione. Afortunadamente vivimos en un Estado de Derecho, y cualquier actuación censurable deberá ser juzgada y sancionada con arreglo a la ley. La Justicia es igual para todos", decía el emérito.

Cabe destacar que la imputación formal de Urdangarin por presuntos delitos vinculados al caso Nóos se produjo tan solo unos días más tarde, el 29 de diciembre de 2011.

Unas palabras que hoy, más de 14 años después y tras todas las informaciones que hemos sabido sobre él, adquieren un significado muy distinto al que tenían entonces. "Yo pensé: 'Esto va por Urdangarin'", deja caer Jordi Évole. "Sí, claro", confirma él, sin titubear. "Yo no creo que la Justicia sea igual para todos", concluye el exduque de Palma.

Su entrada en prisión

Urdangarin cree que tuvo que entrar en prisión porque "no se podía entender que hubiese una sentencia condenatoria sin privación de libertad" y por contentar, entre otros, a la Casa Real.

En la cárcel tocó fondo. "Lloraba sin parar". Pensó en suicidarse. No lo hizo por sus hijos. "Me sentí muy mal de abandonar a mis hijos y de estar 1.000 días sin ellos". La primera visita de su hijo Juan fue devastadora. De la Familia Real, solo la infanta Elena acudió con regularidad a verle. Al salir, encontró cariño, pero también estigmatización.

Iñaki Urdangarin, sobre la posibilidad de un reencuentro con la Familia Real: "No va a pasar, pero ya no me hace falta"
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La relación actual de Iñaki Urdangarin con la Casa Real es "cordial", aunque tras salir de prisión, el primer encuentro con Juan Carlos I fue, admite, "decepcionante": "Me hubiese bastado un 'gracias por la discreción'". Mantienen, eso sí, un contacto mínimo y protocolario, con felicitaciones de cumpleaños y Navidad, también con la reina Sofía.

No ocurre lo mismo con Felipe VI, con quien hace años que no habla, ni con la reina Letizia, a la que ni siquiera menciona en sus memorias, algo que Urdangarin atribuye a que "no tenía un excesivo contacto con ella". Ahora no espera un reencuentro. Pero tampoco lo necesita.

El matrimonio con Cristina se apagó "durante todo este calvario". El divorcio fue "durísimo", pero necesario, y decisión de Urdangarin. Cuando conoció a Ainhoa Armentia sintió "aire fresco". Hoy no busca revancha ni cotilleos. Solo cerrar el círculo y ser "la persona que cierra la cuadratura del círculo, con relaciones saludables, que disfruta de planes sencillos". Y seguir adelante, sin corona, sin cuento, pero con voz propia.

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