Ambición y poder

Iñaki Urdangarin, sobre cómo perdió "sus valores" tras entrar en la Familia Real: "No es victimismo, pero tampoco recibes feedbacks sinceros"

Iñaki Urdangarin confiesa en Lo de Évole que el entorno y el éxito lo alejaron de sus valores. Reconoce haber asumido ambiciones ajenas y haberse dejado arrastrar por un sistema que, pese a envolverlo, nunca terminó de aceptarlo.

Iñaki Urdangarin, sobre cómo perdió "sus valores" tras entrar en la Familia Real: "No es victimismo, pero tampoco recibes feedbacks sinceros"

Iñaki Urdangarin no es la misma persona que hace 30 años, ni tampoco que hace 20. Quien fuera duque de Palma, yerno del rey y deportista de élite, el hombre que todo lo tuvo y que acabó en la cárcel, profundiza en Lo de Évole en la transformación personal que vivió tras su entrada en la Familia Real. Un proceso que, según reconoce, lo fue alejando progresivamente de la persona que había sido durante su etapa en el balonmano. En la entrevista, el exmarido de la infanta Cristina reflexiona con autocrítica sobre cómo el entorno y el sistema en el que se integró influyeron en sus decisiones y en su manera de estar en el mundo.

Jordi Évole recita uno de los fragmentos más retrospectivos y reflexivos de su libro de memorias, que verá la luz el próximo mes de febrero. En él, Urdangarin explica ese cambio como una deriva casi inconsciente. "Me contagié de deseos y necesidades que nunca había tenido. Me abandoné a la inercia de un sistema que me envolvió, pero nunca terminó de aceptarme", afirma, describiendo una integración incompleta en un entorno que, pese a ofrecer privilegios, no llegó a hacerlo sentir plenamente parte de él.

El entrevistado reconoce que la ambición fue uno de los elementos que se incorporaron a su vida de forma progresiva y ajena a su carácter previo. "La ambición, el intentar más, es un aspecto que quizá me contagié. Tomé decisiones que ahora no tomaría y que no me hacían falta", admite, señalando que ese impulso lo fue alejando de su identidad personal.

"Cambió mi forma de estar en el mundo. Perdí mis valores"

Ese distanciamiento también afectó a su manera de entender la felicidad. "Quizá me alejo de mi esencia, de mi forma de entender el Iñaki que estaba en el deporte, incluso del Iñaki de antes, que era más feliz con cosas mucho más sencillas", reflexiona, al comparar su vida anterior con la que llevó tras su llegada a los círculos de poder.

Urdangarin sitúa ese cambio en un contexto de éxito económico y social en el que terminó normalizando determinados comportamientos. "Tienes recursos, tienes éxito, las cosas van bien. El entorno en el que vives es de gente y situaciones boyantes, porque estás en una sociedad, no te digo pudiente, pero a la que todo le va bien", explica, describiendo el clima que rodeaba su día a día.

Según relata, ese entorno generó un deseo de pertenencia que, con el tiempo, reconoce como innecesario. "Te contagias y dices que quieres pertenecer a eso y no me hacía ninguna falta", afirma, en una reflexión que atraviesa buena parte de la conversación con Jordi Évole.

El exjugador de balonmano admite que, en ese proceso, sus principios, los que había obtenido de su familia y del espíritu deportivo se debilitaron. "Algunos de mis valores perdieron fuerza. En la vorágine que me rodeaba se me hizo difícil mantener muchos de los comportamientos que me había enseñado el deporte. Cambió mi forma de estar en el mundo", sostiene.

Frente a ese nuevo contexto, contrapone los valores con los que se formó. "El deporte y mi familia tienen unos valores muy marcados de disciplina, trabajo, resiliencia. En este mundo, a mí no me fue fácil seguir manteniendo los mismos comportamientos", explica, aludiendo a una vida donde "todo era más fácil" y sucedía "de una manera muy espontánea".

"Tampoco recibes feedbacks sinceros"

Urdangarin reconoce que se perdió en aquel mundo. "Eso no me ayudó a ser el mismo Iñaki que era antes. Yo nunca había sido ambicioso. Solo en el deporte. Perdí humildad, sencillez, no valoraba las cosas más sencillas. No me vino bien", afirma con contundencia.

Sin embargo, durante años no fue consciente de ese cambio personal. "Yo no me di cuenta, al revés, piensas que eres el mismo, pero no te das cuenta. No es victimismo, pero tampoco recibes feedbacks sinceros de lo que deberías hacer. Me los dijeron a posteriori", concluye.

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