Tras el instituto Nóos
Évole, sobre las empresas en las que fue consejero Urdangarin, además de Telefónica: "Alcohol, tabaco y armas. No hay mucho espíritu olímpico"
Tras ser apartado por la Casa Real del Instituto Nóos, Urdangarin fue consejero de diferentes empresas, como Telefónica, en Latinoamérica. Pero también estuvo en el consejo de otras muy diferentes.

Iñaki Urdangarin relata en Lo de Évole cómo la Casa Real decidió apartarlo a él y a la infanta Cristina del Instituto Nóos apenas tres años después de haber puesto en marcha el proyecto. Una decisión que, según explica, llegó pese a sus intentos de defender la viabilidad y la corrección del trabajo que estaban realizando.
"Defiendes tu proyecto a capa y espada, intentas explicar que no es necesario, que tienes respuesta para todo, que lo que está surgiendo lo estamos haciendo bien", recuerda. Sin embargo, no lograron revertir la situación. "No pudimos convencer y se tomó esta decisión", añade, en referencia al momento en el que se les comunicó la salida del instituto.
Urdangarin explica que desde la Casa Real se les trasladó que empezaba a haber preocupación por el impacto mediático. "Nos dijeron que había ruido y que se empezaban a oír ciertas informaciones", señala. Aun así, aclara que no habló directamente con el rey: "Valoré que estas cosas las tenía que hablar con los funcionarios".
El abandono del Instituto Nóos supuso un golpe personal importante. "Cuando empiezas un proyecto desde cero, lo haces crecer con este ritmo y estos proyectos tan bonitos, dejarlos de un plumazo te duele, te disgusta", confiesa, admitiendo que ese episodio incluso le cambió el carácter.
La "solución" de la Casa Real
Como alternativa profesional, desde la Casa Real se le propuso comenzar a participar en consejos de administración de grandes empresas. Fue así como pasó a ocupar cargos como consejero, principalmente en Telefónica en Latinoamérica, pese a reconocer que no tenía experiencia en el sector de las telecomunicaciones.
"En telecomunicaciones, no era mi caso", admite, aunque defiende que podía aportar en otros ámbitos. "En otros aspectos como la relación pública o irte a una institución a defender los intereses de la compañía, eso lo puedes hacer perfectamente", explica, describiendo su papel como interlocutor institucional.
Alcohol, tabaco y armas
Durante esa etapa, Urdangarin también formó parte de consejos de administración de empresas vinculadas al alcohol, el tabaco y las armas, una circunstancia que Jordi Évole subraya con ironía al señalar que "ahí no había mucho espíritu olímpico".
Urdangarin reconoce que su presencia respondía, en parte, a razones económicas. "Se intentó completar unos ingresos", explica, admitiendo que cobraba una asignación por asistir a los consejos y que el hecho de que su nombre figurara en un consejo "era interesante" para ese tipo de compañías.
Pese a ello, confiesa que se sentía fuera de lugar. Se define como un "bicho raro" en esos entornos y admite que no tenía una implicación real comparable a la que había tenido en Nóos. "Este, realmente, no sé si soy yo", reflexiona, al hablar de una etapa que describe como de "desnaturalización".
Esa sensación la compartía incluso en el ámbito familiar. "No entiendo mucho qué hago aquí, aporto poco", reconoce que le decía a la infanta Cristina tras sus jornadas como consejero. Un periodo que contrasta, según él, con su etapa deportiva y con el Instituto Nóos, donde sentía que aportaba valor y encontraba una motivación que en esos consejos de administración nunca llegó a tener.
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