El tiempo corre

Putin no entiende de ultimátums: Rusia sigue bombardeando Ucrania pese a los esfuerzos de Europa y Trump

¿Por qué es importante? El próximo lunes se cumple el plazo de dos semanas para mantener una reunión trilateral que Donald Trump dio a Vladimir Putin tras su histórica reunión en Alaska.

El presidente ruso, Vladimir Putin, y su ministro de Exteriores, Sergei Lavrov, en una imagen de archivo.
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El tiempo corre y son los ucranianos los que siguen bajo las bombas. El próximo lunes se cumple el plazo de dos semanas que el presidente de Estados Unidos (EEUU), Donald Trump, le dio a su homólogo ruso, Vladimir Putin, tras su histórica reunión en Alaska. "Tendremos una trilateral y creo que habrá una oportunidad razonable de terminar la guerra", decía el republicano, al tiempo que concretaba que ya se vería lo pasara "en una o dos semanas". Incluso, advirtió que si hiciera falta intervendría.

El primer plazo, aquel "acuerdo en 50 días" ya ha expirado, por lo que ya se afronta el tiempo de descuento ofrecido por Washington. Mientras tanto, en Europa comienzan a perder la esperanza, pese a que a su salida de la Casa Blanca, el canciller alemán, Friedrich Merz, se mostraba confiado. "No solo se han alcanzado mis expectativas, sino que se han superado", llegó a asegurar el germano.

Un discurso que ahora ya ha cambiado. "Obviamente, no va a haber ningún encuentro entre el presidente ucraniano [Volodímir] Zelenski y el presidente Putin", sostenía este jueves en una rueda de prensa conjunta con su homólogo francés, Emmanuel Macron. En esa misma jornada la indignación por los recientes ataques llevaban a Zelenski a lanzar una advertencia: "Es un ataque contra Europa, este también es un ataque de Rusia contra el presidente Trump", subrayó.

La brutal ofensiva nocturna sobre Kyiv dejó hasta 23 muertos, once de ellos menores. A pesar de ello, Trump insiste en que Putin quiere el fin de la guerra. Si bien, la realidad de Moscú es bien distinta, pues sin detener su ofensiva sigue dando largas a la reunión. Bien sea poniendo en duda la legitimidad de Zelenski, jugando a proponer la capital rusa como sede de esos encuentros, o aludiendo a una preparación minuciosa de la cumbre. En definitiva, todo para alejar esa paz que prometió Trump.