Monólogo de apertura

Marc Giró, sobre la situación en Ceuta: "Todos estamos tristes y decepcionados, menos los fachas, que se lo están pasando pipa"

Marc Giró regresa a laSexta con su habitual mirada irónica para repasar un verano marcado por catástrofes, polémicas y la crisis migratoria de Ceuta, que vuelve a centrar buena parte de sus críticas.

Marc Giró, sobre la situación en Ceuta: "Todos estamos tristes y decepcionados, menos los fachas, que se lo están pasando pipa"

Después de un verano especialmente complicado, Marc Giró tenía ganas de volver al plató de Cara al Show. El presentador ha estrenado la segunda temporada del programa en laSexta repasando algunas de las noticias que han marcado los últimos meses y lo ha hecho sin renunciar a su particular sentido del humor, aunque en ocasiones es complicado sacarlo a relucir entre "tormentas, terremotos, incendios, riadas y sequías y olas de calor".

Y eso por no hablar "del robo del tesoro de Villena, el intento de robo del ático en Chamberí, la proliferación de patrullas urbanas de extrema derecha en Valencia a la manera de las SS en la Alemania protonazi, los estudios sobre la menopausia realizados en hombres no menstruantes...". El listado de acontecimientos sirve a Giró para resumir un verano que, a su juicio, ha estado cargado de malas noticias y situaciones difíciles de digerir.

El regreso del presentador se produce después de haber muerto y resucitado en ese mismo plató. Eso sí, en esta ocasión vuelve dispuesto a analizar la actualidad y no ha sufrido las consecuencias del eclipse, del que otros acabaron "medio ciegos", pese a "la turra que nos dieron los oftalmólogos". Tampoco ha corrido la misma suerte que Paz Padilla, que se ha quedado sin programa, pero Giró sí encuentra un asunto que le preocupa especialmente: las "invasiones" de las que se ha hablado durante estos últimos meses.

Una de ellas tiene que ver, según explica, con la expansión de la avispa asiática por España. El presentador considera que "es una amenaza para la conservación de los ecosistemas" de nuestro país, aunque marca una diferencia clara entre este fenómeno y otros discursos sobre inmigración. "Eso sí, joder, que es una invasión. Lo demás son tonterías".

Y entonces aparece Ceuta en su repaso de la actualidad. "Ah, bueno. Claro. Que luego está lo de Ceuta". Giró aprovecha para mandar un abrazo tanto a los ceutíes como a las personas migrantes y pone el foco en una crisis que, asegura, ha dejado a quienes la viven directamente en una situación de agotamiento y angustia.

Su diagnóstico es especialmente crítico con quienes han aprovechado la situación para alimentar determinados discursos políticos. "Todo el mundo está triste y decepcionado, excepto, una vez más, los fachas, que se lo están pasando pipa con la excusa de defender a España", sentencia.

La gestión de la crisis también le lleva a comparar la respuesta del Gobierno en Ceuta con la desplegada durante el desafío independentista catalán de 2017. El presentador se pregunta "cómo puede ser que el Gobierno mandara a Cataluña en octubre de 2017 20.000 policías y guardias civiles a buscar unas urnas -que nunca encontraron-, pero ahora, en Ceuta, solo haya 1.700 agentes para garantizar los derechos y la seguridad tanto de españoles como de personas migrantes". "¿Qué pasa, que Ceuta es menos que Cataluña?", dice sin miramientos.

Ante esta situación, Giró plantea una solución tan irónica como provocadora para los ceutíes que reclamen una mayor presencia de efectivos españoles: "amenazar con independizarse". "Ya verás qué rápido se presentan", apuesta.

Más allá de la ironía, el presentador también cuestiona la falta de recursos y de respuestas estructurales para afrontar la llegada de personas migrantes. En este sentido, critica que no hayamos sido capaces de "construir estructuras dignas para atender a los migrantes librándolos de la intemperie" ni de "iniciar un debate a nivel internacional para condonar la injusta deudas que empresas, bancos y gobiernos europeos -también españoles- mantienen con los países africanos, que es el origen de todo este embrollo".

Su particular propuesta para resolver la situación pasa entonces por recurrir a una figura inesperada: Shakira. Giró pone como ejemplo la capacidad de la cantante para organizar en tiempo récord la infraestructura necesaria para su residencia madrileña, que contará con capacidad para miles de espectadores.

La comparación le sirve para ironizar sobre la gestión de la crisis: Shakira ha sido capaz de "montar en apenas diez días toda una ciudad, 'Macondo Park'". "A base de 'Waka waka' será capaz de gestionar la entrada y salida de más de 700.000 personas de 'Macondo', mientras que los españoles no podemos atender las necesidades y derechos de ceutíes y migrantes".

El presentador amplía sus críticas a la gestión de las consecuencias de la crisis y recuerda también a quienes perdieron la vida tratando de llegar a territorio español. "Y eso por no hablar de nuestra incapacidad de dar sepultura digna a las 82 personas que murieron ahogadas. Pero claro, no hemos sido capaces de encontrar a Federico García Lorca", lamenta.

Tampoco queda fuera de su análisis el papel de los servicios de inteligencia. Giró se refiere al "despiste, vamos a llamarlo así" del CNI por no haber detectado la llegada de miles de personas a las costas ceutíes. "No detectó la llegada a las costas ceutíes de 80.000 personas. Es rarísimo. [...] No se entiende, francamente".

Aunque cuestiona lo sucedido, Giró considera que este "despiste" pudo haber evitado consecuencias todavía más graves y recuerda la tragedia del Tarajal de 2014, uno de los episodios más dolorosos vinculados a la frontera de Ceuta.

El monólogo llega a su recta final con otro recuerdo, esta vez mucho más personal y cargado de nostalgia. El protagonista es el rey emérito, de quien Giró reconoce que echa de menos una forma de hacer política que, vista desde el presente, parece pertenecer a otra época. "Yo, que fui un niño durante los años 80, recuerdo que este tipo de cosas antes se solucionaban con una simple, pero fraternal llamada de Juan Carlos a su hermano Hasán", asegura antes de imitar al que fuera rey de España durante aquellos años.

La evocación termina devolviendo el monólogo al terreno de la ironía. Tras echar la vista atrás y recordar cómo se gestionaban entonces este tipo de conflictos, Giró solo puede cerrar su intervención con una conclusión tan breve como contundente: "Joder, qué mala es la nostalgia".

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