¿Has pensado alguna vez en la gran cantidad de cosas que somos capaces de acumular a lo largo de un año? Generalmente los consumidores seguimos un proceso lineal: compramos aquello que necesitamos o que simplemente nos gusta y cuando deja de sernos útil lo tiramos a la basura. Así, las cosas se convierten rápidamente en residuos. El tiempo de vida útil de los productos es muy corto.

Y buena parte de las empresas todavía funcionan igual, llevando a cabo una producción lineal. Desde el primer paso, cuando se idea y se diseña un producto, no siempre se piensa en introducir materiales reciclados, ni se tiene en cuenta la gran cantidad de materias primas que se tienen que extraer para producir un determinado objeto.

Para hacer frente a ese modelo aparece la economía circular. Este sistema plantea una producción y un consumo sostenible y responsable con el medioambiente. Se basa en reducir la producción, reparar o reutilizar los objetos en vez de tirarlos, y por último, reciclarlos. Así se consigue cerrar el ciclo de vida de los productos y reducir los residuos que se generan al mínimo.

Pero, ¿en qué se traduce este concepto en la vida real? Muchas empresas ya han incorporado a sus sistemas los principios de la economía circular. Por ejemplo Sea2See, la empresa que usa los cabos de pesca y otros residuos de plástico que recoge del mar para fabricar gafas; las empresas que reparan y reacondicionan móviles, lo que permite cambiar de teléfono sin gastar mucho dinero; los negocios que permiten reutilizar y rellenar los envases; todas aquellas que rediseñan los embalajes de sus productos para reducir su cantidad de plástico o utilizar materiales reciclados; o incluso las compañías de 'carsharing', destinadas a compartir trayectos en coches particulares, y las de alquiler de vehículos también se incluyen dentro de la filosofía de la economía circular, ya que permiten ahorrar gastos y reducir la contaminación que emiten los vehículos.

Un ejemplo: plástico hecho con vegetales

¿Y cuando es inevitable que un producto llegue al fin de su vida? La economía circular trabajar por que exista la información y todas las posibilidades para su correcta separación, recogida y posterior reciclaje. Que los residuos dejen de ser residuos y vuelvan a ser recursos. Incluso los residuos orgánicos, que habitualmente se convierten en material compostable, pueden llegar a tener una segunda vida como envases, sustituyendo a los que están hechos con plásticos derivados del petróleo. Un avance revolucionario que ya existe de la mano de The Circular Lab, el primer centro de innovación sobre economía circular en Europa.

Este laboratorio, situado en Logroño, está impulsado por Ecoembes, la entidad que gestiona en España el reciclaje de residuos urbanos. Entre sus más de 100 proyectos en materia de economía circular se encuentra la creación de un plástico fabricado a partir de residuos vegetales, como mondas de patatas o naranjas, y que es compostable, reciclable y biodegradable en el entorno marino.

El plástico fabricado a partir de residuos vegetales creado The Circular Lab | Ecoembes

Este tipo de plástico, que fue presentado como prototipo a finales de 2018 con el nombre de PHBV (PoliHidroxiButilValerato), podría utilizarse como envase de bebidas o alimentos. Un ejemplo de cómo la economía circular puede estar presente en nuestro día a día.

¿Economía cowboy o espacial?

El origen de la economía circular se encuentra en diversas teorías económicas que comenzaron a cuestionar el sistema de producción "lineal" y a valorar las posibilidades de explotar menos los recursos naturales o a rentabilizar los residuos. Aunque el término concreto fue posterior, la idea de una economía que reduzca al máximo su producción y aproveche sus recursos viene existiendo en la literatura económica al menos desde 1966, gracias al economista de origen británico Kenneth E. Boulding y su artículo 'The Economics of the Coming Spaceship Earth' (La economía de la nave espacial Tierra).

En él, Boulding utilizaba una curiosa metáfora para explicar cómo debería cambiar el sistema de producción: comparaba la presente economía 'cowboy', asociada con una concepción de una producción ilimitada, con una economía 'del espacio', donde lo que prima es conservar lo más posible los limitados bienes existentes. En los años 70 siguieron desarrollándose teorías que apoyaban una gestión económica más respetuosa con el medio ambiente, pero como es habitual, la industria y la política tardó algo más en ponerse las pilas.

Una Europa más verde en 2030

La economía circular forma parte de la estrategia verde de la Comisión Europea desde el llamado Horizonte 2020. El último plan de medidas importantes se adoptó en 2015. El denominado "paquete" circular de Europa consta de 54 medidas, con las que se quiere incidir en cinco sectores prioritarios (plásticos, residuos alimentarios, materias primas críticas, construcción y demolición, biomasa y biomateriales). Estas medidas se extienden prácticamente sobre cualquier asunto que tenga que ver con los recursos naturales, como la reutilización del agua, revisar la normativa de abonos o el traslado de residuos entre los Estados miembros.

El llamado "paquete" circular de Europa consta de 54 medidas para cumplir en 2030

El plan establece también los objetivos de reciclaje que rigen actualmente la gestión de nuestros residuos urbanos, como el reciclado del 65% de los residuos municipales para 2030, un 75% en el caso de los envases, o la reducción de la eliminación en los vertederos a un máximo del 10 % para la misma fecha.

Además de los objetivos de reciclaje, la Comisión Europea espera con estas medidas también reducir el despilfarro de alimentos a la mitad para 2030. Para ello, pretende intentar que determinados alimentos que no puedan entrar en la cadena de consumo no se consideren residuos y se utilicen, por ejemplo, para crear piensos animales.

Microplásticos recogidos en el mar | Proyecto Libera

Otro de los sectores sobre los que más se necesita trabajar es el de la construcción y la demolición, el que más residuos genera, una tonelada por persona y año en la UE. La importante tarea en este ámbito es poder extraer y recuperar lo más posible materiales que vuelvan a ser utilizados.

En su batalla contra los plásticos y los microplásticos que inundan los océanos, la última medida ambiciosa que ha incorporado la UE fue la prohibición de cubiertos, bastoncillos, pajitas y otros plásticos de un solo solo uso para 2021. Una medida a la que el pleno del Parlamento dio luz verde el pasado mes de marzo, tras la aprobación por la Comisión Europea en enero de 2018 de la llamada 'Estrategia Europea para el Plástico en una Economía Circular'.