Estreno de la nueva temporada
Las 14 horas de fiesta, música, 'beers' y confesiones de Manuel Carrasco y Jordi Évole en Londres: "Sabiendo lo que hoy sé, no volvería a OT"
Los detallesLas primeras luces del día sorprenden a Jordi Évole, Manuel Carrasco y un tigre de peluche en la parte trasera de un taxi londinense. Pero, ¿qué pasó anoche? Suerte que este programa de Lo de Évole servirá para refrescarles la memoria... ¿Cuántas veces llamaron a Florentino?

Resumen IA supervisado
Jordi Évole inicia la séptima temporada de Lo de Évole con un original episodio junto a Manuel Carrasco en Londres. El programa comienza con ambos desubicados en un taxi, al estilo de Resacón en Las Vegas, y reconstruye las 14 horas previas. La chispa entre Évole y Carrasco surge rápidamente, con Évole admirando el talento del cantante. Durante el episodio, abordan temas como las multas por actuar en el Bernabéu, el inglés y el pasado humilde de Carrasco. La noche avanza con actuaciones en pubs y reflexiones sobre su paso por Operación Triunfo. El episodio cierra con humor y confesiones, marcando un inicio prometedor para la temporada.
* Resumen supervisado por periodistas.
Jordi Évole vuelve a Lo de Évole como mandan los cánones del buen arranque de temporada: desubicado, con mala cara y junto a un león de peluche en la parte trasera de un taxi londinense. A su lado, Manuel Carrasco, con ropa imposible, mirada de no haber dormido y la misma pregunta en la cabeza que el espectador: qué demonios pasó anoche para que dos tipos de Isla Cristina y Cornellà hayan acabado así, recorriendo Londres de día como si fueran los últimos supervivientes de una despedida de soltero mal planificada.
Porque el programa empieza por el final, a lo Resacón en Las Vegas, y a partir de ahí toca reconstruir los hechos. Catorce horas antes, Évole y Carrasco se citan en Londres, una ciudad que el cantante conoce bien por trabajo. "Dos veces he venido", explica, y gran culpa de ello la tiene el misticismo beatle de grabar en Abbey Road, que "mola" aunque no sirva para nada práctico.
La chispa entre ambos surge pronto. Jordi confiesa que nunca había pensado entrevistar a Carrasco hasta que lo escuchó cantar en un festival. "Dije que iba a aprovechar para pedir una hamburguesa, pero te empecé a escuchar...". A partir de ahí, admiración declarada y diagnóstico rápido: "Este tío es un fiera". El onubense le calló la boca, como lleva haciendo desde hace más de 20 años con más de uno. Su magnetismo puro con el público es algo que puede demostrarse con datos: gira más vendida del año y récord histórico de asistentes a un concierto de un artista español.
La multa y las llamadas a Florentino

Aunque ese éxito a veces le ha traído más de un dolor de cabeza. Évole no tarda en meter el dedo en la llaga y comparar multas: 280.000 euros a Taylor Swift por cantar en el Bernabéu, 400.000 a Manuel Carrasco.
Por si fuera poco, Jordi, con dos cervezas para el cuerpo, decide llamar a Florentino Pérez para ver si puede arreglarlo. "Este tiene hilo directo con Dios", dice, mientras insiste al teléfono convencido de que Florentino "estará viendo El Hormiguero" y que por eso no responde ante su insistencia en llamarle.
'Pronunsieision'
Entre caña y caña, también hay espacio para el inglés, esa cuenta pendiente que Carrasco arrastra desde su mítico vídeo viral en Operación Triunfo. "Qué hijos de puta todos", recuerda entre risas al ver a sus compañeros desternillándose.
Évole cree que aún hay esperanza para los dos: "Aznar aprendió muy mayor, Rajoy no lo probó". Londres escucha, divertida, a dos españoles resolviendo traumas lingüísticos en tiempo real.
La conversación se vuelve más íntima cuando Carrasco regresa a sus orígenes. Un patio de vecinos, siete personas en una habitación, trabajos duros para sacar "unas perras", cocaína y heroína en el barrio y una madre que sacó adelante a cinco hijos sola, trabajando incluso en la fresa.
"Es la típica madre que no ha visto una película entera porque se queda frita al cuarto de hora" dice, con ternura. También recuerda el miedo de cada salida de su padre marinero, los naufragios, el atropello que lo obligó a llevar corsé durante años y aquel millón de pesetas que les "quitó de una fatiga". "Mi madre me decía: 'Cruza ahora otra vez'", bromea.
El Carrasco más comprometido
Y por todo su pasado, porque tiene claras sus raíces, hoy se siente "fuera del tiesto" con la gente más pudiente. Reconoce que incluso le ha dado cierto pudor poder comprarse una casa grande y un coche y que no lo hizo hasta haber pasado mucho tiempo.
Sus hijos ahora viven una vida muy distinta de la que él vivió, pero tiene claro que nunca llegarán a casa enarbolando los discursos de la extrema derecha. "Es intentar engañar a la gente con lo más básico y por desgracia, la gente cae", lamenta sobre las proclamas racistas justo después de recordar que los españoles también somos un pueblo migrante.
Su compromiso político también lo ha llevado a sus canciones e incluso ha conmovido a Juan Manuel Moreno Bonilla con su tema improvisado "sobre lo que estaba pasando en Gaza", algo que no fue del agrado de Ayuso. A Évole, sin embargo, la letra le puso "la piel de gallina".
Las actuaciones en el 'open mic'

La noche londinense sigue escalando. Billar, futbolín con ingleses, compras en tiendas cutres tras varias cervezas y una camiseta del Manchester de Cantona con colores del Recreativo de Huelva que acaba sirviendo para presentar a Carrasco como si fuera un fichaje estrella.
El punto álgido llega en un pub, cuando Manuel Carrasco se sube a un open mic y deja al público londinense boquiabierto cantando El grito del niño. Luego, Évole se suma y juntos versionan a Sabina en un inolvidable "Diecinueve days and 500 nights".
Su "fracaso" tras Operación Triunfo
También hay tiempo para ajustar cuentas con Operación Triunfo. Carrasco recuerda contratos leoninos, discos impuestos, derechos que no son suyos y años durmiendo en colchones en el suelo pese a haber quedado segundo. "
Fui el único de mi edición que cumplió el contrato", lamenta. Él estaba peor aconsejado que el resto de sus compañeros. Reconoce que no volvería al programa, que tuvo miedo de regresar a casa como un fracasado y que, mientras decía en televisión con María Teresa Campos que todo iba bien, se "estaba muriendo por dentro".
A su primer concierto en solitario acudieron 300 personas y tuvo que empezar de cero. Por eso cree que también hubiera llegado a donde está hoy sin el concurso. Y de paso, se hubiera ahorrado alguna que otra experiencia desagradable si no hubiera ido, reflexiona con el tiempo.
El Carrasco actual, sin embargo, es otro. Más flamenco, más andaluz y más incómodo para quien le dijo que "sonaba demasiado andaluz para la radio". "Ahora los miro a la cara y les digo: '¿ahora qué?'", afirma. Évole celebra que, pese a todo, no se haya "hijoputizado" con el éxito y los años, algo que no muchos pueden decir.
"Mike Tyson"
El broche final llega con colonia. Literalmente. Jordi muestra una noticia sobre el perfume de Manuel Carrasco y confiesa que va perfumado con él. "No me digas que te has echado la colonia, cabrón", responde el cantante entre risas. Juegan al 'yo nunca', recuerdan una pandereta que acabó en un juzgado y sellan la noche con una "fiesta secreta" cuya contraseña es Mike Tyson.
Así arranca la séptima temporada de Lo de Évole: con resaca, risas, confesiones y la certeza de que, una vez más, el programa ha encontrado la manera de empezar por donde nadie más se atrevería. Ah, y un tigre de peluche en un taxi.
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