Historia viral

Punch se queda sin su peluche: la emotiva reacción del mono tras quitarle a su inseparable compañero

El contexto El pequeño mono fue abandonado por su madre cuando nació, ignorado por el resto de animales y solo querido por un peluche de orangután que le hace siempre compañía.

Punch se queda sin su peluche: la emotiva reacción del mono tras quitarle a su inseparable compañero
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La emotiva historia de Punch, el mono huérfano que además fue despreciado por el resto de su grupo, ha vivido un nuevo giro. Otro episodio en este relato viral que ha conmovido a medio mundo. Y es que, en la tarde de este jueves, los cuidadores del zoo de Japón han tenido que quitarse su peluche.

Punch se ha quedado sin su inseparable amigo de trapo, el que le dieron cuando fue abandonado. Ya algo roto y demasiado sucio, han decidido reemplazarlo por uno nuevo que, aunque igual, no ha gustado para nada al pequeño mono.

Punch lo había arrastrado y abrazado tanto que ya era hora de separarse de él, aunque ha luchado contra el cuidador por poder conservarlo. Desolado por verse despojado de su mejor amigo, el macaco más famoso del mundo se ha agarrado a la pierna del hombre, en una lucha que ha seguido hasta dentro del almacén.

"¡No me lo quites! No te lo lleves", parecía gritar Punch en silencio, pidiéndole a su cuidador que le deje lo que más quiere, el peluche que ha hecho de su madre y compañero. Porque Punch lo ha dado todo para recuperar a su querido juguete y compañero de viaje ya demasiado desgastado.

La empatía generada en las redes sociales por la historia entre el mono rechazado por su madre y su peluche de orangután ha emocionado a todo el mundo. Hay que recordar que Punch fue abandonado por su madre nada más nacer, hace ya siete meses. Tras crecer y ser rechazado también por su grupo de macacos, el mono encontró hogar en la sensibilidad de un peluche de Ikea.

De nada ha servido intercambiar el peluche con otro. La operación no ha sido fácil, ya que Punch ha intentado con uñas y dientes defender a su amigo para no perderlo. Un gesto que vuelve a enternecer, a la vez que provoca una nueva punzada de dolor. La que se siente cuando pierdes tu refugio.

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