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Festival Europeo de la Canción

El día que España quedó última en Eurovisión (por 2.ª vez): 5 actuaciones que no convencieron a nadie

Este año, España no tendrá oportunidad de quedar última (ni primera), ya que no participa en Eurovisión. Pero un 20 de marzo como hoy, en 1965, nuestra representación española en el Festival de la Canción quedó por los suelos.

La actuación de Conchita Bautista, representante de España en Eurovisión en 1961La actuación de Conchita Bautista, representante de España en Eurovisión en 1961Eurovisión

En 2026, España no participará en el Festival de Eurovisión. El Consejo de Administración de RTVE tomó la decisión tras confirmarse que las cadenas públicas que conforman la Unión Europea de Radiodifusión (UER), organizadora del concurso, votaran a favor de la participación de Israel en el certamen, en medio de una situación compleja en la región, marcada por el conflicto abierto que mantiene el país principalmente contra los Territorios Palestinos.

La razón que argumentó la televisión pública para tomar su decisión de que España no participase en Eurovisión fue, por un lado, el genocidio que está cometiendo Israel en Gaza; y por el otro, el uso político del certamen por parte del país hebreo, que habría intentado "influir en el resultado" y, a pesar de incumplir las normas del concurso, nunca fue sancionado por la organización. Todo esto ha conllevado que España y otros cuatro países —Países Bajos, Irlanda, Eslovenia e Islandia— hayan declinado participar en señal de protesta.

Es la primera vez que España no participa en el Festival de la Canción, después de una presencia ininterrumpida en el festival desde 1961. Su palmarés consta de dos victorias (1968 y 1969), cuatro segundos puestos (1971, 1973, 1979 y 1995) y dos medallas de bronce (1984 y 2022). Pero también ha habido veces en que los puestos no han sido buenos e incluso muy malos.

Un 20 de marzo como hoy, pero en 1965, tenía lugar el segundo batacazo español en Eurovisión. Fue Conchita Bautista, la misma que debutó en representación de España en el festival en 1961 en Cannes (Francia): su 'Estando contigo' se colocó en novena posición en aquellos inicios del Festival, con ocho puntos —la manera de puntuar nada tiene que ver con la actual—. Sin embargo, cuatro años después, cuando la edición viajó a Nápoles (Italia), no tuvo tan buen recibimiento.

Con la canción '¡Qué bueno! ¡Qué bueno!', Bautista cosechaba una puntuación de 0 puntos para España, igual que otros tres países. Luxemburgo ganó en aquella ocasión, con la icónica France Gall y su tema 'Poupée de cire, poupée de son'. En varias ocasiones, la artista española explicó que, tras el certamen, la prensa se centró más en visitar su camerino en lugar del de la ganadora.

Pero esa no fue la primera vez que España quedó última en Eurovisión; de hecho la primera fue la segunda participación española en el certamen, en 1962, al año siguiente de su debut: el cantante catalán Víctor Balaguer y su 'Llámame' no consiguieron cautivar a la audiencia —su marcador fue 0 puntos— y tuvo que compartir último lugar con otros tres países, Bélgica, Austria y Países Bajos. El cantante catalán, que se manejaba en registros que iban de la música ligera a la zarzuela, entre el castellano y el catalán, no consiguió trasladar su popularidad entre la sociedad española al festival musical europeo.

Pero si hay un último puesto muy recordado por los españoles es el de Remedios Amaya, en 1983. Su canción '¿Quién maneja mi barca?', que mezclaba pop con flamenco, tampoco consiguió ningún punto y fue un durísimo jarro de agua fría para la ciudadanía española, cuyo interés por Eurovisión experimentó una fuerte caída. Tanto que, al año siguiente, TVE desplazó la emisión del festival a la segunda cadena durante ocho años.

Pese a su mal resultado, la artista andaluza es una cantante consagrada en el mundo del flamenco y hay que reseñar que fue la primera mujer gitana de España que representó a España en el concurso. Incluso Blanca Paloma, que representó a nuestro país en 2023, salió a defender a Amaya, a quien definió como "una adelantada a su tiempo" para la que Europa no estaba preparada. La propia Amaya ha confesado que el traje que quería usar para su actuación en el festival no lucirlo por órdenes de la organización, que argumentó que no casaba correctamente "con la decoración del escenario".

Y precisamente otro traje pudo haber sido culpable de que, en 1999, la española Lydia quedase última con 'No quiero escuchar'. Fueron unos años en los que el festival no generaba interés en la población, más allá del sector eurofan, tal y como ha afirmado la artista. Entre las razones de su mala posición se barajó la posibilidad de que estuviera el vestido que llevó en su actuación, diseñado por Ágatha Ruiz de la Prada. "El dichoso vestido que de la noche a la mañana se ha convertido en el maravilloso vestido. Algo que en principio parecía negativo se tornó en positivo", explicó en una entrevista en La Otra Crónica de El Mundo.

"La canción era maravillosa", aseguró ella, "un temazo". "Por aquel entonces se acabó al vestido. Entonces, Eurovisión era muy sobrio. La gente no se ponía vestidos de colorines y creo que despistó. Nadie escuchó la canción porque todo el mundo se fijaba en el vestido", explicó.

La quinta (y última, por ahora) ocasión que España se quedó en la cola de la lista en el Festival de Eurovisión fue en 2017, con Manel Navarro. El artista llegó a Kyiv (Ucrania), sede del festival, cuestionado por cómo había sido elegido para el concurso: empatado con Mirela, fue un jurado experto el que eligió al catalán en lugar de a la que era la gran favorita en aquella edición. Al festival, Manel Navarro llegó siendo último para las apuestas.

Esa presión pudo haberle afectado y provocado el gran error de su actuación: un enorme gallo en un momento clave. Dicho instante fue trending topic en las redes sociales, junto con el mal resultado de España, que tan sólo obtuvo cinco puntos del televoto por parte de Portugal. Precisamente, los vecinos portugueses ganaron el concurso con Salvador Sobral y el tema 'Amar pelos dois', que destacó precisamente por no muy eurovisiva: fue una interpretación sentimental sin ningún efecto especial en su puesta en escena. Ganó siendo la más votada por el jurado y el público con la puntuación más alta de la historia del festival: 758 puntos.

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