Psiquiatra
De palizas a fregar el suelo de rodillas: las supervivientes del Patronato describen los maltratos a las que las sometían las monjas
Las jóvenes del Patronato que terminaban ingresando en este centro eran aisladas en celdas de castigo o 'salas de catarsis'. Además, les daban electroshocks y gran cantidad de medicamentos.

En el Archivo Histórico Provincial de Sevilla, es posible encontrar documentos en los que se detallan los perfiles de algunas mujeres encerradas contra su voluntad en las sedes del Patronato de Protección de la Mujer. "La mayoría de los expedientes las califican como oligofrénicas, imbéciles, subnormales, profundas", expone Carmen Guillén.
"Estamos hablando de encierros que iban de entre seis meses hasta dos años, incluso en algunos casos más", añade la doctora en Historia Contemporánea. Guillén señala que se debía justificar el encierro, "pero la realidad es que la mayor parte de las jóvenes no tenía ningún tipo de enfermedad de tipo psiquiátrico".
Las religiosas sometían a las internas a continuos maltratos: bofetadas, humillaciones, palizas. Un castigo habitual era fregar el suelo de rodillas. "Cuando llegabas a la mitad, venía la monjita de turno, te tiraba el cubo del agua y otra vez a empezar", señala una de las supervivientes.
"Cuando tú llegas a un reformatorio, te hinchas a llorar", señala Paca Blanco. Pero, como cuenta, las veteranas les advertían que no debían llorar ya que las podían terminar ingresando en el Manicomio de Ciempozuelos por depresión. "Entonces se nos pasaba rápidamente la llorina, ¿sabes? Y esa era la vida. Era, vamos, terrorífica", indica.
Este temido psiquiátrico era la última parada del Patronato. En este centro existía un espacio, que llamaban 'las patronatas', que era el lugar en el que se alojaban las jóvenes que provenían de alguna de las sedes del Patronato "donde habían tenido unas veces unos trastornos psiquiátricos, otros trastornos de conducta, otros que no respondían a los buenos deseos de las monjas de la educación", señala Guillermo Rendueles, psiquiatra del Manicomio de Ciempozuelos en los años 70.
En Ciempozuelos, como señala Guillén, "lo que se hacía para castigar a las mujeres eran tratamientos de aislamiento en esas celdas de castigo o salas de catarsis que llamaban ellos". "Te daba electroshocks, te ponían camisa de fuerza, te forraban a medicamentos", concluye Paca, "porque había que curarte y la cura era ésa. Lo que era un psiquiátrico".
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