'Está todo inventado'
Mikel Herrán comparte la historia de Richard Temple-Nugent-Brydges-Chandos-Grenville: "Tenía más deuda que apellidos"
Muchos nobles han tenido que vender su patrimonio para poder hacer frente a las deudas que han generado debido a su tren de vida. Un ejemplo de ello este duque inglés que se convirtió en el más endeudado del mundo.

Una familia noble canaria ha decidido pagar su deuda con Hacienda entregando varios cuadros de Luca Giordano, Bartolomé Esteban Murillo y Juan Carreño de Miranda. Pero ¿es habitual que los nobles lleven a cabo este tipo de operaciones? Para responder a esta pregunta, El Intermedio cuenta con Mikel Herrán y 'Está todo inventado'.
El historiador aclara que la acción de estos nobles canarios "no es nada nuevo". "Desde la Edad Media tenemos a aristócratas que han tenido que buscar formas creativas de conseguir un poquito de 'cash'", indica. Herrán indica que los nobles tenían, poder, dinero, pero también "mucho gusto por gastar y muchos palacios que mantener".
Herrán cuenta que una forma habitual de conseguir solvencia era vender los derechos para recaudar las rentas. "Es decir, alguien te daba un saco de maravedíes y luego esa persona ya iría puerta por puerta recaudando el grano de una, las cabezas de ganado del otro...". Esto también suponía un riesgo ya que podría haber una mala cosecha, por ejemplo.
Si el recaudador perdía dinero y los nobles vivían por encima de sus posibilidades, esos ingresos no les daban para poder mantener ese tren de vida. "Así le pasó, por ejemplo, a los duques de Pastrana a principios del siglo XVII, que, después de 30 años con este truco del almendruco, pues la Cámara de Castilla tuvo que decretar un concurso de acreedores", expone.
El historiador indica que la estrategia de pagar impuestos con cuadros no es nueva, pero, en ocasiones, la deuda era tan grande que no era suficiente con "un par de Murillos". "Por ejemplo, en 1896, el Tribunal Supremo obligó a los duques de Osuna a sacar todos sus bienes a subasta para pagar sus deudas", explica.
Muchos de los cuadros que vendieron acabaron en colecciones públicas como, por ejemplo, la del Museo del Prado, pero, la mayoría, "se desperdigaron por colecciones privadas".
Este tipo de operaciones no eran extrañas, sobre todo en el siglo XIX, cuando se produjo la Revolución Industrial, donde se favorecieron las nuevas fortunas. "El caso más exagerado fue el del duque de Buckingham, que se llamaba Richard Temple-Nugent-Brydges-Chandos-Grenville", detalla el historiador. "Tenía más deuda que apellidos", añade.
El duque heredó una fortuna, pero la gastó muy rápido. En plena crisis económica decidió reformar el palacio de Stowe House y organizar una visita ara la reina Victoria y el príncipe Alberto, con todos los gastos pagados, un desfile militar y contrató a 400 lacayos para atender a sus Majestades.
Contrajo una deuda de un millón y medio de libras, lo que le convirtió en el duque más endeudó del mundo por no pagar. "Huyó del país y le dejó el marrón a su hijo, que la verdad es que pobrecito, que tuvo que vender más de 15.000 hectáreas que tenía repartidas por las Islas Británicas para hacer frente a la deuda", explica Mikel. Además, organizó una subasta donde vendió 800 cuadros, cubertería, muebles y 21.000 botellas de vino.
Muchos nobles británicos en el siglo XIX optaron por casarse con la hija de algún empresario estadounidense. "Por ejemplo", señala Herrán, "el duque de Marlborough se casó con Consuelo Vanderbilt, hija de la familia más rica del momento". La joven, además, venía con una dote de seis millones de dólares. El matrimonio fue muy infeliz, "pero, con tanto dinero, cualquiera se consuela".
Muchos nobles arruinados terminaron casándose con "ricachonas" estadounidenses, lo que hizo que se les pusiera un apodo a estas jóvenes: las princesas del dólar. "Se calcula que más de un tercio de la Cámara de los Lores británica se casó con una de estas princesas para poder costear sus gastos", indica el historiador.
*Sigue a laSexta en Google. Toda la actualidad y el mejor contenido aquí.