Otros casos en España

De Ramón, el gallego que pidió la eutanasia durante 30 años, a María, la valenciana que pudo morir en paz y sin dolor

El caso de Noelia Castillo ha puesto de nuevo sobre la mesa otros casos de muerte asistida o eutanasia que llamaron la atención de la sociedad. El de Ramón Sampedro no es el único.

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En España, son muchos los que recuerdan la historia del marinero gallego Ramón Sampedro, uno de los primeros españoles en pedir la legalización de la eutanasia. Entre los que no la recuerdan, puede que estén quienes la hayan visto en la aclamada película 'Mar adrentro', de Alejandro Amenábar, que se llevó 14 Premios Goya contando lo que Sampedro hizo en vida y lo que dejó como legado para el futuro. Tras 30 años inmovilizado en su cama —se quedó tetrapléjico con 25 años a raíz de una fractura cervical al lanzarse de cabeza al mar—, diseñó un plan extremadamente cuidadoso para que ninguna de las personas que lo ayudaron a morir fuera acusado de cooperación al suicidio.

Sampedro tenía claro lo que quería: "Que la persona que me ayude no sea castigada por ello". El gallego explicaba que el derecho de nacer parte siempre de una verdad, el derecho d e placer, mientras que el derecho de morir parte de otra, el deseo de no sufrir. Este es precisamente el deseo que tenía Noelia Castillo, la joven barcelonesa de 25 años que este jueves 26 de marzo, después de casi dos años de batalla judicial contra su padre, ha podido ejercer el derecho a eutanasia que la Justicia le había avalado en varias ocasiones. A raíz de su historia, han vuelto al debate otros casos como el de Sampedro.

En junio de 1988, mucho antes de que en España se aprobara la Ley de Eutanasia, Sampedro bebió agua con cianuro y pudo morir, dejando su fallecimiento grabado en vídeo. El plan de Sampedro no fue sencillo: 11 personas diferentes llevaron a cabo 11 acciones diferentes que le permitieron acabar con su vida.

Ninguna de estas acciones, en sí misma, era un delito: uno compró cianuro; otro analizó la proporción de cianuro necesaria; otro lo midió; el cuarto dejó el cianuro en un sitio; el quinto, recogió el cianuro para llevarlo a otro lugar; el sexto, preparó una mezcla y el séptimo, vertió la mezcla en un vaso. El octavo colocó una pajita en un vaso; el noveno dejó el vaso cerca de Sampedro. Una décima persona recogió una carta de despedida de Sampedro y la undécima, grabó su muerte. "Si la eutanasia habría sido legal, Ramón se habría ahorrado la chapuza de su muerte", llegó a asegurar su mujer, Ramona Maneiro. Porque Ramón Sampedro murió, pero no lo hizo sin dolor.

Quien sí murió sin dolor, a los 68 años y rodeada de su familia en un hospital de Valencia fue María, una mujer que no quería ser dependiente. Tras un intento de suicidio, solicitó ejercer su derecho a la muerte digna y cuando se lo aceptaron, lo vio como una "liberación". "Yo poco a poco voy perdiendo el control de todo, del habla, de subir las piernas, de todo...". A los 67 años había empezado a notar los síntomas y muy rápido ya necesitó una silla de ruedas: en un principio se creyó que podría ser Parkinson; luego confirmaron que tenía atrofia multisistémica, una enfermedad neurodegenerativa sin cura. En septiembre de 2021 recibió el diagnóstico y ese mismo día solicitó la eutanasia, que era legal en España desde hacía pocos meses.

El caso de Inmaculada Echevarría es diferente, aunque comparte con el de María algo muy importante: un proceso llevado a cabo por facultativos, con medidas necesarias para no sufrir dolor. Fue mucho antes de que la Ley de Eutanasia saliera aprobada del Congreso de los Diputados, en marzo de 2021: concretamente, 14 años antes. "Yo lo único que pido es la eutanasia": decía Inmaculada, tras 10 años necesitando un respirador para vivir. Siendo pequeña fue diagnosticada con una distrofia muscular que con 30 años la dejó prácticamente inmovilizada. "Mi vida no tiene más sentido que el dolor, la angustia de ver que amanece un nuevo día para sufrir, esperar que alguien escuche, entienda y acabe con mi agonía".

Ella no pedía que alguien la ayudara a morir, sino que la dejaran desconectarse del respirador que la mantenía con vida. Tras la autorización del consejo consultivo de Andalucía, el 14 de marzo de 2007 fue sedada y se le retiró el respirador. Dos años después, Andalucía sacó adelante la conocida como Ley de Muerte Digna, pionera en España, inspirada en la historia de Inmaculada.

Más mediático fue el caso de María JoséCarrasco, una mujer que después de tres décadas viviendo con esclerosis múltiple y a la espera de una Ley de Eutanasia que no dejaba de retrasarse, bebió pentobarbital sódico para morir. No lo hizo sola, porque ella no podía "ni coger un vaso", sino que la ayudó su marido, Ángel Hernández, quien llegó a pasar una noche en el calabozo por ayudar a morir a su mujer. Un año antes, Hernández ya relató a Gonzo en laSexta la terrible situación por la que estaban pasando y aseguró que si era necesario ayudaría a su mujer a irse.

Así relataba su infierno Ángel, el hombre detenido por ayudar a morir a su mujer: "Yo le presto mis manos"
Así relataba su infierno Ángel, el hombre detenido por ayudar a morir a su mujer: "Yo le presto mis manos"laSexta.com

"Ya estaba muy harta de la situación porque estaba sufriendo mucho y ha decidido suicidarse", dijo Ángel a los servicios de emergencia, a los que llamó tras ayudar a morir a su mujer. "La he ayudado yo a suicidarse, porque ella no podía con las manos y yo le he prestado mis manos". Para Ángel fue muy doloroso, no sólo por verla morir sino también por haber tenido que hacerlo él. Dos años antes de que se aprobara la ley, Ángel Hernández empezó a vivir todo un calvario judicial tras la muerte de su mujer. Su caso llegó a ser derivado a un tribunal de violencia de género. "Si existiera una Ley de Eutanasia yo no habría ayudado a mi mujer a morir".

El 30 de junio de 2021, cinco días después de la entrada en vigor de la legislación sobre la muerte digna en España, la Fiscalía de Madrid retiró la acusación contra Ángel Hernándezpor cooperación al suicidio y una semana después, la Justicia lo absolvió completamente de los cargos que le habían pesado desde la muerte de su mujer.

El caso de Francesc Augé se parece mucho más al de Noelia Castillo: sufrió dos infartos y cuatro ictus y tras varios informes médicos y comités de garantías, su solicitud para recibir la eutanasia fue aprobada. Pero su padre interpuso un recurso que paralizó el proceso: "La espera es agonía, no justicia", aseguraba a Andrea Ropero en laSexta. No entiende el recurso, lo que entiende es que no están respetando su decisión, algo que para la vocal de la Comisión de Garantía y Evaluación de la Eutanasia Núria Terribas, es algo "muy cruel". Desde que se aprobó la Ley de Eutanasia en España, más de 2.400 personas han solicitado acogerse al derecho a la ayuda para morir: un total de 1.123 han conseguido recibir la eutanasia hasta 2024.

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