GRAN MOTOR, LITERAL
Ni tricilíndrico ni motor de electrodoméstico: este Mazda 3 demuestra que aún hay coches como los de antes
Un Mazda accidentado ha demostrado lo que ya sabías: Que los motores de 2 litros son los mejores.

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El debate del downsizing ha vuelto a la mesa por un motivo tan poco glamuroso como revelador: un coche accidentado. El protagonista es un Mazda 3 de 2022 con apenas 10.500 kilómetros que ha terminado en un desguace tras un fuerte impacto frontal. “Se ha comido un pino”, resume Johnny, de Desguaces Motocoche. Aun así, lo interesante no es el golpe, sino lo que llevaba bajo el capó.
Ese Mazda 3 monta el conocido 2.0 Skyactiv-G de 122 CV, que es un cuatro cilindros atmosférico que hoy casi parece una rareza entre tantos tricilíndricos pequeños, turboalimentados y exprimidos hasta el límite.
Lo curioso es que, con tan pocos kilómetros, el coche ni siquiera había tenido tiempo de estrenar la etiqueta ECO, que en este caso le llega gracias a la microhibridación. No es un coche viejo ni fuera de norma. Es, simplemente, un coche hecho de otra manera más robusta.

Un motor que se impone a todos los demás
Johnny lo tiene claro cuando habla de este Mazda 3. El funcionamiento del motor es suave, silencioso y sin vibraciones, tanto, que al ralentí da la sensación de estar apagado. Nada de traqueteos, ni tampoco nada de ruidos raros ni de esa aspereza tan típica de algunos motores pequeños cuando trabajan fuera de su zona cómoda.
Aquí no hay milagros ni cifras infladas. Es un atmosférico de dos litros que entrega la potencia de forma progresiva y predecible. Si pisas el acelerador el coche responde como esperas, sin tirones ni retrasos. Algo que parece básico, pero que no todos los coches modernos pueden decir, especialmente los 1.0 o 1.5T.
El consumo, además, no es la animalada que muchos imaginan, porque en un uso normal ronda los 6,5 litros a los 100 km. Si se le exige de verdad, sube, claro. Puede irse a 12 o 13 litros, pero eso no es trampa ni engaño. Es simplemente física y sinceridad mecánica, que es algo que escasea en tiempos de cifras oficiales optimistas.

Calidad pieza a pieza
Otro punto que llama la atención es el interior, porque Johnny destaca lo bien hecho que está todo incluso después de desmontar piezas. No hay grillos, no hay holguras raras ni sensación de producto barato. El Mazda 3 transmite solidez, y eso no se consigue solo con diseño, sino con materiales y montaje.
Mazda lleva años jugando a su propia liga en este sentido, y este coche lo confirma. No parece pensado para aguantar un leasing de tres años y desaparecer, sino para envejecer con dignidad. Incluso el diseño exterior suma, con una mención especial al rojo perlado, que realza las líneas del coche y le da una presencia que muchos compactos actuales han perdido.
No es un coche deportivo ni que intente impresionar con golosinas visuales. Simplemente está bien hecho, que es lo que define a un coche memorable al final, porque todos recordamos aquel tanque familiar del 1999 más que, por ejemplo el MG ZS.

Una pregunta incómoda para los fabricantes
La reflexión final es casi inevitable, y es que si un gasolina de dos litros puede ofrecer suavidad, fiabilidad, consumos razonables y etiqueta ECO, ¿tiene sentido apostar siempre por motores pequeños, apretados y llenos de soluciones intermedias?
Este Mazda 3 Skyactiv-G no va de modas ni de titulares. Va de equilibrio, y por eso resulta tan interesante, porque demuestra que, incluso hoy, todavía existen coches modernos con sensaciones mecánicas de las de antes. Visto lo visto, igual no es mala idea empezar a valorarlos más en serio.
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