El Vaticano se ha declarado en contra de las llamadas terapias de conversión LGTBI, según recoge el semanario católico Vida Nueva. Roma rechaza este tipo de prácticas llevadas a cabo por organizaciones como Verdad y Libertad donde hay sacerdotes y también laicos.

La Santa Sede niega cualquier vinculación con ellas y anima a denunciar a quienes se hayan visto afectados por iniciativas así. El Vaticano desaprueba estas terapias, entre otras cosas, por la metodología que emplean para 'convertir' a los gays en heterosexuales.

En la investigación de la publicación Vida Nueva detallan en qué consisten estas terapias. Primero hablan de unos 270 días bajo control directo de un mentor en una especie de curso. La clave es evitar caer en lo que llaman tres 'p': porno, paja, puto; consumo de material pornográfico, masturbación y relaciones con hombres.

Además, completan estas terapias con medicación a golpe de fármacos que rebajarían la libido y, por último, se propone a los 'pacientes' situarse desvestidos frente al espejo repitiendo un mantra que buscaría exaltar la masculinidad.

¿Exaltar la masculinidad? Hacerse el machote, todo un clásico de este tipo de prácticas con las que la Iglesia ha intentado durante muchos años 'curar' la homosexualidad.

En 2008, un hombre denunció en laSexta lo que vivió durante 12 años de terapia. "Cuando veas una película y salga la imagen de un hombre en pijama, o sin él, tú tienes que apartar tu vista. Haz deportes y, si son bien masculinos, mucho mejor", le decían.

En 2019, el Obispado que preside Reig Pla ofertaba su propio cursillo. Un periodista de eldiario.es se hizo pasar por cliente y grabó lo que le recetaban. Para empezar, ejercicio y autocontrol. "Tienes que hacer más ejercicio, tienes que dejar la pornografía. Tienes que empezar a gobernarte a ti mismo", le indicaban.

Es periodista infiltrado contaba que en aquella terapia le ponían deberes. Desde un correo corporativo del Obispado le mandaban vídeos en los que hablaban de disparates como "masculinidad dormida y no cultivada". También tenía que leerse un libro de 400 páginas lleno de sandeces de un pseudocientífico. En este caso, la Diócesis de Alcalá de Henares, en Madrid, argumentó que ellos orientan a cualquier persona que se lo pidan.

Con esa misma idea, José Ignacio Munilla, obispo de San Sebastián, presumía de haber convertido a un gay en heterosexual. Alardeaba de ello en la tele vasca: "Llevo con uno de ellos cerca de año y medio y ha cambiado completamente. No es homosexual".

Hasta hace nada, el mensaje de la Iglesia española sobre el colectivo LGTBI podía verse en sermones como el que pronunció Juan Antonio Reiga Pla en 2012. "Quisiera decir una palabra a aquellos llevados por tantas ideologías que acaban por no orientar bien qué es la sexualidad humana. Piensan desde niños que tienen atracción hacia las personas de su mismo sexo y, a veces, para comprobarlo se corrompen y se prostituyen, o van a clubs de hombres nocturnos. Os aseguro que encuentran el infierno", sentenciaba.