Anatomía de...
El truco de Nuria Roca para no perderse la fiesta en la Ruta del Bakalao aunque no aguantara en pie toda la noche: "Me levantaba a las 6 a.m."
La presentadora recuerda en Anatomía de... cómo conseguía disfrutar del ambiente de la Ruta del Bakalao sin enlazar toda la noche de fiesta gracias a una estrategia muy particular... que también llevaba a cabo Cristina Tárrega.

La Ruta del Bakalao no solo revolucionó la música electrónica y el ocio nocturno en Valencia, sino también la forma de entender la fiesta. Durante años, sus discotecas permanecían abiertas prácticamente sin descanso desde el jueves hasta el lunes, dando lugar a jornadas maratonianas que atrajeron a miles de personas (unas 40.000) cada fin de semana.
Así lo recuerda Anatomía de..., que viaja al pasado y recorre la carretera del Saler en este reportaje. Solo en Barraca, una de las salas más emblemáticas de la Ruta, se reunían entre 7.000 y 8.000 personas cada fin de semana, una cifra similar a la de otros locales históricos situados en las proximidades.
Uno de los grandes secretos de su éxito era la ausencia de límites horarios. La cultura del 'after' (y la del botellón) nació allí y, durante años, no existía una normativa que fijara la hora de cierre de las discotecas.
"Si no hay ley de espectáculos, no hay horarios que regulen la actividad", explica Vicente Pizcueta, promotor de varias salas de la Ruta entre 1983 y 1997. Según relata, era habitual que la Guardia Civil acudiera para pedir el cierre de los locales, aunque él cuestionaba esa petición: "¿Por qué hay que cerrar? ¿Qué ley hay que cumplir? ¿Porque me lo digas tú? Tú eres un ciudadano como yo".
Finalmente, las restricciones llegaron por una vía diferente: la "salubridad". Los locales estaban obligados a cerrar durante dos horas entre sesiones para poder realizar las tareas de limpieza.
Clemente Martínez, también promotor de varias discotecas de la Ruta entre 1983 y 1997, recuerda cómo adaptaron la fiesta a esa obligación. "Ahí se llevó a cabo un experimento. Con toda la gente dentro, a la hora del cierre por normativa cerrábamos el tiempo suficiente, sin servir copas y con la música parada hasta que volvíamos a abrir y la fiesta continuaba". Según explica, prácticamente nadie abandonaba el recinto. "Allí no se movía ni dios".
Quienes se quedaban fuera aguardaban en el parking hasta la reapertura y, con el tiempo, muchos asistentes acudían directamente para esperar el comienzo de la siguiente sesión.
Entre quienes frecuentaban la Ruta estaba Nuria Roca. La presentadora reconoce que nunca fue capaz de aguantar de fiesta durante toda la noche como hacían algunos de sus amigos. "Había gente que aguantaba toda la noche. No sé si se drogaban o no, entiendo que sí. Pero aguantar toda la noche a mí me parecía superpesado, no me parecía ni divertido".
Para no perderse el ambiente sin trasnochar, encontró una fórmula muy sencilla: madrugar. "Me levantaba a las 6 a.m y a las 7 estaba allí", recuerda entre risas.
Una estrategia que también seguía Cristina Tárrega, otra de las habituales de la Ruta durante aquellos años. "Y te ibas a dar una vuelta. Te tomabas algo y escuchabas canciones o bailabas. Te plantabas a las 8 h o las 9 h en la discoteca con todo el perfume puesto", rememora.
*Ya disponible Anatomía de... el fin de la Ruta en atresplayer.com