Aún existe

Así es la "oficina de famosos", el departamento de Hacienda que investigó a Lola Flores, revista de corazón en mano

Sin bases de datos ni herramientas digitales, los inspectores revisaban revistas del corazón y periódicos para rastrear ingresos de celebridades como Lola Flores y detectar posibles fraudes fiscales. Así era la "oficina de los famosos" que hoy investiga Anatomía de...

Así es la "oficina de famosos", el departamento de Hacienda que investigó a Lola Flores, revista de corazón en mano

Anatomía de... se adentra en este reportaje, que analiza los problemas de Lola Flores con Hacienda, en uno de los departamentos más peculiares de la historia reciente de España: la conocida como "oficina de famosos", la unidad que investigó a artistas, deportistas y celebridades en un país que no conocía la conciencia fiscal.

Mamen Mendizábal recuerda que algunas herramientas de la Agencia Tributaria han evolucionado enormemente con el paso de las décadas, pero otras tienen su origen precisamente en aquellos años de transformación. Entre ellas, ese curioso grupo especializado.

José María Peláez, inspector de Hacienda desde 1979, explica que aquella unidad existió desde los primeros momentos de la reforma tributaria. "Con diferentes nombres, pero llamémosle oficina de famosos o grupo de funcionarios que captan información de donde haga falta de los famosos", resume.

Sin embargo, Josep Borrell rechaza esa denominación. El que fuera secretario de Estado de Hacienda entre 1984 y 1991 prefiere hablar de una "oficina de grandes contribuyentes" y defiende que eso de que iban a por los famosos era "una leyenda urbana".

Lo que sí existía, según explica Dani Cervera, jefe de Economía de laSexta Noticias, era un equipo de inspectores dedicado a rastrear posibles ingresos de celebridades para contrastarlos posteriormente con sus declaraciones fiscales.

"Su misión era analizar revistas, periódicos deportivos y deducir dónde podía haber ingresos para después comparar", explica el periodista. Si un cantante aparecía anunciado en una actuación o un futbolista protagonizaba una noticia relacionada con primas o contratos, los inspectores intentaban comprobar si esos movimientos económicos habían sido correctamente declarados.

La metodología resulta hoy casi inimaginable. Sin ordenadores, sin bases de datos y sin acceso instantáneo a la información, los funcionarios trabajaban con las revistas en la mano. "¿Qué fuente de información había? La revista del corazón, Interviú, Semana y todo lo que se publicaba en los medios de comunicación", recuerda Peláez. Cada aparición pública de un famoso se anotaba manualmente en fichas. Conciertos, campañas publicitarias o exclusivas acababan formando parte de un enorme inventario de posibles ingresos.

Mamen Mendizábal sostiene una revista del corazón y pregunta incrédula al inspector: "¿Me estás diciendo que la principal fuente de información de un grupo de funcionarios de Hacienda era, por ejemplo, esto? ¿La portada del ¡Hola!?". "Sí, sí, correcto. La principal o una de las principales. Las revistas del corazón", confirmar el inspector. Los inspectores repasaban página por página cada publicación buscando pistas. "Lola Flores, concierto en Sevilla. Raphael, actuación aquí...", ejemplifica la presentadora. Peláez confirma el procedimiento: "Correcto. Página por página".

El caso de Lola Flores comenzó precisamente de esta manera. "No había ninguna pista del fraude de Lola Flores hasta que el grupo de inspectores de famosos empieza a mirar las revistas del corazón", señala Mamen Mendizábal. "Correcto", responde Peláez. El inspector explica que la alarma saltaba cuando Hacienda detectaba ingresos relevantes en personas que no presentaban declaración del IRPF o cuyas declaraciones no coincidían con la actividad observada. "Si no presentaba declaración de IRPF, era el primer candidato", resume.

La vigilancia sobre artistas, deportistas o personajes públicos respondía, según Hacienda, a una cuestión de recursos. La Administración concentraba sus esfuerzos en aquellos sectores donde consideraba que existía una mayor probabilidad de fraude.

Eso no significaba perseguir indiscriminadamente a todos los famosos, matiza el inspector. El control se dirigía hacia quienes mostraban indicios de irregularidades. "Aquel que se descarría, se le llama", afirma.

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