crisis por la vivienda
Maricarmen canta el ‘chotis del ladrillo’ y reivindica su historia: "Me compré un piso a los 21 años y me lo quitaron a los 69"
Maricarmen tiene 76 años y una historia que contar: compró su piso en Alcorcón a los 21 y lo perdió casi cinco décadas después tras avalar a su hijo. Hoy vuelve a la calle para reclamar el derecho a una vivienda.

En la Puerta del Sol no dejan de llegar personas para protestar por el acceso a la vivienda. La plaza se sigue llenando de tiendas y manifestantes y, detrás de cada uno de ellos, hay una historia. Una de ellas es la de Maricarmen, tiene 76 años y sabe bien lo que significa perder una vivienda que creías que sería para toda la vida.
Maricarmen tenía apenas 21 años cuando compró su piso en Alcorcón. Se casó, se fue a vivir allí y, con esfuerzo, consiguió pagarlo: "Me casé y me fui a Alcorcón a vivir en mi casa y la pagué".
Pero décadas después, aquella vivienda que había comprado siendo apenas una joven terminó en una subasta. En 2019, su hijo pidió una hipoteca y Maricarmen decidió avalarle. Durante diez años, él estuvo pagando el préstamo, hasta que dejó de hacerlo.
Entonces comenzó su particular batalla: "En 2019 pasa que mi hijo pidió una hipoteca y me hicieron ser avalista de esa hipoteca. Mi hijo pagó diez años esa hipoteca, pero dejó de pagar y entonces me subastaron los dos pisos".
El banco sacó ambas viviendas a subasta. La de su hijo no encontró comprador, pero la de Maricarmen terminó en manos de un subastero por 58.000 euros: "Un piso que me compré cuando tenía 21 años y me lo han quitado a los 69".
La deuda inicial de su hijo rondaba los 18 millones de pesetas, unos 110.000 euros. La situación llegó a poner en riesgo no solo las dos viviendas, sino también su patrimonio. Pero Maricarmen decidió plantar cara y, acompañada por la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), consiguió finalmente liberarse de aquella deuda.
Su historia comenzó años antes, en 2009, cuando se inició lo que ella misma describe como "todo este horror". Lejos de quedarse de brazos cruzados, decidió implicarse y convertirse también en activista. Con un abogado de oficio, comenzó a reclamar por las cláusulas abusivas de las hipotecas.
Y consiguió que algunas de esas cláusulas fueran reconocidas como abusivas, una batalla que, asegura, también terminó beneficiando a otras personas.
A pesar de todo lo vivido, Maricarmen habla de su historia con una sonrisa. Y encuentra incluso una manera muy madrileña de reivindicar su lucha: cantando.
"Venga, voy a cantar el chotis del ladrillo, que soy madrileña", dice antes de arrancarse a cantar: "La madrileña es una firme decidida. Muchas miles hay que piden que en Madrid pongan freno a esas casas que hay vacías. Una ley, digan que son para vivir".