El adiós de Díaz
Yolanza Díaz, la niña a la que las reuniones clandestinas del PCE de su padre convirtieron en antifascista y llegó a la Moncloa
Los datos Nació en Ferrol, en el seno de una familia trabajadora, antifascista y comprometida con el activismo político.

Resumen IA supervisado
Yolanda Díaz ha anunciado que no será candidata en las elecciones generales de 2027, marcando su adiós al liderazgo de Sumar, aunque continuará como ministra de Trabajo hasta alcanzar sus objetivos. A pesar de su retirada, Díaz reafirma su compromiso con los derechos laborales desde dentro y fuera del Gobierno. Conocida como "la mejor ministra de Trabajo", Díaz proviene de una familia trabajadora y antifascista de Ferrol, Galicia, con un fuerte legado político y activista. Su trayectoria política comenzó en el Parlamento Gallego, y en 2023 fue nombrada vicepresidenta segunda del Gobierno. Aunque da un paso al lado, sigue en el Gobierno y mantiene su vinculación con el Partido Comunista.
* Resumen supervisado por periodistas.
Este miércoles, Yolanda Díaz anunciaba su adiós. No volverá a ser la candidata del nuevo Sumar. No se presentará a las elecciones generales de 2027 como líder del nuevo proyecto de la izquierda. Eso sí, seguirá en el Gobierno hasta que aguante o consiga sus objetivos como ministra de Trabajo. Luego, dejará la política.
"Esta mañana he comunicado mi intención de no repetir como candidata en las próximas elecciones generales", ha explicado la ministra y vicepresidenta tanto por escrito como en un vídeo publicado en redes sociales. Pese a su adiós, muy meditado, no ha dudado en subrayar su compromiso con los trabajadores asegurando: "Voy a seguir trabajando desde el Gobierno y desde fuera del Gobierno por vuestros derechos".
Sus compañeros y políticos de izquierdas no han tardado en definirla como "la mejor ministra de Trabajo" de la historia. Como una mujer de diálogo y debate, con la que siempre se podía hablar, pues por encima de todo, Díaz es una política comprometida que seguirá apoyando el proyecto para unir a la izquierda.
Algo que, quizás, le venga de su familia. De lo que ha mamado desde el día que llegó al mundo. Porque Yolanda Díaz nació en Ferrol, en el seno de una familia trabajadora, antifascista y muy comprometida socialmente.
Su madre, Carmela, y su padre, Suso, fueron muy activos tanto en cuestiones de política como en temas de activismo. De hecho, durante la dictadura, su padre acabó entrando en prisión. Los valores, la conciencia obrera, le vienen de ahí. De ver cómo su padre primero militaba en el clandestino Partido Comunista, para acabar dirigiendo el sindicato CCOO en Galicia.
Díaz, Galicia y su familia

Y es que, la que ahora llaman "mejor ministra de Trabajo", fue una niña que creció asistiendo a reuniones clandestinas. Su primer paso en política fue entrar en el Parlamento Gallego, para apelar directamente al ahora líder del PP, Alberto Núñez Feijóo. Desde allí, le lanzaba preguntas como: "Señor Feijóo, ¿usted cree que esto pasa en un país normal?".
Ahí, en su tierra, Yolanda Díaz estudió derecho y forjó su trayectoria y faceta política antes de dar el salto al ámbito nacional. Y en tan solo unos años, esa hija de obreros acaba convirtiéndose en ministra de Trabajo.
En 2016, llega al Congreso con un objetivo. Así lo definió: "Podemos cambiar las condiciones de vida de los trabajadores y trabajadoras". Ya en 2023, fue nombrada vicepresidenta segunda del Gobierno, manteniendo la cartera de Trabajo.
Al recibir la cartera de vicepresidenta segunda, en 2023, no se olvidó de dar las gracias a su familia. "Permítanme hacer una mención a quienes más me conocen y a quienes más quiero. Mi familia", dijo mientras intentaba aguantar la emoción.
Porque para su familia, especialmente para su hija, confiesa sacar siempre tiempo. Carmela, Carmeliña para Díaz, es su prioridad. "Tendré que tener una conversación íntima (...) con una criatura que se llama Carmela, que es mi hija, y con la que despacharé para que me diga ella qué hago con mi vida", ha llegado a decir.
Parece que desde este miércoles Yolanda Díaz ya sabe qué va a hacer con su vida. Ha dado un paso al lado para buscar un relevo del liderazgo de izquierdas. Continúa en el Gobierno, sigue siendo la ministra de Trabajo y, además, mantiene su carnet del Partido Comunista por el que su padre tanto peleó.
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