Pau Donés, y por ende su grupo, Jarabe de Palo, estaban en lo más alto en 2015. Habían sacado un disco solo un año antes, 'Somos', por el que habían recibido tres nominaciones a los Grammy y estaban realizando una gira de conciertos por España y América. Sin embargo, unos dolores de barriga en agosto de ese año hicieron que Pau se decidiera a ir al médico, algo poco frecuente según lo que él mismo ha contado alguna vez.

Esa visita lo cambió todo: para él, para sus compañeros de banda y para sus fans de todo el mundo. Ese día, Donés recibió la impactante noticia de que sufría cáncer, una enfermedad que solo en 2020 se diagnosticó a 277.394 personas, de acuerdo con las cifras de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM).

"El cáncer es como un fantasma que aparece sin apenas avisar, sin motivo aparente, por eso es importante estar atento", dijo el músico en ese momento a través de las redes sociales. En su caso, se trataba de un cáncer de colon, una enfermedad por la que se forman células malignas (cancerosas) en los tejidos del colon, que es una parte del intestino grueso. Los siguientes síntomas son algunos de los más comunes entre los pacientes con este tipo de cáncer: sangre en las heces, diarrea, estreñimiento, sensación de cansancio, pérdida de peso sin razón conocida, vómitos o dolor frecuente ocasionado por gases, según explica el Instituto Nacional del Cáncer.

Solo cuarenta días después, a Pau le detectaron 14 bultos en el hígado. Fue intervenido hasta dos veces en el Hospital Vall d'Hebron de Barcelona y tuvo que recibir sesiones de quimioterapia. Lógicamente, Jarabe de Palo decidió parar su actividad y cancelar todos los conciertos que tenía previstos, hasta que el cantante anunció que se había recuperado del cáncer que padecía, que estaba "limpio".

Sin embargo, en febrero de 2017 Donés anunció en su blog personal que se le había detectado un nuevo tumor, en este caso en el peritoneo. "En el último control los marcadores han subido. Me hago un TAC (escáner) y escondido en el peritoneo encuentran un pequeño tumor", comentó el artista.

Con la música hasta el final

A pesar de esta recaída, Donés creyó que no debía parar de componer y de actuar, como no si no hubiera mejor tratamiento para él que la música. Por eso, en marzo de 2017 realizó la gira de presentación de su undécimo álbum, '50 palos', al mismo tiempo que presentó su autobiografía, '50 palos: … y sigo soñando'.

Así siguió hasta que su cuerpo, en octubre de 2018, le pidió parar. En ese momento anunció que dejaría la actividad musical de forma indefinida para centrarse en el tratamiento del cáncer. En 2019 se refugió en Santa Mónica (California, Estados Unidos) junto a su hija Sara, aunque ni siquiera allí dejó de componer.

En esa época Donés tuvo la oportunidad de compensar sobre el escenario la labor de los médicos que le habían ayudado en su enfermedad y el apoyo de toda la sociedad. Lo hizo viajando a Barcelona para participar en dos conciertos benéficos con los que contribuyó a recaudar fondos para la investigación contra el cáncer.

Ya en 2020, y sabiendo que la evolución de su enfermedad no era favorable y que le quedaban pocos meses de vida, Pau Donés decidió adelantar la publicación de su último álbum, 'Tragas o escupes', que en principio iba a salir en septiembre pero que finalmente vio la luz en mayo para que el artista pudiera disfrutarlo junto a su público.

Solo medio mes después, el 9 de junio de 2020, Pau fallecía en su casa de Baguergue, en el Valle de Arán, Lleida, rodeado de sus seres queridos, según lo que anunció su familia en las redes sociales. Él se fue, víctima de una enfermedad que no mira el nombre, la fama ni la edad del que la padece, pero el legado que nos deja Pau es incalculable. Mucho más allá de su música.

Su actitud frente al cáncer, siempre a la altura de su talento

La entereza con la que el cantante llevó su enfermedad desde el principio lo acabó de consagrar como un referente para la sociedad. A lo largo de los cinco años en los que tuvo que convivir con ella, aseguró que esto no le cambiaría la vida, que no dedicaría más de cinco minutos al día a pensar en sus dolencias e incluso se inventó un apodo para el cáncer, como una forma de restar importancia a lo que estaba padeciendo: el 'cangrejo'

Además, Donés negó siempre que lo suyo fuera una lucha contra el cáncer: más bien era una "convivencia", decía. Tampoco tuvo problema en hablar con naturalidad de una enfermedad que, según él, "sigue estando muy estigmatizada" y sobre la que no hay que tener miedo. Desde luego, él no lo tuvo. Que su historia sirva como ejemplo para todos.