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Parece Islandia pero está en Navarra: la reserva natural de pozas turquesas que tienes que visitar
Se llega por una ruta de 6,2 kilómetros entre hayas, que en octubre y noviembre cambian de color.

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En la sierra de Urbasa, en Navarra, hay un río que no viene de lejos: nace aquí mismo, de la roca, con un agua turquesa que parece retocada en las fotos y no lo está. Es el Nacedero del Urederra, y para verlo hay que reservar.
Si te gustan las pozas de agua turquesa, hace poco te contábamos de un pueblo de Valencia con puentes colgantes y una poza turquesa, pero este rincón navarro se visita con reserva previa.
De dónde sale ese color
El agua de lluvia y de nieve se filtra durante años por la roca caliza de la sierra de Urbasa, circula por galerías subterráneas y vuelve a salir a la superficie en este punto. Sale cargada de carbonatos y tan transparente que deja ver el fondo de piedra clara. De ahí el turquesa.
Desde el manantial, el río baja encajonado y forma una sucesión de pozas y pequeñas cascadas durante sus primeros dos kilómetros. No es un salto único y espectacular, sino una escalera de agua que pasa del turquesa al esmeralda según la luz y la profundidad. Urederra significa, en euskera, “agua hermosa”.
Una reserva natural protegida desde 1987
El paraje es la Reserva Natural del Nacedero del Urederra, de 119 hectáreas, dentro del Parque Natural de Urbasa y Andía. Se declaró reserva en 1987, y desde 2014 el aforo está limitado y hay que reservar la entrada por internet.
La presión de visitantes explica la medida. En 2017 fue el espacio natural más visitado de Navarra, con 150.000 personas, según el Gobierno de Navarra.
La ruta, paso a paso
El sendero parte del área de acogida de Baquedano, en el valle de Améscoa Baja, y es un ida y vuelta de 6,2 kilómetros con unos 90 metros de desnivel. La dificultad es baja-media y se hace en dos o tres horas, contando las paradas para mirar.
Está bien señalizado y no exige experiencia, así que es apto para ir con niños, siempre vigilados. El camino baja suave del pueblo hasta el río, así que lo cómodo viene al principio y la cuesta, a la vuelta.
Conviene llevar calzado de montaña, porque cerca de las pozas el suelo es irregular, con raíces y piedra, y la humedad lo deja resbaladizo. Hay puentes de madera y portillos para el ganado que hay que volver a cerrar. En todo el recorrido no hay fuentes ni bares, así que se sube con agua y algo de comer. El tramo final, el del propio manantial, está restringido para proteger el nacedero.
Cómo reservar
La entrada a la reserva es gratuita, pero hace falta reservar online y elegir horario. El aparcamiento de Baquedano está automatizado y es de pago (en 2026, unos 5 euros para coches), y no se puede entrar a él sin reserva.
El aforo se agota sobre todo en fines de semana y puentes de otoño. Lo mejor es ir un día de diario y temprano, para tener el espacio casi para ti solo. Y recuerda que no se puede bañar ni salirse del sendero.
Por qué en otoño
El sendero discurre todo el rato entre hayas, y a partir de octubre el verde se convierte en una gama de amarillos, ocres y rojizos que se refleja sobre el agua turquesa. La luz entra más baja y tamizada, y el contraste entre el dorado de las copas y el azul del agua llena las cámaras.
Además, el otoño trae agua, y el nacedero recupera fuerza después del estiaje. Octubre y noviembre suelen ser la mejor apuesta. El inconveniente: es temporada alta, así que conviene reservar con antelación.
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