Vitoria, 3 de marzo de 1976
Andoni Txasko, victima de la "brutal" represión policial de Vitoria en 1976: "Me agarraron para que no me pudiera cubrir"
El 3 de marzo de 1976, la represión policial dejó cinco muertos y más de cien heridos en Vitoria. Cincuenta años después, Andoni Txasko, víctima de aquella violencia, denuncia que lo ocurrido fue algo premeditado: "No sabía si era sangre si eran lágrimas o qué".

Tras la muerte de Franco,en marzo de 1976, en Vitoria, trabajadores en huelga celebraban asambleas para exigir mejoras salariales y derechos laborales. Una de ellas tuvo lugar en la iglesia de San Francisco de Asís, donde la Policía Armada irrumpió y disolvió la reunión a tiros.
La sangre corrió por las calles y el resultado fue trágico: cinco trabajadores asesinados y más de un centenar de heridos. Para muchos, fue la prueba de que el franquismo seguía golpeando incluso después de la muerte del dictador.
Al día siguiente, 4 de marzo, se convocó una nueva asamblea para responder a los asesinatos. La ciudad amaneció paralizada. Así lo recuerda Andoni Txasko, portavoz de 'Martxoak 3 Elkartea' (Asociación 3 de Marzo ) y víctima de la represión policial.
"Había un silencio sepulcral, no había ningún tipo de alteración del orden", relata. Salió con cuatro compañeros para comprobar cómo había quedado la zona de la masacre. "Estábamos viendo las barricadas cuando vimos que venía un autobús de la policía con dos jeeps", recuerda.
Andoni sintió miedo. Desde niño apenas veía por un ojo y temía que los golpes pudieran dejarle completamente ciego. "Mi intuición fue taparme la cabeza para protegerme la cara, pero empezaron a golpearme brutalmente", cuenta. Suplicó que lo detuvieran, que hicieran con él lo que quisieran, pero que dejaran de golpearle. "Ante eso el ensañamiento fue mayor. Me agarraron los brazos para que no pudiera cubrirme y todos los golpes fueron a la cabeza. Uno entró directamente en el ojo sano. Me dejaron en blanco, no veía nada, una luz una nube blanca pero no veía nada, sentía como un lagrimeo, no sabía si era sangre si eran lágrimas o qué", relata.
La Policía Armada lo dejó atado a una farola con un alambre. Fueron los vecinos quienes lo trasladaron al hospital. Al día siguiente, el dolor era insoportable. "Me estaba arrancando los pelos de la barba a tirones. En un momento intenté mirar la hora, y como no veía nada, tiré el reloj con rabia e impotencia", rememora. Aquella paliza lo dejó prácticamente ciego.
Cinco décadas después, Andoni sigue convencido de que tanto su agresión como la masacre del 3 de marzo no fueron hechos aislados, sino acciones premeditadas en un contexto en el que la represión seguía muy presente.
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