Vitoria, 3 de marzo de 1976
"Tengo que bajar, mis hermanos están dentro": las últimas palabras de Pedro María Martínez Ocio, antes de ser abatido en la masacre de Vitoria
Pedro María Martínez Ocio no estaba en la asamblea obrera del 3 de marzo de 1976. Observaba desde el balcón junto a su novia lo que ocurría frente a la iglesia de San Francisco de Asís cuando decidió bajar a ayudar. Su sobrina, Nerea, recuerda la brutal masacre que acabó con su vida.

En marzo de 1976, en Vitoria, miles de trabajadores en huelga se reunían en asambleas para reclamar mejoras salariales y derechos laborales. Una de ellas se celebraba en la iglesia de San Francisco de Asís cuando la Policía Armada irrumpió y la disolvió a tiros. El balance fue devastador: cinco trabajadores asesinados , Francisco Aznar (17 años), Romualdo Barroso (19), Pedro María Martínez Ocio (27), Bienvenido Pereda (30) y José Castillo (32), y más de un centenar de heridos. Para muchos, aquella jornada evidenció que la represión seguía muy presente tras la muerte de Franco.
En laSexta Columna, se reconstruye aquel día a través de los testimonios de quienes lo vivieron. Félix Placer, sacerdote que participó en las protestas, recuerda el pánico vivido: "La gente no podía respirar. Se rompieron ventanas para intentar coger aire y, cuando empezaron a salir, fuera estaba la policía disparando a fuego raso contra la masa".
Iñaki Martín, entonces representante sindical, relata la crudeza de la actuación policial: "Había una hilera de policías y, según salían, los molían a palos. Algunos se pusieron rodilla en tierra para disparar. No tiraban al aire, tiraban a los cuerpos". Uno de los hombres que cayó abatido fue Pedro María Martínez Ocio. Su sobrina, Nerea Martínez, reconstruye aquellos instantes.
Pedro no había acudido a la asamblea, pero su novia vivía frente a la iglesia y ambos observaban desde el balcón lo que sucedía: "Vio cómo dejaban entrar a los trabajadores, cómo cercaban la iglesia y lanzaban botes de humo. Cuando la gente intentaba salir porque no podía respirar y los estaban golpeando y disparando, dijo: 'Yo tengo que bajar, tengo que ayudar, mis hermanos están dentro’".
Bajó a la calle e intentó romper el cordón policial que rodeaba la iglesia. "Le dieron un tiro y lo abatieron allí mismo", relata su sobrina.
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