"... los huevos solemos dejarlos fuera"

El comentario de Manu Sánchez a su mujer cuando le ofrecieron una prótesis de testículo tras el cáncer: "Gorda, lo que tú me digas, pero..."

El humor negro de Manu Sánchez, quien después de pasar por un cáncer tiene un solo testículo (como Hitler y Franco) sigue sorprendiendo a Jordi Évole.

El comentario de Manu Sánchez a su mujer cuando le ofrecieron una prótesis de testículo tras el cáncer: "Gorda, lo que tú me digas, pero..."

El teatro está lleno y las cámaras de Lo de Évole siguen grabando esta insólita conversación que ya se acerca a su apoteósico final. No es una entrevista al uso: es un híbrido entre confesión, espectáculo y charla de camerino con más de 2.000 testigos. Sobre el escenario, Jordi Évole y Manu Sánchez ofrecen un espectáculo de temas muy serios e incómodos salpicados con humor negro y andaluz. Hace apenas unos minutos, el cómico -que sigue en tratamiento por un cáncer de testículos- ha bromeado sobre otros ilustres tuertos testiculares como Hitler, Napoleón o Franco y, envalentonado por estos referentes, ha fantaseado con el "imperio andaluz".

Manu Sánchez no es solo un humorista; es un comunicador con instinto de cronista y activista cultural con predilección y talento natural por la ironía fina. Lleva años combinando risa y crítica social con una naturalidad poco frecuente. Esta noche, pone el foco como siempre en la política y en la identidad andaluza, pero también en algo mucho más íntimo: cómo se vive cuando el cuerpo te da un susto serio y, de pronto, te conviertes en "el enfermo" de la pandilla.

El rol del enfermo, los pésames y los "no pasa nada"

"Tú tienes ahora un rol que la mayoría, por suerte, no tenemos", le plantea Évole, "y es ver cómo te tratan como enfermo. Es decir, cómo los demás encaramos eso cuando nos encontramos contigo, cuando no sabes cómo sacar el tema". "Hay gente que viene y te da directamente el pésame". El teatro reconoce la escena. Porque todos hemos sido ese torpe bienintencionado que aprieta el brazo más de la cuenta o quizá hemos estado en el lado de a quien le aprietan de más el brazo.

Luego está la otra tribu, la del optimismo obligatorio, la del "todo va a salir bien". "Eso es horroroso", sentencia, y lo explica sin dramatismos: cuando uno ya ha hecho el ejercicio mental de despedirse, cuando ha asumido que puede no despertar, que todo sea "prórroga" como en una segunda parte de 'El padrino' -que es la peli buena-, lo último que necesita es un eslogan de taza de desayuno. "Sabes que vienen dolores, sufrimientos, secuelas... Y viene alguien y te dice: 'Venga, que no pasa nada'. ¿Que no pasa nada? Yo te voy a dar una patada en la cara", comenta.

Lo que pide no es heroísmo ni enfermeros. Es compañía honesta. "Quillo, esto es una putada, esto va a doler. Vamos a aguantarlo, aunque sea mordiendo un palo". Ahí están los amigos de verdad, los que no niegan el parte médico pero se quedan a hacer guardia. Porque "van a pasar un montón de cosas, y algunas muy desagradables". Nombrarlas no las agrava; las coloca en su sitio.

El humor negro que no todo el mundo tiene que tener

En ese punto, la conversación se abre a algo más amplio: la presión social de ser "el enfermo ejemplar". "Tengo la sensación de que, como sociedad, premiamos mucho a quien se toma la enfermedad con mucho humor negro", comenta Évole. Y claro, en casa hay quien piensa: "Hostia, pues yo no me lo estoy tomando así". Y eso es algo completamente normal. No todo el mundo tiene que convertir la quimio en monólogo. Él tuvo que contarlo porque cancelaba espectáculos; otros no tienen por qué dar explicaciones públicas.

Sin embargo, en su caso, compartirlo acabó siendo terapéutico. De entrevista en entrevista, de chiste en chiste para "quitarle hierro", surgió la idea de llevarlo al escenario. Y en esa exposición aparece también el cuerpo.

"Pues mire usted, tengo un huevo"

"Pues mire usted, tengo un huevo", dice con naturalidad. Con la misma naturalidad que habla de lo que ocurrió cuando le ofrecieron una prótesis con discreción hospitalaria. "Voy a hablarlo con mi mujer, voy a hablarlo con Lorena. Porque, siendo realista, esto lo vamos a ver ella y yo", le dijo al equipo en su momento. "Gorda, yo lo que tú me digas, pero los huevos solemos dejarlos fuera", le comentó a su mujer. "¿Quieres verlo?", le ofrece, entre risas, a Jordi.

Tendrá un huevo menos, pero su sentido del humor tiene 'dos cojones'.

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