Desde Nueva York

Guillermo Fesser habla de "tufos de corrupción" en torno a la construcción del lujoso salón de baile de Trump en la Casa Blanca

Guillermo Fesser explica en este vídeo cómo el atentado contra Donald Trump en la cena de corresponsales ha llevado a la Casa Blanca a aumentar la presión sobre la construcción del salón en la Casa Blanca, "esencial para la seguridad" del presidente.

Guillermo Fesser explica en este vídeo cómo el atentado contra Donald Trump en la cena de corresponsales ha llevado a la Casa Blanca a aumentar la presión sobre la construcción del salón en la Casa Blanca, "esencial para la seguridad" del presidente.

Desde Nueva York, Guillermo Fesser analizaba a principios de semana en El Intermedio la repercusión del atentado contra Donald Trump durante la cena de corresponsales.

Un atentado con el que, señala, "Trump está aprovechando para desviar el foco de Irán", según el corresponsal "el problema más grave que tiene con sus bases, que le llaman traidor por invertir dinero fuera de Estados Unidos en vez de dentro".

Todo ello en un momento en que "su popularidad está por los suelos" y donde "a él le viene muy bien reclamar la atención, la necesidad, de abrir ese lujoso salón de baile". Desde la Administración se defiende que "resulta esencial para la seguridad del presidente y su familia" y que la demanda para parar su construcción "pone las vidas del presidente y los ministros en un grave riesgo".

Un planteamiento "cuanto menos curioso", para Fesser, que explica que mientras el salón del Hilton tiene capacidad para 2.945 personas, el que está proyectado para la Casa Blanca solo llegaría a las 999.

El corresponsal también habla de "tufos de corrupción" en torno a la construcción de este salón, ya que la empresa encargada de ello también ha sido contratada por la Administración Trump para la remodelación de dos fuentes cercanas por 17 millones de dólares, cuando hace solo dos años la Administración Biden las había presupuestado por 3 millones.

Mientras tanto, este viernes caduca el plazo que le concede la ley de guerra de 1973 por la que atacó a Irán sin necesidad de permiso del Congreso. Ahora toca votar y, mientras los demócratas se posicionan en contra de la guerra, Fesser explica que los republicanos "están cagados" y "en público rezan para que toda esta historia del atentado posponga la elección y no tengan que votar a favor de una guerra que les va a quitar votantes".

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