Lenguaje corporal
De Milei a Trump o Ayuso: las caras de Sánchez cuando tiene enfrente al enemigo
Los detalles El saludo entre el presidente de España y su homólogo argentino en la Cumbre Iberoamericana no ha sido frío, ha sido tan glacial que casi se congelan las cámaras: le ha tendido una mano sin mediar palabra.

Resumen IA supervisado
El encuentro entre el presidente de España, Pedro Sánchez, y su homólogo argentino, Javier Milei, en la Cumbre Iberoamericana fue notablemente frío, con un saludo breve y sin palabras. Milei había criticado duramente a Sánchez semanas antes, pero este no respondió a las provocaciones, afirmando que no es su estilo político. Sánchez ha mostrado una sonrisa forzada en encuentros con líderes como Donald Trump y Benjamin Netanyahu, reflejando tensiones diplomáticas. En Europa, su sonrisa congelada se ha visto con Giorgia Meloni y Mark Rutte. En España, también la exhibe con la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso.
* Resumen supervisado por periodistas.
El saludo entre el presidente de España, Pedro Sánchez, y su homólogo argentino, Javier Milei, este jueves en la Cumbre Iberoamericana no ha sido frío, ha sido tan glacial que casi se congelan las cámaras. No ha llegado ni a un segundo, pero el lenguaje corporal ha sido claro: Sánchez ha esperado al argentino con los brazos en la espalda y le ha tendido una mano sin mediar palabra.
Milei tampoco ha dicho nada y eso que hace solo dos semanas sí que habló para decir que es un "impresentable dictador", "corrupto" y "ladrón". Sánchez no ha querido entrar la tarde de este jueves y ha dicho que esa no es su forma de hacer política. Es la octava vez que el presidente argentino visita España, pero no se habían encontrado cara a cara hasta ahora.
Esa cara —con la sonrisa forzada de Sánchez y el gesto de "vamos a pasar este trago"— es la que pone el jefe del Ejecutivo cuando tiene enfrente al enemigo. La sonrisa clavada que le delata y que le ha puesto ya a varios líderes mundiales.
La misma cara la usa con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, desde hace años. En su primer encuentro después de que Sánchez se negase a aumentar al 5% el gasto en defensa se vio ya esa sonrisa en el apretón, aunque luego dejó claro qué poca gracia le hacía, como se puede ver en las imágenes sobre estas líneas.
La misma poca gracia que en el G20 en Japón, cuando Trump —en un alarde autoritario— le señaló con el dedito dónde se tenía que sentar. Sonrió y sonrió, pero luego la cara le delató otra vez. Similar a la que le puso años antes al presidente estadounidense en una cumbre de la OTAN en Bruselas.
Pero a veces la situación no da ni para sonrisas, como se vio en su encuentro con el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, apenas seis semanas después de los atentados de Hamás. Sánchez cuestionó entonces la respuesta militar israelí delante de Netanyahu, este se defendió y las relaciones se rompieron para siempre.
En Europa la sonrisa congelada se le ha visto varias veces con la primera ministra italiana, Giorgia Meloni. La última hace muy poco tras la crisis de Ceuta. También con Mark Rutte, el secretario general de la OTAN que siempre defiende a Estados Unidos.
En España le acompaña siempre que ve a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Diaz Ayuso. La última vez fue en el desfile del 12 de octubre de este año, pero no ha sido la única. Hasta con mascarilla ponía Sánchez la sonrisa de los enemigos en 2021 durante su primer encuentro en Moncloa al que Ayuso llegaba con una victoria electoral holgada.