Símbolo de la guerra

Los bombarderos enviados por Hitler y Mussolini que arrasaron Guernica: el origen del cuadro más viajero de Picasso

¿Por qué es importante? El dolor causado de forma gratuita a la población civil conmovió al pintor malagueño y su obra se convirtió de inmediato en una alegoría universal del sufrimiento causado por la guerra.

Imagen de archivo del Guernica
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En 1937, mientras Picasso trabajaba en una obra que representase a España en la Exposición de París, por encargo de la República, bombarderos de la Legión Cóndor y la Aviación Italiana, enviados por Hitler y Mussolini para apoyar a los sublevados, arrasaron la ciudad vizcaína de Guernica.

"Hubo un ensañamiento con la población civil que acabó convirtiendo a Guernica en un símbolo", señala al respecto Emilio Sáenz-Francés, profesor de Historia en la Universidad Pontificia Comillas.

Tanto dolor causado de forma gratuita conmovió a Picasso, que se replanteó la obra, un lienzo de casi ocho metros de largo por tres y medio de ancho, que trazo a trazo fue adquiriendo su forma definitiva. En este sentido, el historiados de Arte Miguel Ángel Cajigal subraya que se trata de "una inspiración muy fuerte" para el artista malagueño, cuya obra está "dedicada a las víctimas de ese bombardeo y, en general, a las víctimas de toda la guerra, aunque nunca fue un cuadro que buscase ilustrar el bombardeo".

De esta forma, el Guernica se convirtió de inmediato en una alegoría universal del sufrimiento causado por la guerra. De hecho, Emilio Sáenz-Francés afirma que "quizás es el cuadro políticamente más importante de toda la historia artística del siglo XX".

Visitó 30 ciudades en 20 años

Perdida la guerra, el cuadro no podía venir a España, pero se convirtió en la obra más viajera del mundo, visitando 30 ciudades en apenas 20 años, ya que, tal y como indica Miguel Ángel Cajigal, "Picasso quiso que el cuadro sirviese para recaudar fondos para los exiliados de la República".

Una vez se restauró la democracia, el Guernica abandonó el Moma de Nueva York en 1981 y regresó por fin a España, exponiéndose primero en el Casón del Buen Retiro, hasta que en 1992 emprendió su último viaje hacia el Museo Reina Sofía.

"Es una obra que está en un estado de conservación delicado y que hay que preservar como oro en paño", defiende el profesor de Historia de la Universidad Pontificia Comillas, mientras que Cajigal añade al que "prácticamente todo el museo se diseñó a su alrededor como quien diseña una UCI para un paciente muy enfermo".

Lo que permanece intacto, casi 90 años después, es su feroz mensaje sobre la inutilidad de la guerra.

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