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El objetivo de conseguir batir el actual récord de velocidad sigue vigente

El deseo de alcanzar los 1.227 km/h sigue vivo. El proyecto Bloodhound tiene nuevo propietario

Ian Warhurst, un empresario de Yorkshire ha sido el encargado de realizar un fuerte desembolso para evitar que el proyecto Bloodhound fuera completamente desmantelado.

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Parecía que el canto del cisne del proyecto Bloodhound SSC había llegado en forma de primer test serio, rodando en un aeropuerto inglés a solo 300 km/h. La búsqueda de los límites de la ingeniería de transporte terrestre había llevado a un pequeño grupo de personas a acometer el reto de batir el récord actual de velocidad en un vehículo terrestre, establecido en 763,035 mph, o lo que es lo mismo, algo más que 1.227 km/h que estableció como récord el piloto de la RAF Andy Green.

Precisamente el británico iba a ser el encargado de pilotar el Bloodhound SSC en una pista aplanada a mano en Hakskeen Pan en Sudáfrica, con el objetivo en mente de situar la barrera del ser humano en unas destacables 1.000 mph, lo que en el Sistema de Medidas Internacional sería unos 1.609 km/h. Sin embargo, el proyecto tocó fondo a finales del pasado 2018, anunciando que no había dinero para continuar con el objetivo a pesar de que con el tiempo habían conseguido incluso la aportación económica del potente grupo chino, GEELY, propietario entre otras cosas de Volvo, Polestar, parte de Proton y Lotus.

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Proyecto Bloodhound | motor.atresmedia.com

En un primer momento, el proyecto entró en bancarrota, estimándose que se precisaban en torno a 30 millones de euros para sacarlo adelante. El vehículo se puso a la venta a mediados de octubre por un módico precio de algo más de 300.000 euros según el propio piloto en declaraciones a medios de su país, pero no ha sido hasta meses más tarde que se ha dado a conocer que ahora este prototipo a reacción con motor fabricado por Rolls-Royce y un cohete Nammo vuelve a tener un propietario, Ian Warhurst, una nueva sede en Gloucester en lugar de la de Bristol y el nombre de Bloodhound LSR (Land Speed Record).

Se ha optado por cambiar por completo la librea que iban a utilizar en el proyecto, pasando en este caso del azul y naranja a un blanco impoluto en el que destacan el morro en color rojo y la Union Jack situada en el timón de cola. Con una empresa familiar relacionada con la ingeniería, este ha sido uno de los sueños de Warhurst, el cual tiene ante sí la difícil tarea de encontrar patrocinadores que le ayuden a llevar este intento de récord adelante, no antes del año 2020 o 2021. Antes de llegar a ese punto habrá que poner todo en orden, comenzando por un nuevo sistema de freno aerodinámico y los discos de frenos adaptados, así como reponer los paneles que faltan en la carrocería.

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