La incertidumbre, ansiedad y estrés que está propiciando esta pandemia no son ni novedosas ni extrañas para las personas. No saber qué va a pasar, cuándo se acabará el confinamiento, sumado a una infoxicación cuando nos sobreexponemos a las (malas) noticias de forma constante tienen consecuencias. Y, además de las psicológicas, también se notan en el cuerpo.

Relación entre el estrés y la salud digestiva

No es nuevo que el sistema digestivo es un fiel reflejo de nuestro estado de ánimo. Tanto por el aumento de la ingesta por ansiedad, como la situación totalmente contraria, personas a la que se les 'cierra el estómago' y comen menos que antes. Por algo nuestro sistema digestivo es el segundo lugar con más neuronas después del cerebro. Según varias investigaciones, se calcula que la red neuronal de nuestro sistema digestivo está compuesta por, aproximadamente, cien millones de neuronas.

Pero tampoco son tantas como para decir la famosa frase de que 'el estómago es el segundo cerebro' (de hecho, por cada neurona 'en nuestras tripas' tenemos unas 850 en el cerebro). Aunque no quita que las que hay, supongan síntomas y consecuencias cuando algo no va bien, ya que, como neuronas que son, también fabrican neurotransmisores (sustancias químicas encargadas de transmitir la información).

Ese cosquilleo en nuestro estómago e intestino puede significar muchas cosas. Y en estos tiempos puede suponer la puerta a dolores, retortijones y calambres molestos. Por eso, al primer síntoma que nos notemos, lo mejor es analizar y comprender de donde viene esta angustia que nos está afectando para ponerle remedio antes de que lleguen los síntomas más molestos. De hecho, lo ideal es cortar cuanto antes el ciclo “estrés-estómago-estrés”. Dicho de otra manera, ese estrés afecta al sistema digestivo, y el trastorno que nos genera causa a su vez más estrés. Y así, se genera un círculo que necesitamos cortar cuanto antes.

Alimentación y dolor de estómago por estrés

Evidentemente con un sistema digestivo tocado, también va a influir en nuestra alimentación. Algo que se suma al posible descontrol de hábitos alimentarios que estamos teniendo al haberse visto rotas nuestras rutinas con la comida. En el fondo, somos un animal de costumbres, y, aunque a veces nos quejemos de nuestra rutina, la necesitamos para tener ordenados nuestros hábitos mentales, de sueño y de alimentación.

Si sentimos molestias como la hinchazón, náuseas, mareos o gastroenteritis, lo primero que tenemos que hacer es adecuar nuestra alimentación a esta situación para ayudar a la recuperación del estómago. Pero un error muy común es confundir una dieta 'blanda' con una dieta 'astringente'.

Es decir, que no se trata de hacer la dieta de arroz, plátano, manzana y tostada que seguimos ante una gastroenteritis clásica (Dieta BRAT por sus siglas en ingles de estos alimentos). De hecho, seguir este tipo de dietas mucho tiempo, al tener un número muy limitado de alimentos puede hacer nuestra dieta deficitaria y desequilibrada.

La verdadera definición de dieta 'blanda' significa nutrir el cuerpo, pero con la mínima estimulación del sistema digestivo, evitando que genere la gran cantidad de ácidos que genera el estómago y los órganos como el páncreas (jugo pancreático) y el hígado (bilis).

Alimentos a evitar con dolor de estómago

Parece de lógica, pero más de alguna vez hemos comido algo que no debíamos por desconocimiento, y hemos pagado las consecuencias pasadas unas horas. En la dieta blanda debemos evitar todos los alimentos que producen irritación de la mucosa gástrica e intestinal:

  • Especias
  • Bebidas carbonatadas
  • Legumbres con piel
  • Granos integrales
  • Algunas verduras crudas
  • Estimulantes como el café, el té, el cacao o el alcohol
  • Alimentos muy grasos (carnes, fritos, precocinados, pescados muy grasos)
  • Alimentos muy salados y ahumados

Alimentación con dolor de estómago

Una de las máximas en estos momentos es hidratarse continuamente, bebiendo y comiendo poco, pero muchas veces durante el día, es decir, espaciando las tomas. Aunque la alimentación muchas veces no es la solución definitiva (tendremos que observar qué nos está causando este dolor), sí puede ayudarnos a aliviar los síntomas y no empeorar la situación.

Arroz blanco

El alimento más clásico, porque es fácil de digerir, ayuda a cubrir el revestimiento del estómago y a calmar los intestinos. Eso sí, nada de acompañarlo de tomate frito o huevo frito. Mejor que venga junto carnes magras como el pollo o el pavo cocido. No es un plato digno de 'Top Chef', pero ayudar, ayuda.

Imagen de archivo de arroz | Pixabay

Caldo

Ya hemos dicho que el líquido es fundamental cuando estamos mal del estómago, tanto para evitar la deshidratación, como porque requiere poca digestión y se absorben los nutrientes muy fácilmente. Por eso, estos días, los caldos de verduras o de pescado pueden ser un gran aliado para nutrirnos sin sufrir cuando intentemos digerirlo.

Imagen de archivo de caldo | Pixabay

Plátanos

Obvio por el aporte de potasio tan importante que hacen a la dieta y que evitará calambres musculares que puedan agravar el dolor. Pero también esta fruta aporta otros muchos electrolitos, haciéndola casi como un suero oral masticable. Además, el reponer el potasio es fundamental cuando se presenten vómitos o diarrea.

Imagen de archivo de plátanos | Pixabay

Manzanas

Entera y fresca, en compota o asada. La manzana es otra de las grandes aliadas de estos días gracias a su aporte de pectina, un tipo de fibra alimentaria que ayuda a tratar las diarreas y el estreñimiento. Es decir, a cada uno le ayuda según le haya sentado el estrés (no todos son víctimas de las diarreas, si no de todo lo contrario).

Imagen de archivo de una manzana | Pixabay

Papayas

Aunque menos consumida, menos conocida y, sobre todo, más difícil de conseguir en estos días, la papaya es una fruta tropical que no debemos dejar pasar de largo. Contiene papaína, una enzima que resulta muy útil ya que ayuda a la digestión. Además, es muy socorrida en casos de estreñimiento.

Imagen de archivo de una papaya | Pixabay

Pero el consejo de hoy más importante seguramente sea este: localiza el foco de la ansiedad y la angustia, y aléjate lo que te sea posible de él. Son días en los que tenemos también que ser capaces de encontrar una rutina donde descargar mental y físicamente todo lo que nos preocupa. Y, por supuesto, adapta tu alimentación a cómo te encuentres cada día. A lo mejor hoy no era el mejor día para las lentejas que dejaste preparadas anoche. Ya te las comerás mañana (o congélalas para otro día).

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