Esta semana se desataba la polémica en redes (como es ya casi tradición en el mundo de internet), esta vez de mano de uno de los alimentos que ha sido de lo más consumidos a primera hora del día: las galletas. Sin especificar ni la clase, ni el tipo, ni siquiera los ingredientes. En general, las galletas.

Todo empezaba con una infografía realizada por dos nutricionistas, en la cual recomendaban evitar donar este alimento a ONGs, y, en especial, a Banco de Alimentos. De hecho, nos proponían una serie de alternativas más saludables y que evitaran que, entre los más desfavorecidos, reinara una dieta poco saludable. Las respuestas no se hicieron esperan, y las opiniones se dividieron en dos bandos bien diferenciados.

Por un lado, los defensores de esta idea aplaudían y alababan la iniciativa. Fundamentalmente basada en los datos de sobrepeso, obesidad y problemas de alimentación por un alto consumo de alimentos procesados de los estratos menos favorecidos de la sociedad. Por el otro, los que veían que esta propuesta iba demasiado lejos. De hecho, defendían que antes va poder comer que empezar a mirar si el desayuno es mejor con galletas que no desayunar. Y basándose en el hecho que las ayudas, pensiones mínimas, y el poder adquisitivo de, incluso, familias enteras, no podía “permitirse” consumir fruta, pescado y carne fresca de forma regular.

El cruce de opiniones y reproches estaba servido. Y todo por unas “simples galletas”. ¿De verdad es un crimen donar o desayunar este alimento por las mañanas? ¿Tan mal hemos estado haciéndolo todo este tiempo? Que levante la mano quien no las ha comido alguna vez en su vida. Incluso juntando dos con bien de mantequilla (en el peor de los casos margarina, cuando nos decían que era mucho más saludable), y mojándolas en un vaso de leche con cacao soluble, algunos añadiendo una o dos cucharaditas de azúcar. Vamos, que estamos vivos de milagro.

¿Son las galletas un alimento saludable?

Ningún alimento es saludable. No me voy a cansar de repetirlo. Ninguno tiene la capacidad de hacer que estemos sanos o menos sanos por sí solo. Que hoy comas un par de galletas María y no las vuelvas a “ver el pelo” hasta dentro de meses no supone un suicidio, ni tu colesterol se va a disparar, ni vas a empezar a coger kilos como si no existiese un mañana. Pero el problema ha sido que las comíamos cada día. Y no dos. De hecho, muchos casos, son de paquete diario. ¿Será que, una vez abierta la caja, vienen en paquetitos envueltos de plástico y la gente entendía que esa era la ración?

Todos los alimentos tienen una frecuencia recomendada. Igual que decimos que fruta y verdura hay que comerla todos los días, incluso varias veces en el mismo día, las galletas, a pesar de lo que podamos pensar o nos hayan dicho todo este tiempo, NO se deben (porque poder, se puede) consumir a diario. ¿Por qué? Por decirlo de una forma que se entienda fácilmente: las galletas son bollería. Como lo oyes, en el mismo grupo que las napolitanas, los croisants a la plancha, o la caña de chocolate. Y, de la misma manera que sabemos que no podemos desayunar todos los días a base de napolitanas, tampoco deberíamos de chocolate.

Si lo piensas es casi de lógica. ¿Con qué están hechas las galletas? Fundamentalmente, aunque la receta varía de un tipo a otro, hablamos de un producto a base de harina refinada, azúcar y grasa (ya sea manteca o aceite). Y, ¿qué ingredientes tiene un croissant? Sorpresa: harina refinada, azúcar y mantequilla como ingredientes fundamentales.Son las galletas un alimento saludable?

¿Engorda más una galleta que un bollo?

Partiendo de la base que los dos utilizan el mismo tipo de ingredientes, muchos se pueden preguntar si, aún así, la galleta sigue siendo la opción “menos peor” dentro del mundo de la bollería. Parece que siendo tan pequeña, tan redondita, tan finita, tan aparentemente inocente, mejor que un croissant si es. El consuelo de los que son conscientes de que lo están haciendo mal. ¿Cuántas veces habré oído la contestación a cualquier consejo nutricional la famosa frase de “pero es comerse…”? ¿Tu también eres de los que lo suele pensar? Atento cuando comparamos la composición nutricional de una galleta y un croissant en una de las bases de composición de alimentos más famosas de España: BEDCA (Base de Datos Española de Composición de Alimentos. Disponible en: www.bedca.net)

Galleta vs croissant

En resumen, prácticamente iguales. Las diferentes son insignificantes cuando comparamos una y otro. Y mejor no meterse a buscar las pequeñas diferencias, porque incluso saldría perdiendo nuestras amadas y cotidianas galletas. Según esta base de datos, además de ser más calóricas que un croissant, nos aportan más grasa, más grasa saturada y el doble de azúcar que el famoso bollo francés. Vamos, un panorama desolador si pensamos la de veces que las hemos consumido para “ponernos en marcha” cada mañana. Y ni pensar cuántas veces se las hemos ofrecido a nuestros hijos.

¿Existe la galleta saludable?

El ser humano es un animal de costumbres, y nos negamos a renunciar a nuestro desayuno de toda la vida. A nuestras galletas. Y esto la industria lo sabe. De hecho, la oferta de galletas de las estanterías de los supermercados es cada vez más y más amplia. No solamente en cuanto al tipo de harina o cereal que han utilizado, que ya solo con eso da para llevar varias baldas, si no también por diferentes tipos y estilos. Desde las que nos prometen una reducción del colesterol (atentos, que prometen una bajada del colesterol en sangre mientras vienen cargaditas de grasas saturadas), hasta las que no tienen azúcares añadidos, con extra de fibra, con aceite de girasol, incluso con nombre propio, como las napolitanas o las “digestive”.

Al contrario de lo que mucha gente piensa, “Digestive” no es más que un tipo de galleta que no hace alusión a que sean ni más digestivas, ni más ricas en fibra, ni mucho menos más saludables. Pero nos lo habíamos creído. De hecho, solamente la variedad de Digestive del mercado nos indicaba el éxito que tuvo esta galleta. De avena, con naranja, con chocolate… ¡CON CHOCOLATE! Cuando creíamos que era saludables fue lo más. Algo saludable con chocolate. Dios había escuchado nuestras plegarias.

Pero, parece que no es así. Todas las galletas, salvando sus diferencias de que unas aporten más azúcar que otras, o la calidad de la grasa que utilicen a la hora de elaborarlas, son eso, galletas. Y, por lo tanto, alimentos de consumo ocasional, como lo es el famoso croissant. Aunque sean “adaptadas para niños” o “mi primera galleta”. Cuando leas esto imagina que dice “mi primera napolitana de crema”.

De hecho, si comparamos las galletas “digestive” con una galleta María (no es que las tenga manía, es que han sido las más consumidas desde que se inventaron) las diferencias nutricionales tampoco es que sean como para tirar cohetes.

¿María o digestive?

Para la comparativa hemos cogido un paquete de galletas María y otro de galletas tipo Digestive de una de las marcas que más galletas vende en España. La diferencia no es tanta. Aportan casi las mismas calorías, casi las mismas grasas y un poquito, pero muy poquito, menos de azúcar. Si acaso, la diferencia que he encontrado es un poco menos de grasas saturadas en esta marca en concreto. Pero nada que justifique la diferencia de precio. Y mucho menos, nada que justifique que podamos comer galletas todos los días y despreocuparnos porque son “galletas más sanas”.

Y así, con cualquier tipo del mercado. De hecho, te reto a que hagas la prueba esta semana en el supermercado. Coge un paquete de galletas María, coge otro de cualquier galleta con presunción de saludable, y compara. Una vez que veas la diferencia, compara el precio. ¿Te compensa? Entonces déjalas en la estantería, vete a la frutería, coge avena integral en copos, o invierte ese dinero en un pan 100% integral, o lo que te apetezca desayunar, pero que no sea un ultraprocesado.

De hecho, para aquellos que aún esperan que resuelva el misterio de cuál es la galleta más saludable se lo escribo aquí, al final de este post: la galleta más saludable es una fruta.