CUBA

El castillo de La Habana que nació tras un ataque pirata y hoy es uno de los grandes símbolos de Cuba

Ponemos rumbo a Cuba, concretamente hasta La Habana, para conocer la sorprendente historia que esconde el Castillo de la Real Fuerza.

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En el corazón de La Habana Vieja, junto a la bahía que dio origen a la ciudad, podemos encontrarnos con el Castillo de la Real Fuerza, una de las construcciones militares de piedra más antiguas que se conservan en todo el continente americano. Su presencia no es casual, puesto que nació como respuesta a una necesidad urgente de protección y terminó convirtiéndose en un símbolo permanente de la capital cubana.

Castillo de la Real Fuerza de La Habana, a través de su historia

Para comenzar, debemos tener en cuenta que el origen del castillo se remonta a 1555, año en que el corsario francés Jacques de Sores atacó y saqueó La Habana, dejando en evidencia lo vulnerable que era la ciudad ante las incursiones enemigas. La Corona española reaccionó ordenando la construcción de una fortificación sólida que disuadiera futuros asaltos, y las obras arrancaron el 1 de enero de 1558.

El proyecto recayó primero en el ingeniero Bartolomé Sánchez y, desde 1562, en Francisco de Calona, ambos herederos de los principios de la ingeniería militar renacentista que España exportaba por entonces a sus posesiones americanas. La fortaleza se edificó muy cerca de lo que entonces era la plaza mayor de la ciudad (hoy Plaza de Armas), el centro neurálgico de la vida política y administrativa colonial. Las obras se extendieron durante casi dos décadas, hasta su conclusión en 1577.

Castillo de la Real Fuerza y La Giraldilla
Castillo de la Real Fuerza y La Giraldilla | Imagen de Gorupdebesanez, licencia: CC BY-SA 3.0, via Wikimedia Commons

Con el tiempo quedó claro que su ubicación, alejada de la entrada natural de la bahía, restaba eficacia a su función defensiva. Por ese motivo, España optó por levantar más adelante otra serie de fortificaciones mejor situadas, como el Castillo de los Tres Reyes del Morro, terminado en 1630, y ya en el siglo XVIII la Fortaleza de San Carlos de la Cabaña. Aun así, la Real Fuerza no perdió del todo su relevancia: durante la ocupación británica de La Habana en 1762, en plena Guerra de los Siete Años, sirvió como centro de coordinación y apoyo logístico para las tropas españolas, aunque no fue el principal frente de combate contra el ataque naval inglés.

Castillo de la Real Fuerza de La Habana, a través de sus características

Más allá de su valor estratégico, esta construcción destaca por un elemento que se ha convertido en emblema de la ciudad: La Giraldilla, la veleta de bronce que corona su torre y que está considerada la escultura en ese material más antigua que se conserva en Cuba. La tradición popular la vincula con la figura de Isabel de Bobadilla, y su autoría se atribuye a Jerónimo Martín Pinzón. Con el paso de los siglos, esta figura trascendió su función original como simple indicador de viento para transformarse en uno de los iconos más reconocibles de La Habana.

Durante los siglos XVII y XVIII, el edificio fue cambiando de uso: dejó de ser un punto militar de primera línea para convertirse en residencia de gobernadores y autoridades coloniales, además de almacén y depósito militar. Ya en el siglo XX, tras un proceso de restauración, pasó a albergar el Museo de Navegación, función que conserva en la actualidad.

En la actualidad, el Castillo de la Real Fuerza forma parte del conjunto de fortificaciones y del centro histórico habanero que la UNESCO declaró Patrimonio de la Humanidad en 1982, un reconocimiento a su importancia histórica, arquitectónica y cultural para Cuba y para el patrimonio militar del mundo hispánico.

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