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El puente del diablo: la leyenda detrás del pueblo marinero de Cantabria que esconde un pasado medieval

Entre el Cantábrico y una ría medieval, este pueblo esconde una leyenda, un castillo del siglo XIII y algunas de las mejores playas del norte de España.

Puente del Diablo, San Vicente de la Barquera

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En la costa occidental de Cantabria, entre el Cantábrico y una ría que separa el pueblo del resto del mundo, se levanta San Vicente de la Barquera.

Para llegar hasta él hay que cruzar el puente de la Maza, una infraestructura de unos 500 metros sostenida por 28 arcos, construida entre los siglos XV y XVI durante el reinado de los Reyes Católicos. Y, como suele pasar con los puentes antiguos, este también tiene su leyenda.

Se cuenta que, mientras se construía, cada noche desaparecía parte de lo levantado durante el día. Desesperado, el maestro cantero pidió ayuda divina, pero quien respondió fue el Diablo, que se ofreció a terminar la obra a cambio del alma del primero que lo cruzara. Nadie sabe quién fue el desafortunado.

Con el tiempo, la leyenda evolucionó: hoy se conoce también como el Puente de los Deseos, ya que se dice que quien logre cruzarlo sin respirar verá cumplido su deseo, algo nada sencillo si se tiene en cuenta que el trayecto dura unos 10 minutos caminando.

San Vicente formó parte históricamente de la Hermandad de las Cuatro Villas de la Costa, junto a Santander, Laredo y Castro Urdiales, y su economía se sustentó durante siglos en la pesca y el comercio marítimo, con generaciones de vecinos que llegaron a faenar hasta en Terranova.

Paseando por la Puebla Vieja, el barrio histórico, se llega hasta la iglesia de Santa María de los Ángeles, construida entre los siglos XIII y XVI, y hasta el Castillo del Rey, una fortaleza medieval del siglo XIII con muros de hasta 2,5 metros de grosor que vigila la ría desde lo alto. También destacan el Palacio del Corro, de estilo renacentista, y varios edificios ligados al paso del Camino del Norte hacia Santiago de Compostela.

Quien busque playa tiene varias opciones, como la del Merón, ideal para el surf, o la de Oyambre, protegida por el parque natural del mismo nombre, un espacio de casi 5.800 hectáreas con marismas, dunas y acantilados.

Y para reponer fuerzas, la gastronomía local ofrece platos como la marmita barquereña, un guiso de bonito y patatas típico de la zona, además de pescados y mariscos frescos del Cantábrico.

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