CHINA
El secreto del Templo del Cielo de Pekín: nada de lo que ves allí está colocado al azar
Viajamos hasta Pekín para conocer la sorprendente y espectacular historia que esconde el impresionante Templo del Cielo.

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Al sur de Pekín, concretamente dentro del parque Tiantan Gongyuan, se levanta el Templo del Cielo, el mayor de su clase en toda la República Popular de China. Más que un edificio, se trata de un conjunto de construcciones pensadas para un único fin: relacionarse con el cielo. Dada su importancia histórica, arquitectónica y cultural, la UNESCO lo declaró Patrimonio de la Humanidad en 1998.
Templo del Cielo de Pekín, a través de su historia
Para comenzar, debemos tener en cuenta que se construyó en 1420 y, por si fuera poco, las dinastías Ming y Qing lo utilizaron durante siglos para dos grandes ceremonias. En primavera se rogaba por una buena cosecha y en otoño se daban las gracias por los frutos recibidos. El Altar Circular llegó más tarde, en 1530. Hay que destacar que el edificio más emblemático del conjunto tampoco ha tenido una vida tranquila. El Salón de Oración por la Buena Cosecha ardió en 1899 y fue reconstruido al año siguiente.
Por si fuera poco, hay que mencionar que todo el recinto está pensado como un símbolo. Dos murallas, una interior y otra exterior, lo rodean y lo dividen en dos zonas. Su base es rectangular, como la tierra, y su remate es redondeado, como el cielo. Al norte se sitúa el Salón de Oración, y al sur, el Altar Circular y la Bóveda Imperial del Cielo.
¿Cuáles son los edificios principales del Templo del Cielo de Pekín?
El Salón de Oración por la Buena Cosecha es quizá la imagen más conocida del templo y una de las más representativas de la ciudad. Se trata de un edificio circular de unos 30 metros de diámetro, levantado sobre tres terrazas de mármol blanco. Su triple tejado de tejas azules remata en una bola dorada. Se sostiene sobre 28 columnas de madera colocadas en tres círculos concéntricos. Las cuatro centrales representan las estaciones, las doce del círculo intermedio los meses del año, y otras doce, las horas del día.

En cuanto al Altar Circular, es una construcción abierta, con tres terrazas concéntricas y barandillas de mármol blanco. Un camino de piedra y ladrillo de más de 350 metros lo une con el Salón de Oración. Los tramos de escalera tienen nueve peldaños, porque los chinos consideran el nueve un número de buena suerte. Además, quien habla desde el centro del altar oye su voz amplificada desde todos los ángulos.
La Bóveda Imperial del Cielo, por su parte, era donde los emperadores rendían homenaje a sus antepasados, es una versión reducida del Salón de Oración, con 19 metros de alto y 15,6 de diámetro. La rodea el llamado muro del eco, de unos 60 metros de diámetro. Una voz colocada en cualquier punto del muro se oye con claridad en el punto opuesto, porque el sonido recorre la pared.
No podemos dejar de mencionar el Altar para Orar por los Granos, que es un promontorio de piedra de tres capas, 5,2 metros de altura y con 91 metros de diámetro en la base. Sus tallados son muy finos, tiene desagües en forma de cabeza de dragón y ocupa 5.900 metros cuadrados. Sobre él se alza el Palacio para las Rogativas de Buenas Cosechas.

El Salón de la Abstinencia es un bloque de edificios con dos patios, doble muralla y dos fosos de protección. En su interior se encuentra el Salón Sin Vigas, con tejas verdes de la época Qing, donde el emperador aguardaba la hora de la ceremonia. Sobre el trono cuelga una inscripción del emperador Qianlong con la que expresaba su respeto al cielo.
Lo que es un hecho es que nada de este Templo del Cielo de Pekín es casualidad, puesto que cada número, cada forma y cada detalle acústico de este conjunto responde a una idea, que no es otra que ordenar la relación entre la tierra, el cielo y quienes gobernaban entre ambos.
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