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ACTIVIDAD CEREBRAL MIENTRAS DUERMES

Cuando sueñas, una parte de tu cerebro crea la historia y otra se sorprende

Esto depende de un delicado equilibrio entre las partes más activas y las menos activas de nuestro cerebro.

Dormir

drobotdean para Freepik Dormir

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Cada vez son más frecuentes los estudios que los científicos realizan en relación con el sueño. No solo con humanos, sino también con otros animales. Gracias a ello hemos descubierto lo sorprendente que es esta rutina en la mente. Por ejemplo los delfines nariz de botella usan solo la mitad de su cerebro y un ojo durante el sueño . La otra mitad de su cerebro permanece despierta, aunque en un nivel mucho más bajo de alerta. De esta manera, pueden observar a los depredadores.

Algo similar ocurre con los peces y también con los patos, que son capaces de reaccionar a un peligro en la quinta parte de un segundo, aunque estén dormidos. Y es que el sueño, bajo el mar, es muy extraño. Tanto como para que algunos pulpos cambien de color al soñar.

Fuera del mundo acuático, los sueños siguen teniendo algún componente extraordinario. Los caballos, por ejemplo, pueden dormir de pie gracias a que cuentan con tendones y ligamentos que se “traban” y evitan que el músculo mantenga el peso de estar de pie. Pese a ello, si quieren soñar, solo ocurre cuando se echan en el suelo.

Y en el aire, también hay sorpresas. Un estudio de la Universidad de Berlín descubrió que las abejas pueden almacenar información en su memoria a largo plazo mientras duermen, lo cual es similar a lo que hacemos los humanos al soñar… Al menos si estamos en un entorno conocido porque si nos vamos a dormir, los sueños se alteran o no los recordamos debido a que “nos convertimos en delfines”: solo la mitad de nuestro cerebro descansa por completo, la otra permanece alerta.

El caso de los humanos

"El lado izquierdo parece estar más despierto que el lado derecho", dice Yuka Sasaki, profesora de ciencias cognitivas, lingüísticas y psicológicas en la Universidad de Brown y autora del estudio publicado en 'Current Biology'. Gracias a sus conclusiones ahora sabemos porqué muchas personas tienden a sentirse cansadas después de dormir en un lugar desconocido.

Pero lo más interesante en los humanos, es descubrir que cuando soñamos, una parte de nuestro cerebro es la que crea la historia, pero hay otra que se sorprende con el resultado. Las primeras pistas vinculadas a esto llegan a partir de un estudio publicado en 'Nature Neuroscience' y liderado por Francesca Siclari. Gracias a las conclusiones se descubrió que los cambios en la actividad cerebral ofrecen pistas sobre el "guion" del sueño.

Además, el equipo de Siclari, reveló que soñar con rostros estaba relacionado con una mayor actividad en la región del cerebro involucrada en el reconocimiento de rostros. El uso de EEG y tomografías, les permitió detectar las zonas que se activaban durante el sueño y correlacionarlas con la historia, de ese modo se construye un diccionario cerebral de sueños, o al menos de correlaciones.

Por ejemplo, durante el sueño todo nuestro cerebro está activo, desde el tronco encefálico hasta la corteza. El sistema límbico en el cerebro medio se ocupa de las emociones e incluye la amígdala, que se asocia principalmente con el miedo y está especialmente activa durante los sueños.

La corteza es responsable del contenido de los sueños, incluidos los monstruos de los que huimos, las personas que conocemos o la experiencia de volar. Dado que somos animales altamente visuales, la corteza visual, justo en la parte posterior del cerebro, es especialmente activa.

Pero, y aquí llega lo más interesante, para que podamos soñar con monstruos, tener la experiencia onírica de volar o estar con alguien a quien hace mucho que no vemos, el equipo de Siclari descubrió que no solo importan las regiones más activas, también las que menos “trabajo” tienen en esos momentos. Hay áreas, como el lóbulo frontal, que reducen su actividad.

Esta región es responsable, entre otras de ciertas funciones conocidas como ejecutivas, las que nos permiten comprender y planificar nuestros actos. Al reducir su actividad desaparece o se minimiza el sentido crítico que nos haría ver que volar es imposible. Y entonces, esta región se relaja y disfruta del espectáculo.

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