La vida de Juan Carlos Soto y Olga Ramos cambió drásticamente el día que Ariadna perdió la suya. Ella tenía 18 años y murió por suicidio. "No se habla del suicidio, es un tabú, pero hay que hablar de ello porque existe, como las drogas y la violencia de género. Esto mata más que los accidentes de tráfico", asegura Olga.

"Nosotros nos hemos enfrentado a un cambio de vida absoluto, ahora no hay un horizonte", sostiene José Carlos Soto.

Solo en España se produjeron en 2019 3.671 suicidios, unos 10 al día. Es la primera causa de muerte no natural en nuestro país desde 2008. "No existe un plan de prevención del suicidio con recursos humanos y dotación económica", denuncia Olga.

A pesar de las cifras, el suicidio sigue siendo el gran tabú. En países de cultura católica como el nuestro siempre se ha tendido a considerarlo pecado y hasta los años 80 el derecho canónico prohibía expresamente enterrar al difunto en un cementerio cristiano.

En el caso de Ariadna, un problema en el instituto con una profesora acabó desembocando en un bajón emocional. Empezó a acudir a terapia y a recibir medicación, pero no fue suficiente, nadie percibió ninguna de las señales, que en otros casos sí se dan. "En algunos casos están excesivamente tristes, en otros, no paran de salir y parece que están llenos de alegría y no lo están. Hay que estar atentos a los cambios drásticos, regalar cosas, despedirse...", sostienen los padres.

Para tratar de ayudar a los demás, estos padres dan charlas intentando que casos como el de su hija no vuelvan a repetirse. La primera vez que hablaron de lo que había ocurrido fue en el instituto de la menor, como recoge el vídeo que se incluye a continuación.