Vigilancia 2.0

Las armas del ICE no siempre llevan balas: identificaciones con el iris, rastreos de móviles y vigilancia desde el cielo

Los detalles Con un presupuesto récord aprobado por Trump, la agencia ha comprado tecnología que rastrea tus movimientos, cruza tus datos personales y monitorea la ciudad desde drones como si Minneapolis fuera un campo de batalla, sin importarles que esto invada la privacidad de cualquiera.

Las armas del ICE no siempre llevan balas: identificaciones con el iris, rastreos de móviles y vigilancia desde el cielo

Minneapolis sigue siendo un polvorín. La ciudad, que fue epicentro de las protestas tras la muerte de George Floyd, vuelve a estar en el ojo del huracán con la política migratoria de Donald Trump. Los agentes del ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas) ya no solo buscan migrantes en situación irregular: detienen a periodistas, trabajadores y vecinos en plena calle, como ha ocurrido con un hombre arrestado mientras trabajaba en un McDonald's.

Este martes, el nuevo zar de la frontera de Trump, encargado de coordinar la política migratoria, anunció que se quedará en Minneapolis "hasta que el problema desaparezca". Y lanzó un mensaje claro: "Un detenido más equivale a un agente menos en la calle". Además, las cárceles informarán cuándo salen los presos para que ICE pueda detenerlos inmediatamente.

Más cerca de la guerra que de la policía

Las calles de Minnesota parecen escenarios de conflicto bélico. Los agentes patrullan armados con fusiles con silenciadores, láseres para poca luz, bolsas de descarga para cargadores y cargadores de combate que permiten recargar rápido durante un tiroteo. Todo esto para detener, por ejemplo, a siete agentes frente a una mujer en bata con solo un teléfono móvil, o incluso a niños de cinco años.

La comparación con soldados en Afganistán no es exagerada: el armamento y las tácticas son muy similares, pero aquí se aplican contra civiles.

Tecnología: las armas invisibles del ICE

Trump ha dado a ICE el mayor presupuesto de su historia, y gran parte se ha invertido en tecnología de vigilancia. Una de las más polémicas es una app que escanea el iris. Cuando un agente detiene a alguien, toma una foto del ojo y la cruza con bases de datos para saber si la persona es legal o no. Lo llamativo es que esta tecnología originalmente estaba pensada solo para casos de abuso sexual, y ahora se usa en controles de rutina.

Los teléfonos móviles también son una herramienta de control. Rastrear un dispositivo sin permiso es ilegal, pero ICE compra datos de apps a las que tú mismo has dado acceso. Por ejemplo, cuando permites que tu app del tiempo sepa tu ubicación, esos datos pueden acabar en manos de la agencia, permitiendo seguir tus movimientos casi al detalle.

Los coches no se libran. Con lectores automáticos de matrículas, ICE acumula fotos de vehículos en una base de datos de más de 20.000 millones de imágenes. Un software cruza estos datos y reconstruye todos los desplazamientos de un coche durante meses, sin que el dueño lo sepa.

Vigilancia desde el cielo

El control no termina en tierra. Los drones del ICE pueden detectar personas a 12 kilómetros, ver a través de las nubes y operar bajo lluvia o niebla. Hasta ahora, se han usado principalmente para vigilar protestas ciudadanas.

Estas son las herramientas, visibles e invisibles, que convierten a ICE en una fuerza casi militar en las calles de Estados Unidos. Un despliegue tecnológico sin precedentes que cambia la forma en que se controla la migración y, para muchos, pone en riesgo la privacidad y las libertades civiles.

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