La historia se repite

Rodalies y el cabreo de Cataluña: 20 años después, los trenes vuelven a sacar a la gente a la calle

Los detalles Los problemas ferroviarios vuelven a poner a prueba la paciencia de los catalanes: retrasos, trenes abarrotados y tramos cortados despiertan al 'català emprenyat', en un déjà vu de la histórica manifestación de hace 20 años.

Rodalies y el cabreo de Cataluña: 20 años después, los trenes vuelven a sacar a la gente a la calle

Puente ha admitido algo que los pasajeros llevan años gritando: el servicio de Rodalies es pésimo. Pero, en un guiño al optimismo, ha dicho que todavía hay esperanza de mejora. "Mejorar es fácil", ha asegurado. La realidad, sin embargo, sigue siendo dura: hay 11 tramos intransitables, retrasos de hasta 30 minutos o más y trenes abarrotados, y Rodalies no es solo una crisis actual: hace 20 años ya provocó una de las convulsiones más graves de Cataluña.

Esta es la 'nueva normalidad' de Rodalies: pasajeros que no saben a qué hora llegarán a su destino, cambios de recorrido en medio del trayecto y transporte alternativo obligatorio en varios tramos. Durante varios días, miles de personas han llegado tarde al trabajo, a la universidad o a sus citas.

Y en apenas unos días, una nueva manifestación volverá a poner a los Rodalies en el centro de la atención. Porque la historia se repite: hace 20 años, una protesta por los cercanías encendió la mecha del malestar social en Cataluña.

En aquel entonces, 200.000 personas salieron a la calle, y los organizadores llegaron a hablar de 700.000. La protesta partió del lema: 'Tenemos derecho a decidir sobre nuestras infraestructuras', pero acabó derivando en reclamos más amplios sobre impuestos, financiación y autodeterminación. Se escucharon gritos de independencia, pancartas con mensajes como 'Cataluña no es España' o 'Catalonio is not Spain', y peticiones de traspasos de la red ferroviaria y de las competencias fiscales.

¿Por qué aquella protesta escaló tanto? No fue solo por los trenes. Pudo influir la ministra de Fomento de entonces, Magdalena Álvarez, que en ocasiones no mostró mucha finura; la reforma del Estatuto de Cataluña, que fue recortada por el Congreso; la cercanía de las elecciones generales; el hecho de que el gobierno autonómico era socialista y no independentista; o, simplemente, el cabreo acumulado por la falta de inversiones. Sea como sea, se puede considerar aquella manifestación como la precuela de lo que vendría después en Cataluña.

Todo empezó con las obras para llevar el AVE a Barcelona. Un movimiento del muro de hormigón de un túnel nuevo afectó a un túnel viejo, obligando a retrasar las obras del AVE y a cortar líneas de cercanías, de los Rodalies y de los ferrocarriles de la Generalitat durante 42 días. Se interrumpieron conexiones con el aeropuerto, el Bajo Llobregat, Tarragona y Lleida. Ese simple muro desencadenó un enorme cabreo entre los catalanes, que ya acumulaban frustración por décadas de deficiencias en el transporte ferroviario.

Hoy, Rodalies vuelve a estar en el ojo del huracán, con retrasos, tramos cortados y usuarios desesperados. La historia está a punto de repetirse, y el reloj corre: en unos días, los ciudadanos volverán a salir a la calle por algo que, en apariencia, solo son trenes, pero que en Cataluña siempre ha significado mucho más.

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