El precio de una firma
Carlos Fernández, perdió a su hijo mientras hacía un grafiti en las vías del tren: "Fue un mazazo tremendo, como una puñalada"
El hijo de Carlos Fernández, Alberto, fue arrollado por un tren junto a otros dos jóvenes. Hoy, manda un mensaje a los grafiteros: "Pensar si merece la pena jugarse la vida por un tag o una pieza en lo más alto de un puente o en las vías de un tren".

El precio de una firma puede ser mucho más alto que una multa e incluso que los tres años de prisión a los que se puede enfrentar un grafitero.
Carlos Fresneda era padre de Alberto, un joven que recuerda como "un chaval muy vivo y creativo" que, explica, empezó a pintar grafitis con 15 o 16 años. "Intentas convencerle de que, si lo hace, que lo haga siempre de una manera legal y, sobre todo, que no se juegue la vida", explica a Equipo de Investigación.
Alberto se acercó a un grupo de grafiteros mayores y más experimentados. "Eran relativamente conocidos dentro del mundillo en Londres, y él al fin y al cabo estaba empezando, intentando abrirse paso", comenta Carlos.
La madrugada del 18 de junio de 2018, los tres salen a pintar en Brixton, al sur de Londres. Tal y como explica el padre de Alberto, los grafiteros entraron en las vías del tren para pintar. La zona, señala, "era con visibilidad prácticamente cero, era plena curva, un sitio muy cerrado, donde confluían varias vías y realmente peligroso. Era muy difícil saber por dónde venía el tren".
A la una de la madrugada, un tren arrolla mortalmente a los tres jóvenes. Para Carlos, afirma, fue "un mazazo personal tremendo, como una puñalada de la vida".
Por ello, manda un mensaje a los grafiteros que pintan trenes como hacía su hijo: "Pensar antes de pasar por riesgos y si merece o no la pena jugarse la vida por dejar un tag o una pieza en lo más alto de un puente o entre las vías de un tren".
Porque a veces un grafiti termina en una vía y sin vuelta atrás.
*Puedes ver el programa completo de Equipo de Investigación 'Grafitis: delito y arte' en atresplayer.