'Está todo inventado'

Mikel Herrán habla de la precariedad de la educación pública en la historia: así nació la expresión "pasar más hambre que un maestro de escuela"

Mientras los profesores se manifiestan en Madrid por mejorar las condiciones de la educación pública, Mikel Herrán recuerda cómo la precariedad en la enseñanza pública ya era una constante hace dos siglos.

Mientras los profesores se manifiestan en Madrid por mejorar las condiciones de la educación pública, Mikel Herrán recuerda cómo la precariedad en la enseñanza pública ya era una constante hace dos siglos.

La huelga educativa en la Comunidad de Madrid ha vuelto a poner el foco en la precariedad de la educación pública, algo que no es algo de este tiempo, sino que tal y como explica Mikel Herrán lleva ocurriendo desde hace mucho tiempo atrás.

La primera vez que se habla de escuelas públicas es en la Constitución de 1812, 'La Pepa', aunque con el regreso de Fernando VII y la vuelta al absolutismo "quedó en nada". En esa época, la educación básica seguía en manos de la Iglesia y para acceder a la universidad hacía falta una educación que no era accesible para todos, ya que tres de cada cuatro españoles eran analfabetos, algo que afectaba sobre todo a las mujeres y las zonas rurales.

Para atajar este problema, se introdujeron reformas que integraban la educación como un derecho, pero no fue hasta 1857 que se aprobó la primera ley de educación integral, la 'ley Moyano'.

Esta ley establecía una enseñanza gratuita y secular, pero con una libertad de enseñanza limitada, porque "lo que se tenía que enseñar lo dictaba el Gobierno".

Educación infrafinanciada y controlada por la Iglesia

A pesar de todo, la educación pública siguió sin ser una prioridad para los gobiernos. De hecho, apunta Mikel, "estaba tan infrafinanciada que en muchos sitios el aula era un establo o un granero y el sueldo de un maestro era tan bajo que tenían que pluriemplearse". De ahí surgió la expresión "pasar más hambre que un maestro de escuela".

En gran parte del país, la educación siguió recayendo en la Iglesia, que "no tenía mucho interés en enseñar los avances de la ciencia, como la teoría de la evolución".

Respecto a por qué existen políticos que quieren desanimar a la educación pública, Mikel cita al presidente del Consejo de Ministros, Juan Bravo Murillo, que lo resumió en una frase: "España no necesita hombres que sepan, sino bueyes que trabajen".

Alternativas laicas para la clase obrera

Afortunadamente, fueron apareciendo alternativas, como los ateneos populares creados por las organizaciones obreras ante la falta de respuesta del Gobierno. Había libertarios, sindicalistas, obreros, anarquistas, casas del pueblo, todos gestionados por los propios trabajadores, bajo el lema de que la cultura y el conocimiento eran un medio para la emancipación del pueblo.

Estos ateneos tomaron ideas de las pocas y laicas escuelas que fueron apareciendo, como la Institución Libre de Enseñanza en Madrid, que años después clausuró el franquismo por no educar desde la piedad cristiana y el amor a la patria.

Otra de estas instituciones fue la Escuela Moderna en Barcelona, fundada en 1901 por Francisco Ferrer Guardia, un pensador republicano y anarquista que, como la Institución Libre de Enseñanza, basó su escuela en la coeducación en vez del castigo, la educación mixta entre niños y niñas y teorías científicas del momento que abogaban por que la enseñanza no estuviera aislada del mundo, sino que animase a los niños a entender la sociedad y sus dinámicas.

Mikel señala que esta escuela era privada, más para las clases medias que para las clases trabajadoras, pero que para compensar la matrícula se adaptaba a los ingresos de los padres. Además, los profesores animaban a los alumnos a interesarse y apoyar el movimiento obrero.

Este tipo de escuela se hizo muy incómoda para la Iglesia y para los que mandaban, así que buscaron excusas para cerrarla. En 1906 hubo un atentado contra Alfonso XIII y su esposa, y como el culpable trabajó cinco años como bibliotecario en esta escuela, fue motivo suficiente para clausurarla.

Ferrer tuvo que huir del país, pero cuando volvió, unos años después, se encontraron otra excusa para quitarle de en medio. Tras el estallido de la Semana Trágica en Barcelona, Ferrer Guardia fue acusado de sedición en un juicio sin fundamento ni pruebas y condenado a muerte. Sus últimas palabras delante del pelotón de fusilamiento fueron: "¡Viva la escuela moderna!".

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