La polémica en torno al hospital de pandemias de la Comunidad de Madrid es una serie de capítulo diario: desde el comienzo, el anuncio de su construcción, hasta los más reciente, la denuncia de la dirección por "sabotajes" y robo de material. Lo que tenía que ser la obra que salvaría al resto de hospitales de la saturación no deja de despertar desconfianza y malestar entre muchos sanitarios y pacientes.

Los trabajadores empiezan a manifestar su hartazgo ante las constantes polémicas en torno al Hospital Enfermera Isabel Zendal y, todo hay que decirlo, por la continua presencia mediática. Eso las pocas voces que hablan. En general existe un silencio mayoritario entre el personal, sobre todo de enfermería. Nadie quiere hacer declaraciones, por cabreo con la situación o por temor a represalias.

¿Sabotaje o fallos típicos de un hospital nuevo?

El colmo ha sido el último episodio sobre el supuesto "sabotaje" causado en el hospital. La dirección del Zendal ha denunciado a la Policía robos y desperfectos causados a lo largo de la semana del 25 de enero. Y al ruido político en torno al hospital no podían faltar las acusaciones. Este mismo jueves, en la Asamblea de Madrid, el sainete se representaba: Isabel Díaz Ayuso acusaba a Más Madrid de estar alentando el boicot y el portavoz popular insistía en los robos mientras sacaba un laringoscopio, uno de los instrumentos que se han denunciado como sustraídos.

Todo este clima ha terminado afectando al personal, que se ve señalado: "Me vine aquí para abrir un hospital y me acusan de boicotear a mis pacientes". Este es el mensaje que ha trasladado una trabajadora del hospital miembro del sindicato CSIT Unión Profesional en uno de los grupos que comparten en la sección sanitaria, y que prefiere mantener el anonimato.

"Parece que el mundo entero tiene la culpa excepto los que lo están gestionando"

Ese hartazgo ha calado también en los sindicatos, los más críticos con el hospital desde el primer día, y que ahora ven cómo acusan a sus afiliados: "Ya está bien de hacer esta campaña contra los sindicatos, parece que el mundo entero tiene la culpa excepto los que lo están gestionando", denuncia Rosa Vicente, secretaria del Área de Sanidad de CSIT.

La situación que describe Vicente, y que le transmiten los trabajadores del hospital con los que está en contacto, va más allá de los desperfectos que denuncia la dirección del hospital. De hecho, de lo que menos se han quejado estos trabajadores es de desperfectos materiales.

Hay cosas "que no funcionan" y "mucho desperfecto", dice, pero son fallos típicos de un hospital que acaba de arrancar, y que se han ido descubriendo según se han abierto nuevas áreas con el aumento de la llegada de pacientes: climatización, agua corriente… pero también problemas en la gestión de los recursos humanos, falta de personal del limpieza o no tener aún habilitado el parking de empleados.

"Hay gente que se marchó voluntaria y que está trabajando agusto"

Todas estas incidencias se han remitido a la dirección del hospital en dos cartas enviadas el 21 de enero y el 1 de febrero, y que CSIT ha facilitado a laSexta. Lo que se ve en ellas es que buena parte de las quejas remitidas son por falta de material o por mala organización que están lejos de la idea de un boicot, como apunta Vicente: "En ningún caso nadie está sospechando que hay sabotaje, sino que son cosas que no se han usado hasta ahora". Sobre los supuestos robos, incidencia que también les había llegado, sostiene que es algo que ha pasado en todos los hospitales.

Es más, este sindicato admite también que muchas de estas incidencias se han ido resolviendo tras haber informado de ello, como por ejemplo la falta material para intubación y técnicas de UCI detectada en un primer momento.

No obstante, Rosa Vicente manifiesta que sí existe un clima polarizado entre el personal, entre los que siguen mostrando su malestar por todos estos fallos, por haber sido trasladados forzosamente, o por lo contrario, no tener ningún problema pero estar continuamente viendo cómo el Zendal solo es protagonista de controversias: "Hay gente que se marchó voluntaria y que está trabajando agusto", concluye.

"Por favor, transmitid que no tengan miedo a ir"

Ni siquiera quienes hablan a favor quieren que se les identifique. No quieren verse mezcladas en tanta controversia y alguna solo pide "que las dejen trabajar". Este es el caso de otra trabajadora del Zendal, enfermera, que transmitió un extenso mensaje a otras compañeras, y que está relacionado de alguna manera con el penúltimo capítulo conflictivo en torno al centro: los pacientes covid que no quieren ir allí y la propuesta de la gerente del Hospital de Alcalá de Henares de sustraerles el móvil y que así las familias no influyan en su decisión.

El Zendal es el hospital de Madrid con más pacientes covid en este momento (428 a 5 de febrero frente a los 236 que tiene el 12 de Octubre, el siguiente en número de pacientes), pero podrían ser más aún. Es cierto, por el relato de los médicos de urgencias, que no pocos pacientes rechazan irse allí y prefieren incluso permanecer en los pasillos a la espera de una cama en planta.

Está claro que la estructura del hospital de pandemias no seduce: pabellones de techos altos que dan un aspecto de nave y la falta de intimidad por los espacios abiertos en los que se comparte "habitación" con varios pacientes no es el lugar más apetecible para ingresar. Posiblemente, las noticias sobre la falta de material o de medicamentos tampoco ayuden; el clima de los sanitarios obligados a marcharse allí a la fuerza, aún menos. O también la presencia de una plantilla muy joven que genera sensación de inexperiencia… Los pacientes tienen derecho a quedarse en su hospital si así quieren, no están obligados a irse. Y así pasa.

Creedme cuando os digo que sí funciona bien, que los pacientes están súper bien atendidos

Pero esta enfermera, que aceptó voluntaria el traslado porque le quedaba cerca de casa y "para ejercer otro tipo de enfermería", ha querido lanzar un mensaje de tranquilidad para pacientes y compañeros: "Creedme cuando os digo que sí funciona bien, que los pacientes están súper bien atendidos y lo que se ha perdido de intimidad por ser así de abierto se ha ganado en seguridad para el paciente que necesita ser atendido de inmediato".

Esta sanitaria admite que "es verdad que ha habido cosas que mejorar", pero que ya se han arreglado, y que le "duele en el alma cuando vienen muertos de miedo por las mierdas que han escuchado". Por eso, en ese mensaje pedía algo a sus compañeras: "Por favor, transmitid que no tengan miedo a ir. Ningún paciente se merece sentir desconfianza por el equipo por el que va a ser atendido".

¿Por qué se oponen tantos sanitarios a ir al Zendal?

La gestión del personal ha sido el principal motivo de malestar entre los sanitarios, desde el momento en el que se supo que el Zendal no tendría plantilla propia y que se sacarían profesionales del resto de hospitales de Madrid.

Cada paso dado en la estrategia de recursos humanos resultaba más polémica: primero ofrecieron la posibilidad de acudir voluntariamente, pero ante la poca respuesta comenzaron los traslados forzosos. La Comunidad recurrió a personal contratado como refuerzo tras el inicio de la pandemia para obligarlos a trasladarse de inmediato al Zendal; quienes no han querido, han tenido que renunciar a su contrato y sufrir una penalización de un año sin contrato en la Comunidad de Madrid.

Este es el caso de Inmaculada Pardo, una enfermera que trabajaba en el Puerta de Hierro de Majadahonda (a 30km del Zendal) hasta este mismo jueves en el que ha tenido que presentar finalmente su renuncia por negarse a ir. Pardo asegura que la avisaron a las 19h del 8 enero para incorporarse al día siguiente a las 8 de la mañana en el nuevo hospital, a 60km de su casa. Después inició una campaña en Change.org, con la que obtuvo más de 95.000 firmas contra los traslados forzosos que ha presentado en la Consejería de Sanidad madrileña.

Además de la distancia, esa gestión del personal fue otro de los motivos para negarse a ir: "No se pueden hacer traslados así aleatorios sin una planificación y con una sanción unilateral". Tampoco le gustaba lo que empezaba a escucharse desde dentro: "Se han notificado cosas como la falta de medicación durante una mañana, yo veo que allí no se cumplen las condiciones necesarias para los pacientes".

Por suerte ya cuenta con un nuevo contrato, aunque también a otros 60 kilómetros de distancia: en unos días empezará a trabajar en el hospital de Ávila. Y con mejores condiciones que las que tenía en Madrid, afirma.

Hay dos enfados, el del que se va forzoso y el del que se queda con sobrecarga de trabajo

No solo los traslados forzosos han generado reticencias a ir al Zendal, sino también la oportunidad profesional, apunta Julián Ezquerra, médico y secretario general de la Asociación de Médicos y Titulados Superiores de Madrid (AMYTS): "Cuando uno se plantea ir a un hospital tradicional, tiene los recursos y las especialidades, y aquí solo ve covid".

Además, los sindicatos aseguran que no se están cubriendo las plazas de los trasladados, lo que añade malestar al ya existente: "Hay dos enfados", dice Ezquerra, "el del que se va forzoso y el del que se queda con sobrecarga de trabajo".

Y no menos importante es el asunto de la distancia. Como le pasó a Inmaculada Pardo, Ezquerra apunta que se ha trasladado a gente de Alcalá de Henares, a 30km de distancia, o de Aranjuez, a casi 60. Pero con la amenaza de la rescisión de contrato, a muchos no les ha quedado otra que aceptar, como a esta enfermera del Zendal que prefiere ocultar su nombre: "No dan opción, si rechazo y prohíben a los demás centros públicos mi contratación tendría que orientarme a la privada".

Desde SATSE, el sindicato de enfermería, denuncian que no se está respetando el acuerdo de bolsa de empleo del Servicio de Salud Madrileño (Sermas), donde los profesionales eligen los centros en los que quieren ser candidatos. Lo habitual es que elijan centros en función de la cercanía a su domicilio o de que dispongan de un medio de transporte accesible y cercano.

Los sindicatos consultados desconocen la cifra de profesionales que han rechazado el traslado, y que por tanto habría perdido la sanidad pública madrileña.

"Al menos que tenga plantilla propia"

Toda la polémica empezó con la propia existencia del hospital. Después de haberse manifestado las carencias de la sanidad madrileña en la primera ola de la pandemia, y de no atender las constantes peticiones de los sanitarios, que pedían más contrataciones, la propuesta del Gobierno de Isabel Díaz Ayuso fue la de construir un hospital de emergencias.

Los cinco sindicatos que forman parte de la mesa sectorial de Sanidad de la Comunidad de Madrid (SATSE, CCOO, AMYTS, CSIT Unión Profesional y UGT) se opusieron desde el principio, como recuerda Julián Ezquerra: "Con ese dinero se podrían haber habilitado las plantas cerradas de otros hospitales, contratado rastreadores o mejorado la atención primaria".

Hacer algo que perjudique a un paciente va contra nuestra naturaleza

Pero una vez hecho, lo que han venido exigiendo es que al menos tuviera plantilla propia, o que se cubrieran los puestos de los trasladados. Pero ni siquiera asoma esa posibilidad entre las promesas del Gobierno de Ayuso.

Desde CSIT, Rosa Vicente insiste en acabar con esta guerra contra los sindicatos. Sus quejas, asegura, no van en la línea de arremeter contra el hospital, sino de arreglar los problemas que ven de primera mano, y reitera: "Intentamos que todo funcione, hacer algo que perjudique a un paciente va contra nuestra naturaleza".