Gibraleón, Lepe e Isla Cristina
41 muertos, una tragedia ferroviaria y demasiadas historias rotas: Huelva intenta asimilar lo ocurrido en Adamuz
La otra cara Mientras continúan las identificaciones por ADN en Córdoba, los municipios onubenses despiden a opositores, profesores y jóvenes que viajaban en el tren siniestrado.

Huelva es la provincia más golpeada porla tragedia ferroviaria en Adamuz (Córdoba). Municipios como Gibraleón, Isla Cristina, Lepe, Aljaraque o Punta Umbría están este martes de luto. 41 personas han muerto y cada una de ellas deja detrás una familia destrozada y una historia truncada.
Entre las víctimas hay parejas, jóvenes opositores y profesores que viajaban a Madrid y que nunca regresaron a casa. Viajes rutinarios, planes sencillos, que acabaron convertidos en una pesadilla.
Una de las historias que más ha conmocionado a Gibraleón es la de José María Martín Guerrero, de 38 años, conocido costalero y muy implicado en las hermandades del municipio. Había viajado a Madrid para pasar el fin de semana con su novia, un regalo de Reyes. Él ha fallecido. Ella permanece ingresada en la UCI.
En el mismo pueblo también ha muerto Eduardo Domínguez, que viajaba a Madrid para presentarse a las oposiciones de funcionario de prisiones. Así lo ha confirmado la alcaldesa de Gibraleón.
A esas mismas oposiciones acudía Ana Martín, que viajaba en el tren junto a su madre, Pepi Sosa. La joven ha recibido numerosas muestras de cariño, entre ellas la del cantante Manuel Carrasco, que ha querido despedirse públicamente de ella.
Entre los pasajeros había también profesores que acompañaban a los opositores. Uno de ellos es Ricardo Chamorro, funcionario, que se levantó a la cafetería del tren instantes antes del accidente. Su hijo ha pedido ayuda para recuperar su teléfono móvil: quieren conservar las fotos que guardaba.
Otro de los docentes fallecidos es Andrés Gallardo, natural de Lepe, donde hoy también se despide a Miriam Alberico, de 27 años.
Especialmente dura es la historia de una familia que viajaba junta. La madre de Fidel iba con sus hijos, su sobrino y su hermano. Todos se han salvado, menos ella.
Mientras tanto, en un centro cívico de Córdoba, decenas de familiares continúan destrozados, atendidos por equipos de psicólogos. Allí se están tomando muestras de ADN para cotejarlas con los cuerpos e identificar a las víctimas.
Quedan por delante días muy complicados, hasta que muchas familias puedan recuperar los cuerpos y dar el último adiós a sus seres queridos. 41 muertos. 41 vidas que no debieron perderse.
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