Tiendas improvisadas
Las playas de Ceuta se convierten en un mercado improvisado: tiendas, cocinas y peluquerías entre los asentamientos
¿Qué ha pasado? Algunos migrantes venden prácticamente de todo: productos de higiene, ropa, bebidas o comida. Hay incluso pequeñas cocinas improvisadas donde preparan alimentos y los intercambian.

Resumen IA supervisado
Las playas de Ceuta se han transformado en refugios para miles de migrantes desde la entrada masiva del 30 de julio. Inicialmente, se establecieron tiendas de campaña y asentamientos improvisados, que luego se extendieron desde la playa del Trampolín hasta la de Benítez. En estos espacios, han surgido pequeños puestos de venta que ofrecen productos de higiene, ropa, comida y servicios como peluquerías ambulantes y puntos de carga para móviles. Esta economía de subsistencia refleja la situación de quienes esperan una solución a su situación. Aunque las autoridades han trasladado a algunos migrantes al nuevo dispositivo en el puerto, los asentamientos en las playas persisten debido a la falta de espacio suficiente. laSexta sigue de cerca esta situación en constante evolución.
* Resumen supervisado por periodistas.
Las playas de Ceuta llevan semanas convertidas en refugio para miles de migrantes que permanecen en la ciudad tras la entrada masiva del pasado 30 de julio. Primero fueron las tiendas de campaña y los asentamientos improvisados. Después, se extendieron de la playa del Trampolín a la de Benítez. Y ahora, entre las construcciones levantadas con cañas, mantas y otros materiales, han comenzado a proliferar también pequeños puestos de venta.
Venden prácticamente de todo. Productos de higiene, ropa, bebidas y comida. Hay incluso pequeñas cocinas improvisadas donde preparan los alimentos y los ofrecen a otros migrantes. "Tres huevos, un euro", ofrece uno de los vendedores. Los puestos no necesitan mucho espacio: una mesa, una manta o directamente los productos colocados sobre la arena. "Barato, todo barato", repite otro de ellos.
Pero no solo hay puestos de comida. En estas playas también han aparecido pequeños puntos con baterías portátiles para cargar los teléfonos móviles y hasta peluquerías ambulantes donde algunos migrantes pueden cortarse el pelo. Es una economía de subsistencia que ha ido creciendo al mismo ritmo que los asentamientos. Personas que llevan semanas viviendo en la calle, sin una fuente estable de ingresos y a la espera de una solución, han empezado a intercambiar o vender parte de los productos que consiguen para poder cubrir sus necesidades básicas.
Las playas, que hace apenas unas semanas eran un lugar de paso o de descanso, se han convertido así en algo mucho más parecido a un asentamiento permanente: un espacio donde dormir, comer, intercambiar productos y organizar la vida cotidiana. La transformación se produce mientras continúa la crisis migratoria abierta tras la entrada masiva de finales de julio.
El pasado viernes, las autoridades trasladaron a parte de los migrantes de estas playas al nuevo dispositivo temporal habilitado en el puerto, con capacidad para 1.700 personas. El espacio quedó completo en pocas horas y quienes no pudieron acceder tuvieron que regresar a los asentamientos. Así, pese a los desalojos y a la apertura de nuevos espacios de acogida, la imagen de las playas sigue cambiando.