Realidades distintas

La cara y la cruz de los migrantes en Ceuta: una cama en el puerto frente a quienes siguen durmiendo sobre la arena

Los detalles Algunos ya duermen en carpas, sobre camastros y literas y cuentan con duchas y tres comidas al día. Eso sí, el campamento todavía no está completamente terminado.

La cara y la cruz de los migrantes en Ceuta: una cama en el puerto frente a quienes siguen durmiendo sobre la arena
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Dos imágenes para una misma crisis. Ceuta, la cara y su cruz. A un lado, los 1.700 migrantes que ya han pasado su primera noche en las nuevas instalaciones habilitadas en el puerto ceutí y al otro, aquellos que continúan en las playas, en asentamientos impovisados, más de un mes y medio después de la entrada masiva del 30 de julio.

Para los primeros, la noche ha sido distinta. Después de semanas sin un lugar estable donde dormir, han podido hacerlo bajo techo y sobre una cama: "He dormido bien y la comida bien", cuenta uno de los migrantes, a lo que otro resume: "Comida bien y baño bien". Es la otra cara de una crisis que todavía está lejos de resolverse, o por lo menos, eso parece.

El nuevo dispositivo del puerto está dividido en dos zonas: Levante y Poniente. En la de Levante se encuentran las instalaciones que acogen a 1.080 personas. Allí los migrantes duermen en carpas, sobre camastros y literas, cuentan con duchas y tres comidas al día. El campamento todavía no está completamente terminado y es que algunas estructuras siguen en construcción y otras, como la destinada al comedor, aún están pendientes de ponerse en funcionamiento. También quedan trabajos por completar en los baños y otras instalaciones.

En la zona de Poniente, la situación es algo diferente ya que hay 40 carpas habilitadas y el espacio está destinado principalmente a mujeres con niños y a personas consideradas especialmente vulnerable. En total, en esta zona pueden alojarse unas 620 personas. Son instalaciones temporales levantadas para intentar aliviar la presión de una ciudad que lleva semanas haciendo frente a una situación extraordinaria. Instalaciones que no tienen capacidad para todos.

Mientras unos han podido dormir ya en una cama, otros siguen durmiendo en la arena. El traslado de este viernes no ha vaciado las playas de Benítez y El Trampolín, donde continúan miles de migrantes. En la primera, los asentamientos no han dejado de crecer y muchos se han desplazado hasta allí por su cercanía a las duchas y al punto donde Cruz Roja reparte comida.

Un realojo caótico

Pero el realojo tampoco ha sido sencillo. Desde primera hora del viernes, Policía Nacional y Guardia Civil comenzaron a agrupar a los migrantes en pequeños grupos para trasladarlos al puerto. La noticia de que se iba a producir el traslado había corrido durante la noche y cientos de personas esperaban conseguir una de las plazas disponibles.

En algunos momentos, la situación se descontroló. Parte de los migrantes echó a correr hacia el puerto al conocer que comenzaba el traslado y los agentes tuvieron que contener a la multitud y reorganizar el acceso para evitar avalanchas.

Y mientras en el puerto comienzan las primeras noches, el futuro de estas instalaciones sigue también en los tribunales. La Audiencia Nacional ha admitido a trámite el recurso presentado por el Sindicato Unificado de Policía (SUP) contra la instalación del campamento. Así, Ceuta vive dos realidades al mismo tiempo: la de quienes han dejado atrás la playa y han podido dormir por primera vez en semanas en una cama y la de quienes siguen esperando, bajo tiendas improvisadas, a que llegue su turno. El puerto se llena. La playa, pese a la marcha de 1.700 personas, todavía lo sigue.

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