Ni El Quijote en plena enajenación habría imaginado que sus gigantes se harían a la mar. Nos hemos acostumbrado a las aspas en movimiento en nuestros paisajes, pero los molinos de viento ya no necesitan fijarse en grandes planicies ni en cordilleras para recoger el movimiento de las corrientes de aire.

Probablemente el genial personaje de Cervantes tampoco habría concebido que los brazos de sus gigantes fueran capaces de producir la misma energía de las tormentas. Pero la eólica ha avanzado mucho en las últimas décadas y todavía hoy se producen avances clave. Por ejemplo, para que los molinos floten con las olas.

En eso consiste la iniciativa catalana X1 WIND: en la construcción de unos molinos marinos capaces de aprovechar todas las oportunidades que ofrecen los océanos.

El prototipo parece el trípode de una cámara. Pero en lugar del objetivo, en la cima se encuentra una turbina con las palas en movimiento. Su estructura elimina la característica torre de los molinos y la sustituye por esta estructura de tres patas que descansan sobre tres pilares. Pero estos solo están amarrados a un único punto de anclaje... y esa es la clave.

Ahora mismo estos avances se encuentran en proceso de desarrollo y para ello se ha puesto en marcha un prototipo: el PivotBuoy, un aerogenerador de treinta metros de altura que va a ponerse en marcha en el banco de ensayos de la puntera Plocan.

Molinos flotantes y autoposicionables

"A diferencia de otras tecnologías desarrolladas de eólica marina, la nuestra se orienta pasivamente", explica a laSexta la ingeniera líder del proyecto PivotBuoy, María Vergés. "Como si fuera un barco, se orienta conforme cambia la dirección la dirección del viento", detalla.

La ventaja de la eólica marina flotante, todavía en desarrollo, es que se puede instalar mucho más lejos de la costa: hasta a 500 metros de profundidad. Esto, aparte de ampliar la superficie donde es posible situar un parque, permite también evitar el impacto visual que suponen los molinos.

El PivotBuoy, cuyas piezas se han fabricado en Santander y ensamblado en Gran Canaria, permitirá recoger el viento de mar adentro, un 50% más que en la superficie, que además es menos turbulento y más constante.

Como si fuera un barco, se orienta conforme cambia la dirección la dirección del viento

María Vergés, sobre PivotBuoy

"Esto es un prototipo a pequeña escala, aunque no lo parezca", sonríe Vergés. "En el futuro, la fabricación a escala comercial permitiría albergar turbinas de entre 140 y 220 metros de diámetro, casi como el Camp Nou", subraya.

Además de la mayor producción de energía verde, los molinos pueden tener un segundo efecto positivo: los 'muertos' de hormigón que lo sujetan no afectan al fondo marino, más bien al revés, puesto que pueden revelarse como zonas ricas en especies marítimas.

Eólica vibrante

Pero los avances no solo se producen mar adentro. Otra de las tareas pendientes de la eólica es acercar la producción a los hogares. Aquí la limitación es lógica: resulta muy difícil plantar un aerogenerador en cualquier jardín, aunque sea de 'apenas' 30 metros.

La solución resultó estar en un puente. "Vi en internet un vídeo del puente Tacoma Narrows (Washington, EEUU) que oscilaba debido a un fenómeno que se suele considerar un problema: la resonancia aeroelástica", explica David Yáñez, el cofundador de Vortex Bladeless. Y donde unos veían trabas, ellos vieron "una oportunidad para desarrollar un nuevo tipo de máquina eólica diferente a las convencionales".

Con la idea de aprovechar la vibración y de crear un aparato lo más sencillo posible surgió el 'molino' sin aspas: una suerte de cilindro de fibra de carbono que se aleja del suelo para recoger velocidades del viento lo más altas posible.

"En vez de dar vueltas, lo que hace es oscilar y vibrar", subraya Yáñez.

Para dar cuenta del resultado han montado un prototipo de 2,75 metros que han instalado en Ávila. "La principal ventaja es su simplicidad: podemos reducir mucho los costes de mantenimiento", resume el cofundador de la compañía.

Los fondos europeos representan el 30% de lo invertido

Rodrigo Rupérez, Vortex Bladeless

Además, su simplicidad también supone acercar la energía a los hogares y, además, diversificar las fuentes. "Quizá tiene sentido que funcione de manera combinada con paneles solares. Quizá esa combinación permita producir una energía más estable, más continua y tener de más calidad", abunda.

Pero si bien estos primeros prototipos son de tamaño reducido, la aspiración es convertir estos cilindros en grandes máquinas capaces de aprovechar al máximo el aire. "Queremos dar un acelerón y fabricar un demostrador de 140 metros de altura en un plazo de dos años", señala el director general, Rodrigo Rupérez.

Talento europeo

Aunqueen la puesta en marcha de ambas iniciativas ha tenido mucho que ver el talento español, la financiación de los fondos europeos ha sido fundamental. Ambas han contado con el 'maná' europeo para innovar y aprovechar todos los recursos naturales para convertir a la Unión Europea en un espacio con cero emisiones netas de carbono.

"Un proyecto como este, que requiere una inversión muy elevada, sería inviable sin un apoyo de las entidades públicas", confirma Vergés.

"Hemos sido muy afortunados, ya que recibimos en 2016 una ayuda dentro del Horizonte 2020 de la UE para realizar prototipos", apunta Rupérez. "Representa el 30% de lo que hemos invertido. Es algo que existe, que está ahí y que muchas veces desconocemos o pensamos que no nos van a dar", dice.

La innovación en energías renovables ha sido una de las constantes para la Comisión Europea y España ha sido también un alumno aventajado. El empujón europeo ha sido clave y, en una década, la eólica ha multiplicado su peso por tres: de ser el 3,9% de lo producido en 2008, a representar en 2018 el 11,3%. Y la solar, que en 2008 era un 0,3%, en 2018 subió hasta el 4,1%.

España ha sido capaz de aprovechar su potencial y, ahora mismo, la eólica es la segunda energía producida en nuestro país, apenas unas décimas por debajo de la nuclear, de acuerdo con los últimos datos de 2020.

Para la Unión Europea un espacio clave es el marino: ya hablamos de su apuesta por las energías azules, las que se consiguen gracias al mar, y precisamente es lo que buscan potenciar.

La eólica marina en alta mar tiene un enorme potencial pero que todavía no está siendo aprovechado debido a las limitaciones técnicas y la falta de desarrollo. Según un informe del Banco Mundial de este año, el potencial técnico global de la eólica offshore es de 71 TW, de la cual el 70% procede de aguas profundas. En España, por ejemplo, apenas representa el 0,001% de la energía generada en nuestro país, de acuerdo con datos de Red Eléctrica de España a laSexta.

Sin embargo, países que cuentan con menor territorio pero mayores posibilidades en costa han desarrollado esta tecnología para que represente gran parte de la energía que se produce en su país. El mejor ejemplo es Dinamarca: el 49% de la generación eléctrica del país viene de la eólica. El 20% del total viene de instalaciones colocadas en alta mar.

El potencial técnico global de la eólica offshore es de 71 TW

Banco Mundial

Para hacerse una idea, apenas el 2% de toda la energía que se produce en la UE viene de este tipo de instalaciones en el mar, según datos de la patronal europea WindEurope.

Pero, a pesar de todo, España fue la segunda potencia de la Unión Europea en generación de energía eólica. Solo superada (aunque con un largo margen) por Alemania. Sí es cierto que, en cuota, nuestro país ocupa el quinto lugar de los Veintisiete.

Con estas dos iniciativas, España pone su granito de arena para impulsar la energía renovable en toda Europa y conseguir el objetivo de recortar al 55% las emisiones de CO2 para 2030. Y los gigantes de El Quijote aquí serán decisivos.