Lucha ideológica

Tener un ejército belicista, sin diversidad y ultra: el objetivo de Pete Hegseth con su purga militar

El contexto Al menos 24 generales y almirantes del Ejército de EEUU han sido apartados o forzados a jubilarse por no estar de acuerdo con las medidas del secretario de Defensa.

Pete Hegseth en una rueda de prensa en la Casa Blanca
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El secretario de Defensa de EEUU, Pete Hegseth, ha hablado este lunes sobre la operación militar para rescatar al piloto derribado en Irán y, de nuevo, ha tirado de retórica bíblica, comparando el rescate con la Pasión y la Resurrección de Cristo.

"Derribado un viernes, Viernes Santo. Escondido en una cueva, en una grieta, el sábado. Y fue rescatado el domingo. Dios es bueno", ha declarado en la Casa Blanca. Así se ha referido a una operación militar, en plena purga dentro del Pentágono, una limpieza del departamento que no tiene precedentes.

Ya se ha llevado por delante a una veintena de altos cargos, incluyendo a generales de cuatro estrellas y el jefe del Estado Mayor, Randy George. Algunos ya le comparan con la depuración de Stalin porque, aunque es normal querer rodearse de gente de confianza, deshacerse de los generales más experimentados con guerras abiertas, es poco habitual.

Sin embargo, su giro no es una sorpresa. Desde que llegó al cargo, proclamó que su objetivo era combatir la guerra ideológica. "[Las Fuerzas Armadas] se habían vuelto 'progres', se acabó", declaró el pasado septiembre en una reunión con los altos mandos militares en la que anunció su intención de restaurar el "más alto estándar masculino" en el Ejército y evitar soldados "gordos" y "barbudos".

Así, Hegseth ha cambiado mandos para lograr un "núcleo duro" inequívocamente seguidista y belicista, e ideológicamente ultra, como él, que opina que "no debería haber mujeres en puestos de combate". Además, ha frenado el ascenso de otros muchos militares por cuestiones de raza, género o filiación política.

"Hemos ascendido a demasiada gente por raza o cuotas de género. La falacia loca de que la diversidad es nuestra fuerza", ha sostenido.

Ya hace casi un año presumía ante el Congreso de despedir "a capricho de su presidente" y precisamente protestar contra esas injerencias le ha costado el puesto al jefe del Estado Mayor. Gracias a los documentos de este último cese, sabemos que al menos 24 generales y almirantes han sido apartados o forzados a jubilarse anticipadamente por no estar de acuerdo, por ejemplo, con los ataques en el Caribe.

También ha ocurrido con altos cargos civiles, pero que son cruciales en la estructura de mando, como el director antiterrorista, Joe Kent, han dimitido al no poder plegarse a los designios de Trump "en conciencia".

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