En plena guerra

No se ha salvado ni el jefe del Estado Mayor: la gran purga militar de Trump que convierte a los disonantes en enemigos

¿Qué está pasando? Desde su vuelta a la Casa Blanca, el presidente de EEUU se ha quitado de en medio a generales "con décadas de experiencia en el Pentágono" para no escuchar voces diferentes a la suya.

La purga militar de Trump
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"El tiempo se acaba". Es lo que ha dicho Donald Trump. Es la nueva amenaza, el nuevo aviso, del presidente de Estados Unidos para Irán. Porque les ha recordado que el ultimátum que les dio para alcanzar un acuerdo o para reabrir Ormuz está a "48 horas de expirar". Porque les ha advertido con "desencadenar el infierno" en caso de que nada suceda. Porque está listo, preparando una ofensiva terrestre sobre el país persa mientras sigue con la purga en su propio Ejército.

Y es que para él no hay amigos. Para él la confianza se marcha tan pronto como llega si es que alguna vez llegó. En plena campaña militar sobre Irán, Trump ha decidido quitarse de en medio a Randy George, jefe del Estado Mayor, un hombre con una dilatada carrera y experiencia en combate tanto en Irak como en Afganistán por, quizá, poder ser una piedra en el zapato en los intereses del republicano en la guerra.

En una en la que dijo que iban a dar "un golpe devastador a Irán en las próximas dos o tres semanas". Ni un par de días pasaron hasta que llegó el cese de George.

"En la administración de Trump, en su segunda intentona por controlar el mundo desde el Despacho Oval, se ha purgado a muchos de los generales disonantes porque decían que su decisiones no eran las adecuadas. Entre ellas, por ejemplo, la de Irán", ha expuesto Manuel Gazapo, doctor en Relaciones Internacionales.

Puede haber sido el caso de George, que tiene en su haber una larga trayectoria y que habría mostrado su oposición a esa invasión terrestre que planea en la mente de Trump y para la que EEUU podría estarse ya preparando.

Eso sí, no ha sido el único en caer. Porque en el tiempo que Trump lleva en la Casa Blanca, Pete Hegseth, su secretario de Defensa, también ha purgado a más gente. Algunos, destituidos; otros, forzados a jubilarse o a renunciar.

"Cuando tú purgas, lo que significa es que no quieres escuchar opiniones disonantes. Hay claramente un divorcio entre lo que dicen los políticos de Washington y los técnicos y militares. Generales con décadas de experiencia en el Pentágono", cuenta Gazapo.

En esta ocasión ha sido Randy George, al que Hegseth llamó el 2 de abril para decirle que se retirara de inmediato. No hubo explicaciones, ni de forma pública ni privada. Una simple llamada telefónica y todo se acabó. Es el 24º general o almirante que el secretario de Defensa de Trump ha destituido.

Es alguien además cuya firma se interpone, o se interponía, entre la intención del presidente y la orden de enviar soldados a través de una playa o de un complejo de túneles. Porque ya hay militares en el terreno. Porque, con el tiempo, más se van a incorporar en Oriente Medio.

El sustituto de George es el subcomandante general Christopher LaNeve que, casualmente, era el principal asesor militar de Hegseth antes de este nombramiento.

Ahora, medios de Estados Unidos sugieren que tras las purgas está también la paranoia de Hegseth, que también teme que Trump pueda relevarle en el cargo.

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