Momento histórico

Sarah Mullally hace historia al convertirse oficialmente en la primera mujer arzobispa de Canterbury

¿Por qué es importante? Mullally se ha convertido en la 106 arzobispa de Canterbury y la primera mujer que ocupa el cargo. Asume el puesto recordando a las víctimas de los fallos en la Iglesia.

Sarah Mullally hace historia al convertirse oficialmente en la primera mujer arzobispa de CanterburySarah Mullally hace historia al convertirse oficialmente en la primera mujer arzobispa de CanterburyAgencia EFE
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Sarah Mullally ha hecho historia al convertirse en la primera mujer nombrada arzobispa de Canterbury, cuna espiritual del cristianismo en Inglaterra, en una ceremonia que quiso resaltar el carácter universal de una comunión que sufre no solo del laicismo, sino del peligro de un cisma por parte de su sector más conservador.

Mullally, de 63 años, se ha mostrado emocionada al recibir el báculo de arzobispa de Canterbury en una ceremonia rica en pompa y boato, en la que los invitados de distintas religiones -de credos cristianos pero también judíos, musulmanes o hindúes, todos varones- han podido ser testigos de la cantidad de dignatarias anglicanas, que en solo 12 años (desde que se introdujo la ordenación sacerdotal de mujeres) han tomado un gran protagonismo.

La arzobispa ha evitado en su sermón cualquier tema polémico, y casi hubo que leer entre líneas para encontrar un llamamiento genérico a la paz "en Oriente Medio y el golfo (Pérsico), en Ucrania, Sudán y Birmania", sin apuntar el dedo hacia nadie.

La ceremonia, pese a pasar de puntillas sobre temas polémicos, ha tenido un marcado carácter cosmopolita, y han podido escucharse cantos africanos en swahili y bemba y una plegaria en urdu. Además, la lectura principal del evangelio la ha hecho en español una obispa mexicana.

La arzobispa Mullally, a la que en varios momentos le ha costado contener las lágrimas, ha subrayado que ella se veía como un instrumento del señor al igual que la virgen María cuando fue visitada por el arcángel, y que ese espíritu guiaría su papado.

Al terminar su entronización y de nuevo al finalizar la ceremonia, Mullally -una mujer que pasó media vida como enfermera antes de su conversión y posterior ordenación-, ha recibido sendas salvas cerradas de aplausos de los asistentes.

Era evidente que eran las mujeres las que más aplaudían en un día de alto significado para ellas y para el futuro de la Iglesia anglicana.

Recuerda a las víctimas de los fallos en la Iglesia

Durante la ceremonia, la primera mujer arzobispa de Canterbury ha tenido también palabras de reconocimiento para las víctimas de "los fallos" dentro de la propia iglesia anglicana.

"Llevamos a las víctimas y supervivientes en nuestros corazones y en nuestras oraciones, y debemos seguir comprometidos con la verdad, la compasión, la justicia y la acción", ha afirmado durante el discurso de investidura en la propia Catedral de Canterbury, a la que han acudido los príncipes de Gales, Guillermo y Catalina.

La persona de mayor rango eclesiástico dentro de la Iglesia de Inglaterra ha insistido en "no pasar por alto ni minimizar el dolor experimentado" por aquellos que han sido "perjudicados" por "las acciones, inacciones o fallos" de quienes pertenecen a las propias iglesias y comunidades. Una cuidada alusión a los casos de pederastia dentro de la Iglesia que, de hecho, costaron el cargo a su predecesor al frente del arzobispado de Canterbury.

"En un mundo ya desgarrado por el conflicto, el sufrimiento y la división, también debemos reconocer el dolor que existe mucho más cerca de casa", ha expuesto, pidiendo rezar por ellos "sin cesar".

Mullally se ha convertido en la 106 arzobispa de Canterbury y la primera mujer que ocupa el cargo. Asume el puesto después de que su antecesor Justin Welby dimitiera en 2024, tras ser fuertemente criticado por su gestión de un caso de abusos. Obispa de Londres desde 2018, anteriormente fue obispa de Crediton en la diócesis de Exeter.

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