Visita a Pekín

Un fanfarrón Trump frente a un sobrio Xi: EEUU y China liman asperezas en una visita pensada para que guste a Trump

Entre líneas Trump ha llegado al gran banquete preparado en su honor llamando "amigo" a Xi, una relación muy distinta a la que tenían hace poco más de un año, cuando estaban inmersos en su gran guerra comercial.

El presidente de China, Xi Jinping, y el presidente de EEUU, Donald Trump, se dan la mano durante el banquete de Estado en el Gran Salón del Pueblo en Pekín, China
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Donald Trump lleva poco más de un día en China y parece haber conseguido su principal objetivo: limar asperezas con Xi Jinping y obtener ayuda en Irán. Los dos mandatarios se han mostrado sorprendentemente 'cercanos' y el gobierno chino, que sabe cómo ganarse la simpatía del republicano, no ha escatimado en agasajos hacia el estadounidense.

Eso sí, pese a la connivencia posterior a su reunión, la imagen que mejor define el encuentro entre Trump y Xi ha sido su saludo inicial. Un acercamiento, pero en el que ambos han mantenido las distancias. El presidente estadounidense ha dado varios golpecitos en la mano y su homólogo chino le ha mantenido el pulso. Cada uno, con su propio estilo: el de las bravuconadas y el de la sobriedad.

Tras su encuentro, Trump ha asegurado en una entrevista en 'Fox News' que Xi le ha ofrecido su ayuda con Irán para reabrir el estrecho de Ormuz, aunque con una condición: que EEUU deje de vender armas a Taiwán.

De momento, no ha trascendido si el republicano ha respondido a esa petición de Xi de frenar la ayuda a Taiwán. Pero quien sí ha respondido es el gobierno de la isla, que ha difundido unas imágenes de ejercicios con fuego real para defenderse de un posible ataque enemigo y de una posible invasión terrestre. Su forma de responder a las advertencias de Xi a Trump.

Halagos mutuos

Los líderes de las dos principales superpotencias mundiales se han acercado este jueves, poniendo así fin (al menos temporalmente) al choque generado por los aranceles mutuos que se lanzaron hace algo más de un año y que se suspendieron posteriormente.

Trump incluso ha invitado a su homólogo, al que ha llamado "amigo", a visitar la Casa Blanca el 24 de septiembre. Por su parte, Xi le ha asegurado que su nacionalismo MAGA es compatible con el desarrollo de China.

Parte de la satisfacción de Trump con su visita al gigante asiático ha sido gracias al despliegue de protocolo y solemnidad lanzado por el gobierno chino. Casi una década después de su último viaje oficial y tras meses de tensiones, China no ha escatimado en nada para recibir al presidente estadounidense, a sabiendas de que a Trump le gusta la pompa.

Primero, llegó el miércoles entre vítores, banderas y decenas de militares. Con una gran ceremonia de bienvenida, Xi le ha mostrado sus respetos, aunque también ha sacado músculo con un pase de revista a los 10.000 soldados presentes en Pekín. Detrás de estos detalles, China ha mostrado cómo tiene un control total sobre su ejército y sobre su pueblo.

Ya en el interior del palacio, ambos se han mostrado más amigos. "La relación entre China y EEUU será mejor que nunca", ha afirmado Trump; "China y EEUU deberían ser socios en lugar de rivales", ha añadido Xi.

El que más se ha deshecho en halagos ha sido Trump, que ha calificado el encuentro como "la mejor cumbre de la historia" y ha reconocido el liderazgo de Xi. "Eres un gran líder. Se lo digo a todo el mundo. Siempre digo la verdad", ha subrayado.

Al llegar a la reunión, también se ha reflejado perfectamente quién manda en los dos países. Al fondo de la sala, las banderas. En medio, una enorme mesa de reuniones y, a cada lado, ambas delegaciones con sus presidentes en el centro. A la izquierda, 13 de la parte china, todos hombres; a la derecha, 11 estadounidesenses, todo hombres. Ni una mujer en la mesa de negociación.

Los detalles de la visita

Las delegaciones han conversado durante dos horas y cuarto, tras las cuales, ha tocado un pequeño descanso. Xi, ha llevado a Trump de turismo por la Ciudad Prohibida y, concretamente, el Templo del Cielo.

En este majestuoso lugar, Trump ha aprovechado para destacar la belleza del país, aunque con su expresión no parecía decir lo mismo. Ya al entrar al gran banquete no podía ocultar su incredulidad con algunos de los detalles. Las mesas estaban adornadas con centros que recreaban estanques, donde los cisnes, bastante desproporcionados, disfrutaban de un buen chapuzón en el mar de plástico.

Les sirvieron entrantes ya preparados y envueltos y flores falsas adornaban el atril. De menú, las delegaciones han degustado langosta con sopa de tomate, costillas y, cómo no, el plato estrella para Trump, pato a la pekinesa. Como en cualquier banquete que se precie, tampoco han faltado los brindis como colofón a un día de absoluta adulación.

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